Mujeres que ya no sufren por amor. Transformando el mito romántico.
“Pero siento que las mujeres tienen mente y tienen alma, no solamente corazón, y tienen ambición y tienen talento, no solamente belleza y estoy harta de escuchar que digan que la mujer solo sirve para el amor. ¡Estoy harta! Pero estoy tan sola.”
(Film Mujercitas, 2019)
1. Para entender hay que leer.
Para entender un fenómeno social e histórico, tendríamos primero que atender a eso: su historia. Los sucesos del mundo contemporáneo se preceden de un largo ir y venir a lo largo de los años, se transforman, cambian, se terminan, se mitifican, se olvidan, etc. Así, a través de miles de años o de un par de años, la historia se construye cada día y cada hecho arrastra esos lapsos que a veces no dimensionamos.
Tal es el caso de la lucha feminista como movimiento histórico: un movimiento que a lo largo de los siglos ha ido evolucionando a la par de la transformación de cada época en el mundo. Aunque parezca sorprendente, las mujeres no siempre tuvimos el derecho de estudiar, de participar de la vida pública de nuestra comunidad, de decidir libremente si queremos casarnos, de vestirnos como nos guste, a recibir el mismo salario que los varones y un largo etcétera que llenaría planas y planas de este texto.
No habría nunca que quitar el dedo del renglón ante esta sentencia: cada uno de estos derechos se ha conquistado a lo largo de la historia. Estas conquistas se han logrado a través de luchas, de exigencias sociales y de la organización de las mujeres para obtenerlos. Ser feminista nunca ha sido una pose, nunca una mujer es tan valiente como cuando se asume feminista e intenta vivir en consecuencia, porque el feminismo revoluciona la vida tanto en la mirada individual, como en la mirada social.
Pero entonces, si en la actualidad las mujeres tenemos todos estos derechos “garantizados” (en realidad la desigualdad de género sigue vigente en muchas partes del mundo y de muchas formas), ¿De qué nos “quejamos” las feministas de hoy día?
Antes de llegar a eso, demos un repaso muy pequeño por las llamadas Olas feministas.
2. Las Olas
Durante la primera Ola feminista, que aconteció principalmente en el siglo XVIII, las mujeres se organizaron para exigir, en primer lugar, el reconocimiento de que eran seres humanos al igual que los varones, quienes consideraron por mucho tiempo que las mujeres no tenían la capacidad de pensar y decidir sobre su vida, es decir, que al quitarles la posibilidad de desarrollarse intelectualmente, negaban su condición humana. Estas mujeres aseguraron que los privilegios no son biológicos, que nacer hombre o mujer no tenía que determinar el destino de nadie; sumado a eso, exigieron que se les permitiera estudiar y obtener derechos básicos en virtud de su humanidad.
La segunda Ola del feminismo representa una gran ruptura con el paradigma masculino que pretendía, todavía, dudar de las capacidades de las mujeres como seres pensantes. Esta Ola se acompaña de muchísimas reflexiones filosóficas que las mujeres expresaron a través de ensayos y novelas que por fin se publicaban. Los derechos conquistados en esta etapa (que comprende los siglos XIX y mitad del XX) consistieron principalmente en la obtención del voto femenino, es decir, las mujeres dejaron de ser consideradas moneda de cambio en términos de política y sociedad, y aparecieron como individuos para participar activamente en la organización de sus comunidades. También se obtuvo del derecho de hacer estudios superiores, el matrimonio dejó de ser obligatorio, y se tuvo mayor libertad respecto al aspecto físico.
La tercera Ola del feminismo abarca toda una revolución en el pensamiento y en la lucha de las mujeres. En esta ola, la multiplicidad del feminismo se hace presente y observamos ya no uno, sino muchos feminismos que hacen trinchera en sus particularidades geográficas y sociales.
A partir de la segunda mitad del siglo XX y hasta hace muy pocos años, la lucha feminista se concentró en muchos frentes, tales como la aparición de políticas públicas que aseguraran la seguridad social e individual de las mujeres. Se popularizó el uso de anticonceptivos, pues el acto sexual dejó de estar atado a la reproducción, se vivía la famosa revolución sexual, en la que el placer de las mujeres empezó a ser explorado de manera abierta. De la misma manera, la idea de que “el amor puede/tiene que durar toda la vida” cayó radicalmente y el divorcio legal empezó a legislarse en diferentes lugares del mundo. Las mujeres no solo eran parte de las discusiones públicas, sino que empezaron a ser elegidas en cargos políticos y sociales.
Esta Ola también estuvo acompañada de muchísimas aportaciones teóricas (muy vigentes) de mujeres, que ayudaron a entender este movimiento pero no sólo eso, sino que además contribuyen a la historia del pensamiento y la interpretación del mundo. Por ejemplo, el desarrollo del concepto patriarcado como una estructura específica con fines específicos, que es el origen de todas las desigualdades en razón de género y que oprime principalmente a las mujeres como sujeto histórico, pero también a los hombres como objeto de los privilegios que abonan esta desigualdad.
3. ¿De qué nos quejamos las feministas de hoy? La Cuarta Ola feminista.
Para algunas personas la tercera Ola feminista no ha terminado, sino que sigue en continuidad pero ha perdido fuerza a través del tiempo y gracias a los derechos de los que las mujeres gozamos ahora. Sin embargo, las nuevas teóricas feministas están poniendo el dedo en otros aspectos de la vida de las mujeres que poco se exploraron en tiempos pasados, es por eso que muchas consideramos que actualmente se está viviendo una Cuarta Ola feminista.
¡¿Pero cómo?! Si ya podemos votar, estudiar y trabajar, ¡¿También nos atrevemos a exigir que no se nos violente de ninguna manera o que no se nos juzgue por nuestra apariencia o nuestro físico, o que nuestras parejas no nos manipulen emocionalmente?! ¡Pero qué barbaridad! ¡¡Estas no son feministas, feministas eran las de antes!!
Pues eso, la discusión que está sobre la mesa actualmente tiene que ver con los afectos, con la forma en cómo el patriarcado se interpone en nuestras relaciones amorosas (con nuestra familia, pareja y/o amigos) y nos convierte en sus princesas esclavas a la espera de nuestro príncipe salvador. También se está dando una batalla fuerte y muy polémica al asumirnos dueñas de nuestros cuerpos, y por ende, dueñas de cada decisión que tenga que ver con él. Vamos por partes.
Algo que se cuestionó poco durante las etapas previas del movimiento feminista, es que la idea del amor romántico nos mantiene atadas a la aprobación de los varones, y en general, a la aprobación de la norma social. Para entender el amor romántico tendríamos que extendernos más en este texto, sin embargo, a grandes rasgos, se trata de una herramienta estructural que mantiene un orden en el que el género femenino tiene que estar en constante sometimiento y deseo de aprobación por parte del mandato masculino, es la idea de que el amor de un hombre completará nuestras vidas. Generalmente se observa en conductas que parecen inocentes pero que representan un maltrato profundo a la salud mental y desarrollo pleno de las mujeres; se trata de violencias silenciosas, que pueden ir creciendo y convertirse en violencia visible: en maltrato físico, económico, emocional y hasta en feminicidio (no vamos a ahondar en los argumentos legales que tipifican el asesinato de mujeres en razón de género como feminicidio).
Al mismo tiempo, los roles asignados a los géneros son sumamente dañinos pues nos predisponen al desarrollarnos en la vida cotidiana con los demás; por ejemplo: que los hombres se nieguen a mostrar vulnerabilidad o que sólo expresen sus emociones en tanto que iracundas, hasta asegurar que las mujeres son tontas porque son sensibles o que “un sentimiento no es un argumento” (la historia de la Filosofía ha estado, desde el principio, llena de tratados dedicados exclusivamente a las emociones y a los sentimientos), expresa claramente cómo se nos asignan roles de conducta según si somos mujeres u hombres.
Y a pesar de que ahora nos podemos vestir como queramos, para las mujeres sigue siendo sumamente complicado expresar nuestra salud física con amor y plenitud, generalmente porque anhelamos alcanzar la idea de belleza que la norma social considera atractiva. Si somos gordas, queremos ser delgadas, si somos flacas, queremos tener más curvas, si no tenemos pechos, si no tenemos trasero, o si tenemos de más. Nunca será suficiente, nunca satisfaremos lo que se nos exige social y amorosamente.
Lo que señala el feminismo de hoy es que nunca tuvimos que llenar las expectativas de nadie, sólo las de nosotras; que desde hace mucho tuvimos que negarnos a ser un producto de consumo para los demás, y que nos debemos respeto primero a nosotras.
Si no queremos ser madres, si no queremos casarnos, si no queremos ser delgadas, si no queremos ser dulces y tiernas, si seguimos dando prioridad a nuestros proyectos personales a pesar de tener pareja, si no aceptamos una opinión no pedida sobre nuestros cuerpos; todo eso es nuestra decisión, solo de nosotras. Y aquí es donde aparecen las Mujeres que ya no sufren por amor.
4. Mujeres que ya no sufren por amor
Coral Herrera es una escritora y comunicadora española que ha puesto la crítica feminista en el tema del amor. Su libro, Mujeres que ya no sufren por amor se ha convertido en un superventas ya que es un título que no solo las feministas están leyendo, sino muchas personas que ya no quieren sufrir por amor o que ya no quieren hacer sufrir por amor.
Hemos escuchado muchas veces que el amor implica sufrimiento y sacrificio, que seremos felices hasta que encontremos a nuestra media naranja, que tenemos que desvivirnos para complacer a nuestra pareja, que los trapos sucios se lavan en casa, etc. Para Coral Herrera esto se trata de “la gran estafa romántica”, la forma tradicional en la que anhelamos el amor pero que está permeada de violencias y trampas que hieren emocionalmente a quienes participamos de esta idea, es decir, a todos.
En Mujeres que ya no sufren por amor, Herrera describe con un lenguaje ameno y paso a paso, cómo esta idea de amor nos ha dañado, sobre todo a las mujeres, y nos ha vuelto inseguras y deseosas de ser amadas, aunque eso implique abandonarnos a nosotras mismas. También explica cómo es que el mito romántico tiene una carga profundamente patriarcal de la que hay que despojarnos, y que funciona como una herramienta del capital para mantener un orden de desigualdad y ensimismamiento en los seres humanos, sobre todo en las mujeres.
Pero la propuesta de la autora es que además de darnos cuenta de esto, también revolucionemos la forma en la que nos relacionamos y que saquemos esa carga patriarcal de nuestras relaciones, pues el patriarcado es el origen mismo de las desigualdades afectivas y de nuestro sufrimiento emocional. Podemos empezar por entender que tener pareja no significa dejar de lado a nuestras amistades, nuestra familia o nuestro trabajo, sino que todas las relaciones, en todos los ámbitos, tienen que ser recíprocas y de cuidado mutuo. De tal forma que, trabajar en la autoestima, en la confianza, en la división de tareas, es negarnos a sufrir y en cambio podemos aprender a poner límites, a comunicarnos, a cuestionar nuestros roles, a fortalecer la consigna de que otras formas de amar son posibles.
Fortalecer los lazos entre mujeres en lugar de alentar la competencia, reivindicar el placer en nuestros cuerpos y poner en la discusión pública los temas del amor ya que “lo personal es político” se han convertido en otras trincheras de la reflexión feminista hoy día, y Coral Herrera lo desglosa y lo alienta en lo que ella llama “las rebeldías del amor”.
Acabar con el patriarcado a través del amor, de la alegría de vivir y de la reciprocidad, es la propuesta de Herrera en Mujeres que ya no sufren por amor, y que continúa en Hombres que ya no hacen sufrir por amor, Cómo disfrutar el amor, y Dueña de mi amor.
Vale la pena, sin duda, empezar a voltear la mirada en nuestra forma de ver los afectos y los cuidados, quizá así empecemos a entender que nos queda todavía mucho camino en la conquista de nuestras libertades.
Daniela Vázquez, 02/2021
(imagen encontrada en internet)















