Es importante comprender que este debate va mucho más allá de la izquierda, la derecha, el centro o cualquier ideología política. Lo que está en juego es algo mucho más grande: nuestros páramos, nuestros ríos, nuestras fuentes hídricas, nuestra flora, nuestra fauna y en general, el futuro ambiental de Colombia.
Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, sigamos abordando temas tan trascendentales desde la polarización y no desde el análisis crítico. El fracking no es una discusión menor ni un simple asunto político; es una decisión que puede tener profundas repercusiones sobre los ecosistemas y los recursos naturales de los que dependen millones de colombianos.
Aquí vale la pena hacer una reflexión profunda. Muchas de las personas que apoyan este tipo de decisiones son las mismas que cada domingo asisten a misa, las mismas que se identifican como cristianas, las mismas que comparten mensajes sobre Dios, cadenas de oración y enseñanzas sobre el amor, la vida y la creación. Entonces, ¿no deberíamos preguntarnos si existe coherencia entre lo que profesamos y las decisiones que respaldamos?
Si creemos que la naturaleza es una creación que debemos cuidar, si hablamos de amor por la vida y responsabilidad con las futuras generaciones, también deberíamos preocuparnos por proteger el agua, los bosques, los páramos y los ecosistemas que sostienen esa vida. La fe no debería limitarse a palabras o publicaciones; también debería reflejarse en nuestras acciones y en las decisiones que apoyamos como ciudadanos.
Y algo muy importante: estoy hablando de biodiversidad, de medio ambiente, de nuestros páramos, de nuestros ríos, de nuestra flora y de nuestra fauna. No estoy hablando de partidos políticos ni de ideologías. Por eso, antes de comentar "izquierda", "derecha", "guerrillera" o responder con stickers políticos, los invito a leer, analizar y comprender el mensaje completo.
El problema es que muchas veces se responde desde la emoción, el prejuicio o el odio, sin siquiera detenerse a entender el tema que se está planteando. Si van a comentar, que sea sobre el contenido y los argumentos expuestos. De lo contrario, no perdamos el tiempo en discusiones que no vienen al caso y que desvían la atención del verdadero problema.
La verdadera discusión no es quién gana una elección o qué ideología se impone. La verdadera discusión es qué país les vamos a dejar a las futuras generaciones, qué agua vamos a beber, qué bosques vamos a conservar y qué biodiversidad seguiremos protegiendo.
Porque cuando desaparecen los ecosistemas, cuando se contaminan los ríos y cuando se destruyen los páramos, las consecuencias no distinguen entre izquierda, derecha, creyentes o no creyentes. Nos afectan a todos por igual.
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