no tenía la forma de nada que había conocido. no se parecía a nada que había sentido antes. no era una amistad (o por lo menos, no como las que suelo tener), no estábamos saliendo, menos que menos un noviazgo. supongo que nos estábamos conociendo, no de esa forma, sino de la forma más simple, más vulgar, más improvisada. teníamos mucho en común, más de lo que creíamos posible, y seguíamos fingiendo que nos asombrábamos, cuando era lo obvio, lo más esperado en las circunstancias dadas. nos íbamos dando pistas para que así sea, casual, espontánea, instintivamente. era lo que queríamos que pase. queríamos tener cosas en común. queríamos entendernos, apoyarnos, querernos, complementarnos. queríamos encontrarle fundamento a nuestra afinidad, queríamos justificar la cercanía. lo gracioso es que cuando dejó de estar la intención, empezamos a darnos cuenta que todo eso que teníamos en común era proporcional a todas nuestras enormes e insanables diferencias. y se fue el interés, y creció la distancia, el desacuerdo, las miradas con bronca y los silencios tensos. el echarnos la culpa, el lavarnos las manos. la respuesta más lógica es que todo eso siempre estuvo, pero lo obviábamos, mirábamos para otro lado, nos mirábamos entre nosotros y nos sorprendíamos de todo lo que compartíamos, como si el turno de lo negativo tocara más adelante. capaz todas las relaciones son un equilibro inevitable, cambian según la importancia que se le dé a las cosas. pero siempre llegan a un punto neutro. capaz lo que las define es dónde estamos parados cuando llega ese equilibrio. ¿arriba? ¿abajo? ¿cerca? ¿lejos? ¿en algún lado o en ninguno? capaz este es nuestro punto neutro, y estamos parados en la nada misma. capaz todo fue una pérdida de tiempo, porque al final llegamos a esto, a la nada, volvimos al principio, con la única diferencia que me dejaste un desastre en la cabeza y que me vas a tener por meses ensuciando páginas con la tinta de mis lapiceras favoritas, pensando cuando todos duermen, hablando en silencio en un idioma que sólo nosotros conocemos, llenando mis vacíos con las palabras que dijiste entre risas y los recuerdos que parecen una película vieja de esas que no me olvido pero tampoco me acuerdo del todo. tengo todo lo que eras y lo que sos rebotando y haciendo eco por todo mi cráneo hasta aturdirme. pero como siempre, el caos es sólo interno, por fuera sigo igual de indescifrable, ininteligible, impenetrable. capaz por eso puedo decir que no cambiaste nada en mí, sino que fuiste una repetición, otro terremoto, se repitió la secuencia otra vez como tantas veces antes. pero al mismo tiempo ya no sé quien era antes de todas nuestras charlas eternas, de nuestra compañía cálida y constante contrastando con el viento frío de la mayoría de las noches, de los nervios inocentes de inexperta y primeriza que me agarraban ocasionalmente y que no eran para nada típicos de mí, de nuestros pocos besos que no logro recordar del todo y -menos todavía- descifrar, de todo eso que me hiciste sentir y que, como siempre, logré reprimir aunque esta vez sin mucho éxito, y que llevaron a que me aleje, ya por costumbre, por tradición. no sé si quiero que vuelvas, que volvamos a estar cerca, más cerca que nunca. no sé si estoy bien así, calma y fría como una piedra. tranquila. supongo que voy a poder responder esta incógnita en unos meses cuando se disuelva un poco la confusión. tendré que seguir revolviendo como se revuelve el azúcar en un té. como vengo revolviendo desde siempre.