La chica del viaje (VIII)
No sería justo responsabilizar a Jenny de todo lo que íbamos a hacer. A esas alturas, yo también quería que el vídeo fuera impactante para Ana. Estaba en modo animal, dejándome llevar por la excitación.
Jenny seguía sentada, desnuda como yo, con la espalda y los brazos inclinados ligeramente hacia atrás, ofreciéndose a mí por completo. En cuanto me tuvo a su alcance, no dudó en pasar su brazo por detrás de mi cuello para acercar mi boca a la suya, al tiempo que mi mano se posaba en su cintura.
No fue un beso como el que pueden darse dos swingers. Fue un beso cálido, sensual, lento y cargado del deseo acumulado durante más de un año de conversaciones entre los dos en Tumblr y una cena llena de tensión sexual.
Nuestras lenguas se entrelazaron sin prisa mientras nuestros cuerpos desnudos se acariciaban, con mi polla creciendo contra su ombligo. Su reacción al sentirla así no fue sino abrazarme también con su otro brazo para atraerme y pegarme totalmente a su cuerpo, sin dejar de besarme en ningún momento.
Saber que mi esposa vería todo lo que estaba pasando no hizo que ninguno de los dos contuviera la pasión de amantes con que nos besábamos. Al contrario, dejé que mi mano bajara en busca de su sexo depilado mientras ella abría un poco más las piernas para facilitarme el acceso… y para que Ana no tuviera ninguna duda de lo que estábamos haciendo allí donde el ángulo no le permitía ver más que el culo desnudo de su marido.
Al rozarla, encontré lo más excitante que podía desear en ese momento: humedad. Mucha humedad. Literalmente, estaba empapada. ¡Antes incluso de que la hubiera rozado! Claramente, Jenny era como yo. Su mayor zona erógena estaba en su mente, en el morbo.
Aprovechando lo fácil que mis dedos se deslizaban por ella, la acaricié haciendo círculos alrededor de la entrada de su vagina, entrando un poco en cada vuelta. No tardó en empezar a mover su pelvis intentando que entraran más adentro, pero yo no tenía prisa. Sin dejar de besarla, uní un segundo dedo. Anular y corazón, juntos, girando ya un poco más rápido sobre su coño. Los primeros gemidos empezaron a salir de su boca, abierta y pegada aún a la mía, recogiendo su lengua para poder respirar sobre mí. Aceleró el movimiento de sus caderas intentando otra vez forzar la entrada de mis dedos. Se lo concedí. De un solo movimiento, el par de dedos entró hasta el fondo, sin la menor dificultad. Ahí los dejé unos segundos, quietos, haciendo que fuera ella quien debiera moverse para sentirlos en su interior, como hizo mientras seguía gimiendo contra mi boca.
Los volví a sacar, lentamente, subiendo ahora hacia su clítoris. Más círculos entorno a él, despacio pero continuo, sin parar.
Separamos nuestras bocas, ella para respirar y jadear mejor. Yo para ver cómo su preciosa cara se descomponía de placer mientras intensificaba los círculos, ahora ya en contacto directo con su botón del éxtasis. Ese momento fue de los dos. Nada importaba más que lo que estábamos sintiendo después de tantos meses deseándonos.
Pero Jenny era como era y tenía claro cuál era su fantasía y que no iba a dejar pasar la oportunidad de hacerla real tal cual la había imaginado tantas veces mientras se masturbaba.
A pesar de que estaba realmente cerca, me detuvo:
— ¡Para! No quiero correrme todavía. Ven, ponte aquí —me dijo mientras me llevaba de la mano hacia donde estaba la cámara, dejándome a poco más de un metro del objetivo.
— Gírate, quiero que lo vea —continuó poniéndome de perfil para que se viera bien mi miembro, totalmente erecto, mientras ella se arrodillaba frente a mí.
— ¿Pero no me dijiste que no querías que se te viera la cara?
— Ya lo editarás de alguna forma —contestó agarrándomela con la mano mientras acercaba sus labios.
Giró levemente la cabeza hacia el objetivo, aguantó ante él unos segundos la mirada y volvió hacia mí, busco el contacto de mis ojos y se la metió en la boca lentamente.














