Nunca me había permitido entrar a un circo de barrio. Despectivamente, lo llamaba “Circo pobre”. Llevaba dos semanas tratándome de convencer a mi mismo que valdría la pena. Siempre tenía una excusa para no ir. Finalmente, tomé la iniciativa, dejé a un lado mis prejuicios e invite a un amigo.
La experiencia sin dudas fue única. Los encargados de la boletería, la venta de las manzanas de caramelo, las crispetas, los empaques de comestibles, etc., son vendedores y artistas. Son ellos y sólo ellos: una mujer de 46 años y su familia, hijos y más hijos, aparentemente sin un esposo que ayude en el ajetreo diario.
Antes de la función, la dueña del circo recoge el dinero, está pendiente de que todo marche bien. Una vez apagan las luces y el espectáculo está a punto de comenzar, se para atenta a un lado de la entrada para la zona VIP. Vigilante, analizando cada acto que viene uno tras otro.
Sus hijos son los que hacen el espectáculo, ellos son el show. Malabares, contorcionismo, equilibrio, un poco de humor, sarcasmo, autobullying y baile. La verdad, la misma rutina de cualquier circo, sólo que aquí lo valioso es su manera de hacerlo, el valor que ellos le dan a cada acto y eso sólo se comprueba yendo.
El final del show es un cliché pero, si alguna vez se encuentra con esté circo, no lo dude entre. Del espectáculo no contaré mucho. Sin embargo, le aseguro que por una hora de su vida será feliz, se reirá y olvidará que es un circo de barrio. El circo de la cuadra.
Vea la galería del circo, antes de la función porque durante ella no dejan hacer registro gráfico.
Durante el día hacen perifoneo en el barrio, invitando a los vecinos a asistir el espectáculo.
Cuando llegan a un nuevo lugar es como una caravana de la alegría.
El ingreso vale 2 mil y 3 mil pesos.
La entrada de 3 mil pesos es la VIP, se puede sentar en sillas plásticas.
La dueña del circo recibe el dinero y boletería.
Gente de los barrios aledaños asisten el show más de dos veces.
Al final de la función, la dueña del circo hace parte del acto final.
Llevan más de 6 años recorriendo la ciudad.
Los ahorros de la familia permitieron empezar este sueño de ser artistas.
Adultos, niños y jóvenes, todos van al circo.
Los jóvenes son el mayor público del circo. Más que los niños.
La fila puede extenderse varios metros, unas 100 personas entran por función.
Es un plan familiar, muchos van con sus hijos, suegra o pareja a ver el show.
La gente en la fila entra con pocas expectativas y sale con las mismas o se sorprende.
El señor del algodón de azúcar, junto con la vidente del circo.
Los asistentes también hacen parte de uno de los actos del circo.
Chavales es porque todos los artistas son “Chavos”.
El escenario es un poco pequeño pero suficiente para todos los actos que hacen.
Las manzanas es lo que más venden en el circo.
La estrella del circo es el mismo que vende los mangos y hace malabares.
El show de equilibrio es el acto central.
El presentador de todos los actos ha estado en eventos internacionales como malabarista invitado.
Las bailarinas son quienes inauguran el show. Después sigue un acto de gimnasia artística.
Si ve este circo en su barrio no dude en ir.
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