CĂłmo crees que voy a escatimar los besos que te voy a dar, si la vida me lo permite, en un millĂłn de cielos mi alma yo te podrĂa dar.
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Quiero contarte algo - CapĂtulo 5
CapĂtulo 5 - Cuando fuimos jĂłvenes
La vida sigue
No, los dĂas que le siguieron no fueron perfectos, fueron normales, la vida siguiĂł y con ella yo tambiĂ©n, es difĂcil de entender cĂłmo puede ser que uno se sienta a morir cuando deja a la persona que le roba el aliento y aĂșn asĂ, la vida deba seguir, sientes que morirĂĄs porque tu corazĂłn no quiere latir si no es cerca a ella o Ă©l, y aĂșn asĂ la vida debe seguir.
No fueron dĂas, no fueron meses, fueron interminables 6 años los que transcurrieron sin poder volver a verla, y por increĂble que parezca, yo pensĂ© haberla olvidado, mis ojos ya veĂan otros ojos, el rostro pĂĄlido de mi niña azul lo cambiĂ© por unos del color rojo que tienen las mejillas de quienes viven en el frĂo de una montaña, ojos negros pero nada profundos, cabellos mĂĄs claros y hasta rubios, que nada tenĂan que me recuerden al dorado que tiene la arena quemada por el sol, y entre esos años, entre tantos rostros, conocĂ a Alejandra.
Una niña linda, de un corazĂłn tan bello, que aĂșn pasados los años puedo contarla como cercana, sus ojos brillaban como el agua al orilla de la playa, un viernes con un cielo despejado, entraba ella en el salĂłn, con su falda de jeans, sandalias color cafĂ© y una blusa de vuelos blancos, tan bonita era que entre tanta gente destacaba, su cabello tan rizado y largo que al caminar parecĂa tener vida y ser feliz, ÂĄquien no lo estarĂa viviendo junto a ella! Me dije cuando la vi, -Alejandra mucho gusto- dijo al entrar al salĂłn de clases, sentĂĄndose junto a mĂ me mirĂł y preguntĂł de dĂłnde provenĂa, -de la costa- respondĂ, ella sonriĂł y nos hicimos muy amigos, conversamos todo el dĂa, todos los dĂas. En esos años los niños no llevĂĄbamos celulares en los bolsillos, asĂ que era a la antigua, llegando del colegio yo la llamaba, a escondidas para que mis padres no me regañen por la cuenta del telĂ©fono, media hora hablĂĄbamos y ella llamaba despuĂ©s, y asĂ la tarde se convertĂa en noche, y en la mañana nuevamente juntos, nos hablĂĄbamos.
Un dĂa, cuando ella faltĂł por enfermedad, su mejor amiga me preguntĂł dijo -si tanto pasan juntos, y tan bien se llevan Âżporque mejor no son novios?- ÂżporquĂ© no? Dije yo, decidido a pedĂrselo, desesperando por hablarle pasĂ© el dĂa sin pensar en nada mĂĄs que en ella, en como pedĂrselo, como me responderĂa, en que era lo que pasarĂa despuĂ©s, y el tiempo pasĂł, y el timbre sonĂł, y yo volĂ© a casa para llamarle y contarle todo lo que habĂa pasado; ella contestĂł y lo hizo con mĂĄs ĂĄnimo del acostumbrado, ÂżserĂĄ que ella tambiĂ©n lo siente? Me preguntĂ©, ÂżserĂĄ que ella sabe lo que le preguntarĂ©? Continuaba pensando, -tengo algo que quiero decirte- me dijo muy emocionada, -dĂmelo por favor- le roguĂ©, el corazĂłn se me querĂa salir, no sabĂa quĂ© hacer, cuando su voz tan bonita me dijo, -soy la novia de JosĂ©-.
ÂżEs necesario decir cuĂĄnto doliĂł? JosĂ© era un extraño, un chico de unos años superiores al nuestro, hijo de la directora de aquel colegio, no era alguien con quien rĂa como conmigo, no conversaba con Ă©l como conmigo, no era ella con Ă©l, como lo era conmigo. Ăl era un extraño para ella, y ella era extraña para mĂ cuando estaba con Ă©l, o quizĂĄ ella era la misma, y mi tristeza era mayor a su encanto desbordante, en fin doliĂł y doliĂł mucho.
Pasaron meses y de a poco nos distanciamos, JosĂ© no era por obvias razones uno amigo cercano, y yo no iba a mantenerme junto a alguien que me doliera, terminamos el año lectivo y dejamos de hablarnos, incluso de vernos. Llegadas las vacaciones recibĂ una llamada suya, debo admitir que la recibĂ con cierta emociĂłn, esperaba que me diga que ya no existĂa JosĂ©, que todo era como antes, que ella habĂa vuelto; pero ÂżcuĂĄndo tendrĂ© lo que yo quiero? Nunca al parecer, su llamada fue corta, bastante contundente, como ese golpe que le da la victoria a un boxeador, -me cambiĂ© de cole- comenzĂł diciendo - ya no nos volveremos a ver- sentenciĂł, bastante orgulloso era yo para pedir mĂĄs informaciĂłn, asĂ que con una voz que no era la mĂa, con palabras que no eran mĂas, dije -suerte- y despuĂ©s de un corto e incomodo silencio ambos cerramos la llamada.
Pero las vacaciones no fueron tan tristes, antes de salir nos comunicaron que tendrĂamos un paseo de fin de año, y como es costumbre en tierras altas, el destino casi siempre es hacia la playa, y ?donde habrĂĄ una mĂĄs bella que la mĂa? Ninguna lo es, no para mĂ. Viajamos juntos hacia mi ciudad soleada como ella sola, dorada como si el sol viviera en ella, para el curso una playa increĂble, para mĂ lo increĂble era volver.
El hotel donde nos hospedamos era muy grande, con esa elegancia y casi solemnidad que tienen los lugares antiguos, amplia era su entrada, caminar por ella significaba ser visto por todos desde lejos, las habitaciones rodeaban las piscinas, a mis amigos les encantaba esto ya que asĂ podrĂan verse desde los balcones, mi habitaciĂłn no, yo no estuve incluido en ningĂșn grupo para compartir cuarto, ya que mis padres me inscribieron tarde como acostumbraban, mi habitaciĂłn separada de todos mis amigos era pequeña, solitaria, casi una covacha, de las primeras que construyĂł el hotel segĂșn me dijeron, para muchos era fea, perfecta para mĂ, la vista daba hacia el mar, hermoso mar de mis desvelos, una escalera que bajaba hasta la playa y una puerta pequeña y sencilla pero que para mĂ era la entrada al paraĂso.
Pase gran parte del tiempo contemplando el mar sentado a la puerta de mi habitaciĂłn, mientras todos disfrutaban el bufete o la piscina, -cuanto te he extrañado- dije entre dientes casi suspirando, horas pasaron mientras el mar parecĂa inmĂłvil frente a mĂ, y yo correspondiendo sin mover un mĂșsculo, como queriendo grabar cada segundo, ya que no sabĂa cuĂĄndo podrĂa volver.
Llegada la noche nos convocaron al gran salĂłn para cenar, yo no tenĂa apuro, asĂ q me tomĂ© mi tiempo, mientras caminaba por los largos pasillos me di cuenta que habĂan alumnos de otros colegios hospedados con nosotros, lo cual no me importaba en realidad, era la playa de mis sueños y era todo lo que yo esperaba, terminando de cenar y ya con mucho sueño busquĂ© el camino hacia mi habitaciĂłn, caminando como quien no quiere llegar a ningĂșn lado y viendo cĂłmo quien no quiere ver nada la encontrĂ© frente a mĂ, eran sus ojos, tan oscuros como un abismo, profundos y enigmĂĄticos, tan encantadores, irresistibles para mĂ, que volvĂ a sentir el misterio que habĂa en ellos, y su piel, ya no era blanca, pĂĄlida como la luz cuando la noche se estrella, era ahora dorada como la arena cuando el sol muere en el atardecer, sus labios morados cambiaron a un rojo tan fuerte que era imposible recordar otro color que no fuera el de sus labios, como el mismo sol los hubiera besado, y el frĂo ya no podĂa alcanzarla, el azul que veĂa en ella ya no estaba, Âżhas visto la majestuosidad de un atardecer? ÂżTe has detenido a contemplarlo? Como si antes de unirse al mar el sol brillara con toda su fuerza, incendiando el azul del cielo, convirtiendo las nubes en brasas, mostrĂĄndole al mundo que el mĂĄs fuerte solo se rendirĂĄ ante su eterna dueña, la mar, en un segundo eterno, sublime, glorioso, un beso eterno, el atardecer; y despuĂ©s al morir el dĂa, aunque puedas escucharle, al mar no lo verĂĄs como antes, por que su sol ya no estĂĄ.
Ella entonces era el sol de ese dĂa, mi mundo ardĂa al verla, solo parada ahĂ, ya no era una niña mi niña, la mujer que tenĂa frente a mi opacaba las luces, todas, incluyendo el sol, cuando decidĂ caminar a su encuentro, cuando decidĂ decirle que la extrañé como si fuera el primer dĂa de mi vida sin ella, despuĂ©s de una vida juntos, de la nada, como esas casualidades que tiene la vida, y justo despuĂ©s de corresponder su esplĂ©ndida sonrisa con un intento mediocre de una sonrisa decente por mi parte, alguien tomĂł su mano.
Quiero contarte algo - CapĂtulo 4
ÂżY si no te vas?
Le jurĂ© que volverĂa.
DĂas despuĂ©s ya me habĂa acostumbrado, el cielo gris no es tan feo una vez que lo aceptas, y si lo pienso detenidamente, hay cierto encanto en el frĂo de la ciudad, sus noches frĂas me impiden olvidar los atardeceres de mi bella ciudad costera, ya que aquĂ el sol se oculta detrĂĄs de la montaña, y majestuosa como lo es, estĂĄ lejos de brindar si quiera un destello medianamente aceptable en el ocaso, y aĂșn asĂ, cuando ya todos duermen, desde mi ventana puedo ver cĂłmo las nubes descienden y cubren toda la ciudad, los edificios desaparecen y las luces las iluminan, como emulando al mar ardiendo al atardecer.
Una mañana mientras desayunĂĄbamos mi padre preguntĂł, -ÂżquiĂ©n va conmigo a la costa?- Ă©l no habĂa terminado de formular su pregunta y yo ya la habĂa respondido, me mirĂł con cierta extrañeza, -vas conmigo entonces- dijo con una solemnidad impropia del momento, o al menos a mi me pareciĂł asĂ.
CuĂĄnta emociĂłn, la verdad hasta ese dĂa varios lunes habĂan pasado ya, pero a mĂ la vida se me habĂa quedado en pausa hasta que la volviera a ver, contĂ© los minutos hasta q abordemos el bus que nos llevarĂa a mi siempre amada ciudad. ÂżTe has dado cuenta que el tiempo es mĂĄs lento, cuando mĂĄs esperas algo? Es la mayor tortura para quien ama con locura, pero todo pasa y el tiempo tambiĂ©n, despuĂ©s de todo un dĂa de agonĂa la noche llegĂł, junto a mi padre abordamos el bus y yo no querĂa esperar mĂĄs (como si pudiera) querĂa estar ahĂ, querĂa sentir el calor de mi tierra, ÂĄmi tierra! Nunca sentĂ ciudad alguna tan mĂa como para llamarla asĂ, pero era mĂa.
Si el tiempo es cruel cuando esperas el sueño lo es mĂĄs cuando lo anhelas, recuerdo estar sentado viendo al techo, rogando tener sueño y asĂ no esperar tanto tiempo, pero me abandonĂł Ă©l,  y pensĂ© tanto en ella, la vivĂ en todas las canciones que escuchĂ©, el desamor del que cantaban ellas me supo tan dulce, suspiraba por cada una de las canciones que escuchĂ©, yo quise cultivar un amor, yo fui un perfecto bandido, yo no supe cĂłmo hacĂa el amor de la nada, yo vivĂ a Cris en todas las canciones que escuchĂ©.
Mil canciones despuĂ©s el frĂo ya no era frĂo, el calor de mi corazĂłn ya se sentĂa en el ambiente, la luna desaparecĂa del cielo mientras lo tornaba en azul, un azul tan oscuro, como ella, como mi bella, como la encantadora Cris de labios azules y ojos negros, cuando de repente un destello dorado se apoderĂł del horizonte, era una bienvenida gloriosa a mi hermosa ciudad, como si el cielo supiera lo que yo buscaba, o a quien, llegamos y el sol ya nadaba en el infinito azul del cielo, las gaviotas volaban en direcciĂłn a la playa, casi sugiriendo que las siga, yo preguntaba con insistencia a mi papa si volverĂamos al colegio, pero Ă©l me dijo que no, que el destino era otro, que Ăbamos al malecĂłn.
Un restaurante era el lugar de reuniĂłn de mi papĂĄ con sus antiguos jefes, mi corazĂłn no podĂa mĂĄs, no sabĂa si estar feliz o llorar, estaba tan cerca! Pero a los diez años quien puede andar solo por la ciudad? Al menos yo no podĂa, quisiera haber sido mayor y salir corriendo a buscarla.
El dĂa seguĂa perfecto, casi puedo decir que me sonreĂa con la  ternura con la que sonreĂmos al primer amor, y mientras el dĂa solo se volvĂa mas perfecto mi esperanza se escapaba como una sombrilla arrastrada por la brisa del mar, fue asĂ como llego la noche, cabe mencionarte que el viaje era de un solo dĂa, y el mismo ya se agotaba, daban las 8 de la noche cuando rompĂ en llanto, sabĂa que no volverĂa, sabĂa que la Ășnica oportunidad que tenĂa se habĂa perdido, entonces mi papĂĄ, quien nunca fue muy generoso, compro un helado de copa y me lo entregĂł, -ya no llores- dijo -siĂ©ntate en el malecĂłn y mira el mar- agregĂł, pensĂ© que no me conocĂa lo suficiente para saber que el mar me hipnotizaba, obediente como solĂa ser, fui a sentarme en el malecĂłn, el helado permanecĂa intacto, ya que Âża quiĂ©n le apetece un helado mientras llora? O al menos intacto lo habĂa dejado yo, cuando volteĂ© a ver habĂa una galleta menos ahĂ, y una gran cucharada faltaba, pronto mis  aguados ojos se tornaron rojos de rabia, ya estaba lo suficientemente fastidiado como para que alguien toque el helado que yo no querĂa como para soportar semejante abuso.
-No puedes estar triste cuando tienes un helado, y si tiene dos galletas... la una se come al inicio y la otra al final- una dulce voz me dijo, mientras volteaba en todas las direcciones buscando al culpable, -pensĂ© que estabas enfermo- continuĂł y yo seguĂa sin saber quien me hablaba, -yo te extrañé- dijo al aparecer frente a mĂ, mi corazĂłn se detuvo y mis ojos brillaron tanto que pudieron haber iluminado esa noche como si fuera el mediodĂa, ÂĄera Cris, era ella! No acertĂ© decir una palabra antes que ella me abrazara tan fuerte como si se aferrara a la vida, yo volaba, no sĂ© cĂłmo pero volaba, mis pies estaban en la arena pero mi corazĂłn estaba tan lejos que el cielo ya no fue una referencia, al mismo tiempo palpitĂł tan fuerte que parecĂa querer salir de mi pecho para vivir en el suyo.
Por primera vez en todo el tiempo que la conocĂ, conversamos por mucho tiempo, reĂmos y naciĂł mi fascinaciĂłn por hacer reĂr a la gente, siento que revivo su sonrisa en la sonrisa de la gente que rĂe por mĂ. El helado terminĂł y sĂłlo quedĂł una galleta en la copa, -es tuya- me dijo viendo fijamente mis ojos, como ordenĂĄndome que la comiera, yo me resistĂ a su encanto aunque hasta hoy me sobrepasa; la tomĂ© de su mano y la devolvĂ a la copa, -ÂżquĂ© haces? Âżya sabes quĂ© hacer? Mi prima me dijo que lo sabrĂamos cuando nos viĂ©ramos a los ojos- dijo mientras mis ojos se perdĂan en el abismo de los suyos, mi mente estaba en blanco, ÂĄbesarla, debo besarla! Me dije mientras que aĂșn temblando de la emociĂłn al tenerla frente a mĂ, poco a poco me fui acercando, como el mar cuando la marea estĂĄ cambiando, el momento no podĂa ser mas propicio, ella cerrĂł sus ojos mientras y yo hice lo mismo, las olas en el fondo rugĂan como cantando con toda su fuerza el himno a la alegrĂa, el viento soplaba de manera complice, casi empujĂĄndome hacia ella, las nubes se desvanecieron y todos los soles que habitaron el cielo esa noche se hicieron presentes, ellos querĂan ser testigos de ese momento, un momento al que no me atrevo a colocar un adjetivo para no serle infiel a la descripciĂłn del mismo.
Mis manos tomaron las suyas, y mi frente se juntĂł a la de ella, la punta de mi nariz rozaba la suya, por mi cuerpo las estrellas volaban de un lado a otro, tan cerca como pude, mis labios temblaban frente a los suyos, -Âży si no te vas?- me preguntĂł, y su aliento silenciĂł al mundo, paralizĂł las olas, apagĂł las estrellas, dispersĂł hasta el Ășltimo grano de arena de la playa, y ahĂ quedamos los dos, de pie ante la nada, porque nada mĂĄs existĂa, era ella y era yo, y yo era suyo porque era ella, -me quedarĂ© toda mi vida- le respondĂ y respirĂ© profundo, tanto que no entrĂł en mĂ ni un poco mas de aire, como si hubiera querido capturar su aliento con mi inspiraciĂłn, con mi mejilla rocĂ© la suya, y aĂșn mi piel recuerda sentirla en mi, y ÂżcĂłmo no? ÂĄsi es imposible olvidar la gloria! Ella besĂł mi frente y dijo: -llĂ©vame asĂ contigo, y asĂ siempre querrĂĄs volver- ÂĄVolver! Pero si yo no querĂa irme, querĂa ser una palmera y estar ahĂ por siempre, querĂa ser el mar y que ella sea mi sol, y que todos los dĂas nos viĂ©ramos al atardecer.
ÂĄNos vamos Cris! GritĂł su padre desde la entrada al restaurante, mi padre observaba desde la ventana muy triste, y mientras el padre de ella se acercaba, Cris estrechĂł mi mano tan fuerte, como si tambiĂ©n quisiera estar conmigo para siempre, al soltarla saliĂł corriendo en direcciĂłn a su padre, quien se acercĂł a mĂ, revolviĂł mi cabello y dijo: -ojalĂĄ y vuelvas, ojalĂĄ y sea a tiempo- y con una sonrisa dio media vuelta y se alejĂł, y con el se llevĂł  a mi niña, -voy a volver- me jurĂ© a mi mismo, jurĂ© por su bello nombre que volverĂa y que serĂa a tiempo.
Esa misma noche emprendimos el viaje de regreso a la ciudad capital, ya no era frĂa, y no lo fue nunca mĂĄs, la ciudad ardĂa, porque al sol me lo traje yo, porque el calor ardĂa en mĂ, y aun cuando lloviera, o aĂșn si hielo caĂa del cielo, el dĂa serĂa perfecto porque yo le jurĂ©, le jurĂ© que volverĂa.
Quiero contarte algo - CapĂtulo 3
Yo no envidio al CapitĂĄn.
El relato de una vida triste.
Ya pasados los años todavĂa viene a mi la misma pregunta, cuando hay un atardecer bonito, no perfecto, porque atardeceres perfectos solo existen en la ciudad donde la conocĂ, o cuando la noche se estrella, y el frĂo se hace presente, como deseando cambiar mi piel morena por un tono mĂĄs pĂĄlido, junto a la luna y su luz, en esos dĂas y tambiĂ©n en esas noches, ÂżpensĂł en mĂ? Âżquizo volver a verme? ÂżdesesperĂł por que el lunes llegara pronto?
El dĂa despuĂ©s de aquel maravilloso, la vida amaneciĂł extraña, como esa duda que nace tan minĂșscula, imperceptible, casi irrelevante, pero ahĂ estaba. Era un amanecer como cualquiera pero distinto como todos, el cielo tan azul como siempre lo fue, y entre las nubes las gaviotas graznaban de una forma extraña; la felicidad inherente en una ciudad como esa, que despierta siempre feliz por ser un paraĂso ese dĂa no estaba, mi madre y mi padre salieron a una reuniĂłn, a cargo de mi hermano vimos televisiĂłn hasta que se hizo de noche, no puedo describir el dĂa, porque extrañamente no recuerdo nada mĂĄs que eso, ya en medio de la oscuridad de la noche mis padres volvieron a casa y nos llamaron a la sala, lo extraño del dĂa se habĂa vuelto tan fuerte, tan denso que podĂas sentirlo en el aire, vamos donde sus abuelos nos dijeron, y aunque esta no fuera una noticia devastadora a mi no me terminaba de convencer, algo mĂĄs estaba pasando, la sonrisa de mi padre ya no estaba, y a mi mamĂĄ nunca la vi tan triste, nunca como aquella vez.
ÂżHas visto dibujos de superhĂ©roes? Âżhas llegado a odiar a un villano por ser tan cruel, aun sabiendo que realmente no existe? Mi madre siempre ha sido una heroĂna para mi, siempre tan paciente, tan tranquila como el mar cuando la marea ha bajado, y tan fuerte y determinada como el mar cuando hay una tormenta, sus ojos siempre me han dado seguridad, sus palabras me han enseñado tanto que no recuerdo algo sin escuchar tambiĂ©n su voz, pero como todo hĂ©roe mi madre tambiĂ©n enfrento a su villano, una enfermedad de esas que no se sabrĂĄ jamĂĄs porque llegan pero ahĂ estĂĄn, debilitando, consumiendo, desgastando, matando.
Era mi madre una mujer robusta, muy fuerte, en su juventud una atleta consumada, basquetbolista, zurda, una gloria de su colegio, siempre ĂĄgil siempre fuerte, una reina en pantalones cortos y zapatos croidon; pequeñita pero con un salto potente. Era difĂcil verla dĂ©bil, como si su poder innato, sumado al sĂșper poder que tienen madres se hubiera desvanecido en el aire, una noche frĂa en una cancha oscura, mientras jugĂĄbamos vi salir sangre de su nariz, sin acusar un golpe o siquiera un roce, su nariz sangraba.
El partido termino ahĂ, regresamos a casa de mis abuelos un sĂĄbado en la noche, un dĂa despuĂ©s del mas maravilloso de los dĂas, yo no recordaba a mi querida Cristina, ni su pĂĄlido brillo azul, ni su hipnĂłtico cabello negro profundo, la mujer mas fuerte del planeta, la que yo amaba sangraba sin razĂłn y yo no podĂa pensar en nada mĂĄs, ella nos convenciĂł de que todo estarĂa bien, que los mĂ©dicos sabrĂan que hacer, mi madre nunca perdiĂł una oportunidad para enseñarnos algo, ahĂ mientras limpiaba su nariz nos decĂa: - deben confiar en la gente, en su trabajo, en su capacidad - y eso hice desde entonces, como un juramento tĂĄcito que me obliga a confiar en que todos pueden hacer un gran trabajo, y q mi fe en las personas no podrĂĄ morir jamĂĄs.
AmaneciĂł el domingo en la ciudad en que nacĂ, que no es la misma de los atardeceres perfectos ni de las gaviotas alegres, ni donde vivĂa mi querida Cristina, y el sol ahĂ, siempre ha sido muy particular, no suele estar descubierto, ni arder con todo su fulgor, pero calienta, si que lo hace y quienes nacimos ahĂ llevamos su fuerza en la piel, un bronce que parece oro, una alegrĂa que parece infinita y una energĂa que contagia a quien se nos junte. Sin embargo no habĂa mucha energĂa, ni mucha alegrĂa, el calor era el acostumbrado, y ante Ă©l mi mamĂĄ nuevamente comenzĂł a sangrar, pero esta vez tambiĂ©n a debilitarse, Ăbamos de camino al mĂ©dico cuando se desmayĂł, podrĂas imaginar el terror que sentĂ? QuerĂa que se levante pronto, que sonrĂa y me diga que todo estaba bien, pero no asĂ como esas cosas que uno desea, esto tampoco pasĂł. Horas mĂĄs tarde en una sala de espera tan aburrida como una clase de matemĂĄticas en la Ășltima hora de un viernes, recibimos la noticia triste, -cancer- dijo el doctor sin mucho mĂĄs que agregar, -que podemos hacer?- pregunto mi padre con un tinte de esperanza muy pequeño en su voz, -claro que la hay, deben mudarse lo mĂĄs pronto posible a un clima mĂĄs frĂo que este- esa fue la sentencia y todos, si dudarlo ni un solo segundo supimos que ese era el adiĂłs a la vida al nivel del mar.
Llegamos a nuestra casa en la playa, el atardecer no era perfecto, pero era esperanzador, si hubiera sabido que no lo verĂa mĂĄs, me habrĂa tomado unos segundos mĂĄs para contemplarlo, como despidiĂ©ndome de Ă©l, empacado todo lo q alcanzĂĄbamos a llevar fuimos rumbo a la capital, un lugar frĂo y muy alto, extraño y silencioso, pero si mi madre ahĂ vivĂa, si ella ahĂ vivĂa, esa serĂa la capital de mi mundo. Por cierto ya era lunes, y en el cielo el azul estaba mĂĄs bien gris, las gaviotas aquĂ no volaron jamĂĄs y su canto ahora solo es un bonito recuerdo que lucho por no olvidar, hacia tanto frĂo que mis labios no podĂan sonreĂr, y al parecer era lo mismo con todos los que aquĂ vivĂan, tan grises, tan frĂos, pero todo era valido, si mi mamĂĄ tenĂa opciones para enfrentar a su villano.
Hay una pelĂcula, en la que un capitĂĄn consigue una cita con el amor de su vida, pero no puede presentarse, y años despuĂ©s ya es demasiado tarde, yo no envidio al capitĂĄn porque yo sĂ© lo que se siente; pasaron muchos años ya, y aĂșn el lunes no ha llegado.
Quiero contarte algo - CapĂtulo 2
Los hermanos mayores saben de esas cosas.
SĂ, le gustas.
MĂĄs sabe el diablo, por viejo que por diablo, dicen, ÂżserĂĄ verdad?, mi hermano no era de esos, Ă©l siempre con la mente en la cancha, encestando todo lo que tenĂa en la mano, jugando entre los grandes (los adultos), y destacando entre todos ellos. Pero, de otras cosas sabĂa muy poco, y para quĂ© saber si me tenia a mĂ, que desde niño fui mĂĄs de libros que deportes, mĂĄs de bloques que balones, yo siempre estuve ahĂ para aclarar sus dudas, y Ă©l para ganar los premios en sus juegos para que me sienta orgulloso.
Una noche, ya estando ambos en cama, recuerdo preguntar, ÂżestĂĄs dormido?, y el me contestĂł que no, entonces continuĂ©, Âżse vale tener una mejor amiga?, Âżuna niña, por quĂ©? Dijo Ă©l, no lo sĂ©, sĂłlo quiero pasar mĂĄs tiempo con ella, conversar y ser amigos, dije, creo que sĂ, no veo cuĂĄl serĂa el problema, me dijo, y preguntĂ© Âży quĂ© le digo a una niña?Â
Ella no es como alguien mĂĄs, su risa es la mas bonita, tanto que me hace sentir feliz, su mirada tiene algo extraño, ya que si tengo suerte y me alcanza, siento que me voy al piso aĂșn sabiendo que sigo de pie, tiene ese tono azul cuando hace frĂo, que me hace querer que azul sea mi ropa, su cabello es tan negro, como el cielo cuando se hace de noche, ÂĄella no es normal! o yo dejo de serlo si ella estĂĄ cerca, y su voz⊠¿haz pensado en la canciĂłn mĂĄs bonita del mundo? ÂżquiĂ©n la compuso? ÂżquĂ© dirĂĄ la letra? ÂżserĂ© feliz? Âżme harĂĄ llorar? AsĂ imagino que serĂĄ su voz, digo, si a penas a lo lejos la he escuchado reĂr, ÂżquĂ© le digo a una niña asĂ?
EsperĂ© e insistĂ en mi pregunta, Ă©l no contestĂł, se habĂa dormido, y yo, abandonado por el sueño, ensayaba en mi cabeza, que decir, cĂłmo hacerlo, pero nada funcionaba, ella me veĂa y yo me helaba.
Pasados los dĂas, jugando con mis amigos, uno de ellos, Samuel, soltĂł esa pregunta de rigor, las de aquellos dĂas en los que el mundo comienza a cambiar para los niños. Âża ti quien te gusta? dijo el cambiando de tema abruptamente, Âżgustar? PreguntĂ© yo bastante confundido, si gustar, ÂĄa todos los niños les debe gustar una niña! Dijo, con la convicciĂłn de alguien que sabe lo que dice, y yo seguĂa sin entender, Âżgustarme su letra? Âżgustarme su ropa? Âżgustarme sus libros? Âżsu nombre?, ÂĄno! GritĂł llevĂĄndose las manos a la cabeza, gustarte estar con ella, hablar con ella, pasar tiempo mĂĄs con ella que cualquiera, ÂĄOh ya entiendo! Dije yo, sonreĂ, algo extraño me pasaba, mi corazĂłn estaba acelerado, mis manos sudando y mi rostro rojo como un atardecer, por alguna extraña razĂłn no dejaba de sonreĂr cuando dije con mucha alegrĂa, ÂĄCristina!
-ÂżMi prima?- preguntĂł con una expresiĂłn en su rostro tan marcada que sĂłlo asĂ logro recordarlo, -asĂ es, Cristina- dije yo, -Âżpor quĂ© ella?- VolviĂł a preguntarme con mayor admiraciĂłn esta vez, yo le dije que no lo sabĂa, y la verdad, hasta hoy no logro saber por quĂ©.
En la ciudad de los atardeceres perfectos, las mujeres desde niñas, llevan la piel dorada por el sol, casi compitiendo con la arena, su cabello suele tornarse amarillo con el tiempo, como si el cielo quisiera que brillen tambiĂ©n en el dĂa las estrellas, pero no, Cristina no era asĂ, cabello tan negro como la noche, y su piel tan pĂĄlida como el azul de luz de luna.
Era distinta, era perfecta, no esperaba que entendieran mis razones, porque asĂ era el Ășnico que podĂa de esa manera verla, ya era mĂa y yo de ella, sin escucharla, sin hablarle, sin tocarla, sin besarle, era suyo porque era ella.
Samuel y yo nos despedimos esa tarde, jurando silencio por lo que ahĂ tratamos, pero ya sabes como es la escuela, y que como el viento los secretos vuelan, llegĂł el dĂa viernes y, a la hora acostumbrada, el colegio estaba vacĂo, yo esperaba como todos los dĂas la salida de mi padre, cuando escuchĂ© la mĂĄs dulce voz que pudiera tener una niña, ÂĄsĂ! Era como esa hermosa melodĂa, se estaba escribiendo mi canciĂłn favorita, era la voz de Cristina.
ÂĄHola! me dijo muy segura, ÂżcĂłmo has estado? Siempre te veo jugando sĂłlo, y ya que aparte de nosotros aquĂ no hay nadie, Âżpor quĂ© no jugamos juntos y asĂ esperamos? Yo seguĂa sin responder, no tenĂa palabras para hacerlo, asentĂ muchas veces con la cabeza, y ella continuĂł, tĂș eres muy amigo de mi primo, y a Ă©l le gusta MarĂa, Âżte lo ha dicho? VolvĂ a asentir, Âży a ti? Âżte gusta alguna niña del colegio? Me preguntĂł mientras su hermoso azul, ese que yo tanto amaba, se perdĂa en su rostro, y se pintaba de un bonito rojo, sobre todo en sus mejillas.
Yo no sĂ© como expresarme cuando estoy nervioso, sĂłlo acostumbro a decir lo que pienso y asĂ es como sale, ÂĄtĂș! Le dije temblando, querĂa correr, tan lejos como mis piernas resistieran, y a la vez quedarme ahĂ por siempre, ser una estatua y hacer eterno el momento de mi declaraciĂłn, sus hermosos y profundos ojos negros me miraron fijamente, y con voz entrecortada y casi en decrescendo, dijo: a mi me gustas tĂș.
Estoy soñando, dije yo, mientras mi corazĂłn no dejaba de acelerar, no entendĂa mucho en el momento asĂ que preguntĂ©, Âży ahora quĂ©? (me encantarĂa decir que sellamos el momento con un dulce beso, de esos que llevan inocencia como el mar lleva sal) ella, manteniendo su mirada en mĂ, dijo: yo no sĂ©, pero puedo preguntarle a mi prima la mayor, (y es que ella sabĂa mucho de novios y relaciones) cuando ella me diga quĂ© hacer, yo te lo dirĂ© a ti, asentĂ nuevamente y ella se fue alejando poco a poco del salĂłn en donde estĂĄbamos, y me dijo muy dulcemente: hasta el lunes.Â
Y yo desde ese momento convertĂ, oficialmente el lunes en mi dĂa favorito de la semana, salĂ del colegio esperando y desesperando, deseando que ese dĂa maravilloso llegue ya.
Los hermanos mayores saben de esas cosas, y si no las inventarĂan, como si por un tĂĄcito acuerdo mundial entre hermanos mayores, hubieran decidido designarnos como sujetos de prueba para todo aquello de lo que no tengan certeza, y en ese contexto me encontraba yo, dependiendo del sabio e inequĂvoco consejo de una adolescente que seguramente estaba tan perdida como yo.
Llegando a casa esa noche, estrellada como ninguna, como intentando un homenaje a la niña por la que me desvelaba, mi madre, como recientemente era costumbre, solicitĂł privacidad para asĂ conversar a solas con mi padre, ambos inquietos, preocupados, tristes, incluso estresados. Los dejĂ© conversar, y lo hicieron durante horas, no comieron ni durmieron, mientras en otra habitaciĂłn, yo no me preocupaba mucho por eso, tenia mi mente en otra galaxia, volaba tan lejos como los suspiros me impulsaban, recuerdo haber soñado despierto cuantos escenarios me permitiĂł mi imaginaciĂłn. ÂĄYo querĂa volverla a ver! Era todo lo que deseaba, yo quise que ese dĂa en el colegio fuera eterno.

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Quiero contarte algo -Â CapĂtulo 1
No fue al atardecer, ni llovĂa ni hubo estrellas esa noche.
El dĂa en que la conocĂ
Pues no, el dĂa que la conocĂ, no hubo nada de eso, ni el sol pintĂł el cielo de rojo antes de su acostumbrada desapariciĂłn en el horizonte, ni la lluvia calmĂł el ardor de la tierra costera, ni las estrellas plagaron el cielo, como si rechazaran la irresistible invitaciĂłn de las olas que mueren en la playa, fue mas bien una tarde muy normal, en un lugar bastante cĂ©ntrico de la ciudad, darĂan las 4 de la tarde quizĂĄ.
Recuerdo estar sentado junto a mi padre en un bus, yendo camino a un colegio que no conocĂa, a reunirnos con una persona que no conocĂa. Cabe decir que para aquellos dĂas, a mis escasos 9 años, ya estaba bastante acostumbrado a ser el nuevo.
Era el nuevo en cada colegio en el que tuve que estudiar, el nuevo en cada ciudad en la que tuve que vivir, sĂ, yo fui el nuevo siempre.
Mis padres eran comerciantes, y cambiaban, por su trabajo, de ciudad cada cierto tiempo, en uno de esos viajes, de los que en secreto siempre renegué, llegamos a una ciudad, tan bonita como un mueble viejo, de esos a los que se les agarra cariño por el simple hecho de haber estado ahà por siempre, como si no hubieran sido nuevos jamås.
Los dĂas ahĂ parecĂan eternos, como si el sol no quisiera ocultarse nunca, y las noches, cĂĄlidas como abrazos de alguien que no quiere que te vayas, ÂĄah! Y allĂ el calor nunca sofocĂł a nadie hasta hoy, porque como si fuera poco, este paraĂso tenĂa vista al mar.
En este hermoso escenario estĂĄbamos mi padre y yo, llegando a ese bendito colegio, hermoso como sĂłlo Ă©ste lo ha sido, o quizĂĄ no, pero por lo que vivĂ en sus pasillos, no hubo uno mas bello para mĂ.Â
Como suelen decir ellos: âlos adultos deben hablarâ me dijeron esa vez, y sentado yo afuera, como un inocente niño (el cual era en aquel entonces) esperĂ© por un par de horas, viendo la cancha que tenĂa frente a mĂ, imaginando que mi hermano jugaba en ella, yo no, yo era bastante malo como para soñar entrar en ella.RecorrĂ con la vista todo el colegio, sin moverme de mi asiento, y lo que veĂa me gustaba mucho, estaba vacĂo pero sentĂa que me hablaba, me invitaba a quedarme en Ă©l, y yo asentĂa con la cabeza, mientras mis ojos alcanzaban a ver a mi padre salir de la oficina principal, con una gran sonrisa (eso era importante para mĂ, ya que siempre fue de los que no sonreĂa mucho), y ahĂ, estrechando la mano de la directora, se despidiĂł comprometiĂ©ndose a llegar temprano el dĂa despuĂ©s de ese.
ÂżserĂĄ mi colegio? Le preguntĂ©, âel nuestroâ, fue lo que me dijo, no quise arruinar el momento preguntando algo mĂĄs, solo sonreĂ y lo hice mucho mĂĄs, era el colegio mĂĄs bonito, y mĂĄs bonita la sonrisa de mi papĂĄ.
De ahĂ en adelante, mi padre en lo suyo, trabajando en su oficina, ahĂ mismo en mi colegio, yo en lo mĂo, estudiando y disfrutando, por primera vez feliz de ser el nuevo, por primera vez no tenĂa miedo, me urgĂa conocer a todos, estaba feliz por usar el uniforme que ellos usaban, el uniforme que llevaba en Ă©l, la sonrisa de mi padre como escudo.
En la tarde, cuando todos se iban a sus casas, yo debĂa esperar a mi padre, quien salĂa horas despuĂ©s, visitando aula tras aula, soñando despierto con el dĂa en el que las tenga que ocupar, cuando pase de cursos, cuando me gradĂșe, cuando estĂ© en el cuadro de honor.Â
Y no, en ese hermoso dĂa, ni el sol pintĂł el cielo de rojo antes de su acostumbrada desapariciĂłn en el horizonte, ni la lluvia calmĂł el ardor de la tierra costera en temporada, ni las estrellas plagaron el cielo, como si rechazaran la irresistible invitaciĂłn de las olas que mueren en la playa, fue mas era una tarde muy normal, en un lugar bastante cĂ©ntrico de la ciudad, darĂan las 4 de la tarde quizĂĄ, cuando la vĂ, eran sus ojos, tan oscuros como un abismo, profundos y enigmĂĄticos, tan encantadores, irresistibles para mĂ, que siempre amĂ© el misterio que habĂa en ellos, y su piel, ni hablar, no era morena, tampoco era dorada como en la playa la arena, era blanca, tan pĂĄlida como la luz cuando la noche se estrella, sus labios morados, como si la muerte los hubiera besado, y cuando el frĂo la alcanzaba, algo azul se veĂa ella y me hipnotizaba.
No atinĂ© a decir todo lo que pude haber dicho, ya sabes, como cuando al pasar los dĂas piensas que pudiste decir o hacer algo mĂĄs, como cuando quisieras volver para hacer de un momento perfecto, algo mejor, ÂĄsi claro, como si eso fuera posible!. Mi boca tan solo pudo decir: ÂżtĂș quiĂ©n eres?, sĂ, quisiera haber dicho algo mejor, pero no pude, âCristinaâ dijo ella, mientras saliĂł corriendo del aula donde jugaba sola, hacia la oficina de su mamĂĄ, la dueña del colegio.
ÂĄEs tan bonita la vida cuando tienes esa edad! Âżno crees? Digo, ella, la hija menor de la dueña del colegio que yo amaba, y bueno yo, yo era el hijo menor del administrador del colegio, Âżque mĂĄs podĂa pedir? ÂĄYo iba a crecer junto a ella! TenĂa la colegiatura entera para conquistarla, para saber quĂ© significaba eso, y despuĂ©s averiguar cĂłmo hacerlo.
Y, como si todo esto fuera poco, al dĂa siguiente, llegando al aula listo para recibir mis clases, volvĂ a verla, tan bella y tan azul como lo fue todos los dĂas, y yo no lo creĂa, como si lo siguiera soñando, ÂĄtambiĂ©n era mi compañera de aula!.
Me conoces, suelo hablar mucho, y asĂ lo fui siempre, pero Cristina, ella no era como yo, era de esas niñas tan misteriosas como la luna, y no solo por su palidez, ÂżquĂ© pasaba con ella cuando no la podĂa ver? ÂżdĂłnde iba cuando mis ojos no veĂan mĂĄs su luz? Su voz casi no podĂa escucharla, a veces, parecĂa que le huĂa a mis oĂdos que la esperaban, como si de mi canciĂłn favorita se tratase, no me hablaba nunca, huĂa de mĂ, yo no lograba entender el por quĂ©.
Ella transformĂł mis dĂas, su luz azul oscurecĂa el sol durante las mañanas, el calor de su sonrisa encendĂa el mediodĂa, y el color rojo de sus mejillas, cada vez que me sorprendĂa contemplĂĄndola, encendĂan el cielo como si del mĂĄs bello atardecer se tratase, el reloj paraba cuando se despedĂa, y al saludarla en la mañana, ahĂ comenzaba el dĂa, para mĂ la noche, era verla correr, y su cabello ondeando en el viento, negro, tan negro como esas noches en las que el sueño te abandona para permitirte pensar en quien tu corazĂłn mĂĄs quiera.
Ya quisiera yo decirte, que fue mĂĄgico el dĂa aquel, que la lluvia nos acompañó, o que el cielo nos brindĂł un espectĂĄculo, pero no, fue una tarde cualquiera, fue un dĂa normal, fue el dĂa mas bello, el dĂa en que sonreĂ por primera vez al verla.
Solo querĂa contarte algo.
Antes de comenzar⊠solo querĂa contarte algo, o mejor preguntarte algo, Âżtuviste un sueño de esosâŠ? SĂ, de esos que son tan dulces que preferirĂas seguir dormido, o de esos que casi no recuerdas lo que viste en ellos, y aun asĂ sabes que si de ti dependiera, lo repetirĂas como si de tu pelĂcula favorita se tratara. AhĂ cuando estas cerca de conseguir ese campeonato mundial, o ahĂ en donde puedes abrazar una vez mĂĄs a esa persona que tanto extrañas y no volverĂĄs a ver jamas, o ese, ÂĄoh ese! Donde te enamoras sin saber nunca su nombre, y al despertar no recuerdas ni su rostro, pero tu corazĂłn aun esta acelerado por haber visto a los ojos a quien querĂa.
Alguna vez tuve uno de esos, y no sé cómo, ni sé por qué, pero de él, solo me queda en la memoria algo imposible de borrar, nunca recordaré qué pasó, nunca recordaré el lugar al que mi mente me llevó en aquel entonces, pero sà que recuerdo aquella hermosa aparición, esa que vi tan claramente, aun con mis ojos cerrados, ¥y cómo no! Si era bella, sà que lo era.
Eran sus ojos, tan oscuros como un abismo, profundos y enigmĂĄticos, tan encantadores, irresistibles para mĂ, que siempre amĂ© el misterio que habĂa en ellos, y su piel, ni hablar, no era morena, tampoco era dorada como en la playa la arena, era blanca, tan pĂĄlida como la luz cuando la noche se estrella, sus labios morados, como si la muerte los hubiera besado, y cuando el frĂo la alcanzaba, algo azul se veĂa ella y me hipnotizaba.
Pero como a todos nos pasa, tuve que despertar, y te juro que intente encontrarla nuevamente en sueños, claro, y aunque no lo logrĂ© nunca, por lo menos la imaginaba, y asĂ fue como el sueño conciliĂ©, durante toda, sĂ toda mi infancia. Esto amiga mĂa, es algo que quise contarte, a ver si despuĂ©s de esto aĂșn quieres saber un poco mĂĄs de mi historia, que quizĂĄ sea parecida a muchas otras, o quizĂĄ te resulten sĂłlo conclusiones obvias, en fin, antes de comenzar⊠sĂłlo querĂa contarte algo.
#Repost @moriderisatv ă»ă»ă» #MoriDeRisaApp #videomememr #moriderisatv
Este video no es mĂo, lo encontrĂ© navegando por Facebook, decidĂ compartirlo por el mensaje... Pertenece a Gloria Alvarez.
La cita de este viernes :) #ViernesDeCitas

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Nosotros! Lo Ășnico que deseo es que fuĂ©semos nosotros... Es horrible estar completamente solo.
Bilbo Baggins (BolsĂłn) - El Hobbit - J. R. Tolkien
Razones pesan para salir con una persona que tenga el buen habito de la lectura.
TV Club Awards:Â Achievement in close-quarters ass-kicking
Marvelâs Daredevil, âCut Manâ
The Marvel Cinematic Universe has featured some outstanding action sequences, but nothing on the big screen has had the character-driven intensity of the single-take hallway fight at the end of Daredevilâs second episode. Featuring 105 different action beats that unfold over the course of three brutal minutes, the fight is the high point of the entire series, captivating with meticulously choreographed violence that informs the deeper personality traits of the central hero. Showing everything in one take accentuates Matt Murdockâs increasing exhaustion as he takes more and more damage from the onslaught of Russian attackers, which spotlights the perseverance and endurance Murdock inherited from his late father. That father-son relationship is at the core of those first two episodes (which would make a damn good origin film), and Mattâs hallway fight strengthens that familial bond with a breathtaking action sequence.Â
See the full list of 2014-15 TV Club Awards at avclub.com
Dare Devil a succesfull serie.
Dejar de hacer publicidad para ahorrar dinero, es como parar un reloj para ahorrar tiempo
Henry Ford
Jajaja hĂĄgame usted el favor!!! Y cierre cuando se vaya :)

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Your broda jajajaja
#JP9