Todo lo humano es lenguaje.
El ser humano no hace más que vivir determinados contextos históricos (lenguaje), identidades (lenguaje), movimientos culturales (lenguaje).
¿Y por qué nos limitamos a decir que todo lo humano es lenguaje? ¿No sería igualmente apropiado decir que la realidad es propiedad del lenguaje?
El lenguaje existe en la medida en la que el ser humano lo usa como herramienta para describir la realidad. Es decir, la realidad existe al margen del relato que el ser humano pueda hacer a partir de ella. Pero es esta descripción de la realidad lo único inteligible para el ser humano, nada más.
Lo que existe es una interpretación del caos molecular y cósmico, a una escala limitada, concreta, e influenciada por los síntomas de la mortalidad animal. Los datos estadísticos y los resultados ensayísticos necesitan también una interpretación. Es así como el cerebro humano se convierte en un simple intérprete, imaginativo y metódico, pero siempre presuponiendo un motivo para la existencia. No existe tal motivo.
La búsqueda de un fin para la inteligencia es una quimera. La inteligencia no puede existir sin encerrar la paradoja de la imperfección, ya que el conflicto proviene de la ineficiencia del cerebro reptiliano, de su incapacidad para concebir una metafísica compuesta.