Tu cuerpo es un altar de fuego,
y yo, devoto, me inclino ante tu piel
para beber de cada secreto escondido
en la humedad de tus labios...
Tus pechos, firmes constelaciones,
me guían en la oscuridad,
y mis manos, temblorosas de ansia,
se pierden en la geografía de tu carne,
explorando cada curva, cada abismo...
se estremece bajo mi lengua,
la música de tu placer...
Cuando tus gemidos rompen el silencio,
la pasión se vuelve tormenta,
y mi cuerpo, naufragio en tu mar,
se hunde sin miedo en tu oleaje ardiente...
eres la furia de la noche hecha mujer,
y yo, prisionero voluntario,
me entrego a la eternidad de tu orgasmo...
En ti la sensualidad se desborda,
y la pasión se convierte en destino:
Un incendio que nunca quiero apagar...