¿por qué hay tendencia a rolear relaciones tóxicas? /
Tu pregunta abre la puerta a un sinfín de respuestas, porque cada cabeza es un mundo y, como dice el dicho, cada loco con su tema. Pero, si hubiera que resumirlo, diría que muchas personas plantean relaciones tóxicas en el rol por razones como estas:
1. Nunca han vivido una relación de esa naturaleza y asumen que interpretarla en un entorno ficticio es una forma segura de explorar una experiencia que, por razones obvias, no desean experimentar en la vida real.
2. Han pasado por una relación tóxica o incluso abusiva en la vida real y el rol se convierte en una manera de procesar, reinterpretar o recuperar cierto sentido de control sobre aquello que vivieron. Para algunos funciona como una forma de catarsis; para otros, simplemente es una manera de enfrentarse a sus propios fantasmas desde la distancia que ofrece la ficción.
3. Les atrae el conflicto narrativo. Una relación sana suele ser más estable y a largo plazo aburrida, por tanto, exige encontrar otros motores para mantener la historia interesante. En cambio, los celos, la obsesión, la dependencia o las luchas de poder generan una tensión constante y, para muchos, esa tensión resulta atractiva desde un punto de vista estrictamente narrativo, no porque la consideren deseable fuera de la ficción.
4. Están inspirados en historias de la vida real. Aunque considero que esta es una de las razones menos comunes, no deja de existir. Algunas personas trasladan al rol situaciones que presenciaron o conocieron de terceros, ya sea por curiosidad narrativa o porque les resulta interesante explorar cómo se desarrollan ese tipo de vínculos desde la ficción.
Lo importante es no asumir que una causa explica a todos los jugadores. Del mismo modo que alguien puede disfrutar escribiendo sobre guerras sin querer vivir una, también puede interesarle escribir una relación destructiva sin desearla en su vida. En otros casos, sí existe un componente de curiosidad, de elaboración emocional o incluso de repetición de experiencias. Depende mucho de la persona y de la función que la ficción cumple para ella.
Por otro lado, si nos vamos a extremos mucho más macabros, tampoco puede descartarse la posibilidad de que existan casos aislados de personas con tendencias profundamente perturbadoras que utilicen los espacios narrativos como un medio para exteriorizar o ensayar sus fantasías. Después de todo, la historia criminal registra casos de asesinos que, antes de cometer sus delitos, plasmaron parte de sus pensamientos, obsesiones o fantasías en diarios, relatos o distintas expresiones creativas.
Ahora bien, conviene no caer en el error de asumir que esa relación funciona a la inversa. Es decir, escribir sobre violencia, abuso o relaciones tóxicas no convierte a alguien en un potencial agresor, del mismo modo que escribir una novela policiaca no convierte a un autor en asesino. La inmensa mayoría de quienes exploran estos temas en la ficción nunca los llevarán a la realidad. Lo verdaderamente preocupante no es el contenido de una historia por sí mismo, sino cuando ese contenido forma parte de un patrón de conducta que también se manifiesta fuera de la ficción.
Si todavía tiramos más de la cuerda en busca de un porqué de esa inclinación, habría que detenernos a observar el tipo de material que consume cada usuario, lo que, en cierto modo, nos devuelve al cuarto punto. Es bastante común que alguien conecte con un personaje tóxico de una película, una novela, un cómic, un manga, un anime, un manhwa o cualquier otra obra de ficción y sienta curiosidad por construir su propia versión de ese arquetipo.
Tal vez encuentra fascinante el conflicto que genera, su psicología o la dinámica que establece con los demás personajes. La ficción lleva siglos alimentándose de figuras moralmente cuestionables precisamente porque suelen ser más complejas e interesantes de analizar que un personaje íntegramente virtuoso. En ese sentido, el rol no hace más que prolongar un fenómeno narrativo que ya existe en prácticamente cualquier medio de entretenimiento.
Pues bien, repito … 😮💨 todavía hay mucho hilo del que tirar. Si nos pusiéramos a diseccionar la narrativa preferencial de cada usuario, así como su perfil psicológico, probablemente encontraríamos decenas de variables que, en mayor o menor medida, influyen en esa inclinación hacia las relaciones tóxicas dentro de la ficción. Sin embargo, entrar en ese terreno implicaría analizar cada caso de forma individual y evitar conclusiones simplistas.
Por ahora, quedémonos con estas posibilidades. No son las únicas, pero representan algunos de los motivos más habituales sin caer en la tentación de reducir un fenómeno tan complejo a una única explicación.
Cito una frase que dijiste: "Lo importante es no asumir que una causa explica a todos los jugadores."
Gracias por venir a responderle a la persona que ha preguntado :)