No sabía porque diablos le había enciado aquellos mensajes, a decir verdad Nina estaba un poco confundida y no entendía que iba a suceder, más lo único que tenía claro era que la forma de descubrirlo era viéndo al jóven otra vez, quería estar cerca de él y le costaba admitírselo a sí misma, pero cada vez que se despertaba, terminaba con el celular en mano, pensando en sí llamar o no.
Luego del evento, no había vuelto a ver a Nik otra vez, y no porque fuera orgullosa, o bueno, quizá sí, pero en realidad, no hacía para aclararse, sabía que el jóven y ella tenían una confianza de muchos años, pero en su rencuentro no habían mantenido solo esa amistad, habían roto las barreras y eso era algo en lo que la castaña pensaba mucho, ¿sería algo de un rato y nada más? porque temerosamente, comenzaba a gustarle, y comenzaba a necesitarle cerca, y no sabía que tan bueno era eso.
Había quedado de ir a su departamento, por lo que luego de dejar a sus sobrinos en la casa de Laf y darse una ducha, tomó las llaves de su coche y condujo hasta allí. Subió el elevador con nerviosismo, golpeandose mentalmente por ser tan tonta, no era una niña, debía dejar de actuar como sí lo fuera. Al llegar al piso, caminó hasta su departamento, donde encontró la puerta entre-abierta, así que se atrevió a entrar, y al ver al jóven algo distraído, se acercó golpeteando su hombro.—¡Boo!— intentó asustarlo, riéndose después, porque seguía actuando como una cría.