PARA RESOLVER LA CRISIS ECONÓMICA
En el actual gabinete alemán, un poco gris y ambiguo, el Dr. Reinhold, ministro de Hacienda, es, después de Stressemann, una figura que ofrece mayor interés y más acusado relieve. A los 32 años ministro de Hacienda de Sajonia. A los 37 años, ministro de Hacienda del Reich. El más joven de todos los ministros que ha tenido hasta ahora la República alemana. Economista y hacendista formado en la
Escuela de la experiencia. En la vida privada, director y propietario de una casa editorial. En la vida política miembro del partido democrático. Orador sobrio, claro, preciso y directo. Entre los ministros de Hacienda que en el mundo ha sido, el caso del Dr. Reinhold debe ser, a buen seguro, único. ¿Se sabe, en efecto, de algún ministro de Hacienda cuyas preocupaciones principales no hayan consistido en reforzar los ingresos y aumentar la recaudación de los impuestos? El Dr. Reinhold tiene, por su parte, la originalidad de operar con métodos distintos. Al día siguiente de ser nombrado ministro de Hacienda declaró, entre el asombro general, que el Estado recaudaba cantidades de dinero excesivas y que, por consiguiente, era necesario reducir los impuestos. Acogidas en un principio estas manifestaciones con el escepticismo de rigor, fue preciso, al poco tiempo, rendirse a la evidencia. Con ejemplar sangre fría, y sin preocuparse poco ni mucho del agradecimiento de los contribuyentes, el Dr. Reinhold introdujo en el capítulo de impuestos una reducción de 600 millones de marcos.
No faltaron, ciertamente, críticos de la nueva política financiera y tributaria. Su autor fue acusado de poner en peligro el equilibrio del presupuesto y, por lo tanto, de comprometer el crédito del Estado cuando apenas acababa de ser restablecido. Pero el Dr. Reinhold mantuvo su punto de vista sin Intimidarse y sin pretender siquiera justificarlo teóricamente. La práctica, los resultados, se encargarían de demostrar, en pocos meses, de que parte estaba la razón.
Y de que parte la razón estaba empieza ya a verse claro. La cifra de los obreros en paro forzoso, total o parcial, que reciben socorro del Estado, ha descendido de 4 400.000 en cifras redondas, nivel máximo alcanzado el día primero de febrero de este año, a 3.400.000 el primero de julio. En cinco meses, un millón de hombres devueltos al trabajo, a la producción; un millón de obreros que en lugar de recibir socorro, pagan impuestos. Esto significa un mejoramiento evidente de la situación económica del país, conseguido sin introducir la menor perturbación en la situación financiera. El equilibrio del presupuesto ha sido mantenido y las reservas resultantes de los superávits obtenidos durante los dos últimos años de tributación excesiva siguen intactas en las arcas del Tesoro. Resultados importantes y tangibles. Nada tiene de extraño, por lo tanto, que la reducción de los impuestos, la disminución de los sin trabajo signifiquen para el ministro de Hacienda un aumento de prestigio técnico y político. La autoridad del Dr. Reinhold, entre los productores alemanes—lo mismo entre los directores de empresa que entre los obreros—es hoy indiscutible.
Hemos solicitado, junto con otros representantes de la Prensa Extranjera, la opinión del ministro de Hacienda sobre los resultados de su política y sobre sus planes. El Dr. Reinhold dio a nuestras preguntas la contestación siguiente:
«Considero que los momentos peores de la crisis económica que Alemania está atravesando pertenecen al pasado. Pero la situación sigue siendo grave. El aligeramiento de las cargas tributarlas—especialmente la supresión del impuesto de lujo—ha permitido reanimarse a un cierto número de industrias. Un millón de obreros que quedaron sin trabajo durante el invierno han vuelto a encontrar ocupación. Pero las cifras del paro forzoso siguen siendo terriblemente elevadas, mayores que en Inglaterra. Ello Indica que la industria, con la sola fuerza de sus propios medios es incapaz de absorber la totalidad de la mano de obra desocupada.
«El problema del paro forzoso es, pues, en nuestro país, como en Inglaterra, el problema central y una vez demostrado que para resolverlo las fuerzas de la economía privada no bastan, la intervención activa del Estado se hace inaplazable, ya que de otro modo la que podríamos llamar intervención pasiva del poder público, a saber, el pago de socorros a los obreros sin trabajo, acabaría por compro meter el equilibrio del presupuesto. Hay que disminuir los socorros y, para poder hacerlo, es preciso crear nuevas oportunidades de trabajo. A este efecto el Gabinete ha acordado, a propuesta mía, la realización inmediata de un vasto plan de obras públicas productivas, plan que se extiende a tres campos de acción principales: ferrocarriles, viviendas y colonización interior. Los ferrocarriles alemanes aplicaban antes de la guerra 700 millones de marcos a nuevas construcciones y adquisiciones de material. ¿Cuánto gastan ahora por el mismo concepto? Menos de cien millones, y por necesario espíritu de economía, la administración ferroviaria ha llegado hasta el extremo de abandonar la construcción de líneas ya empezadas. El Gobierno se halla dispuesto a facilitar los fondos necesarios para que puedan terminarse todas las líneas empezadas, a condición de que les obras se realicen con la máxima rapidez posible. A la edificación de nuevas viviendas destinaremos un crédito extraordinario de 100 millones de marcos, con lo cual se podrá dar trabajo durante un año a 60.000 obreros del ramo de construcción actualmente desocupados y que, por lo tanto, perciben el socorro correspondiente. Siendo de 800 marcos, como promedio, el socorro anual que percibe un obrero calificado, resulta que con procurar trabajo a los 60.000 obreros en cuestión, el Estado ahorrará en un solo año, 48 millones de marcos o sea la mitad del capital invertido. Este ejemplo basta para ilustrar los efectos ruinosos de la política de socorro, en comparación con la de obras públicas productivas que yo propugno. Finalmente un gran número de jornaleros encontrarán trabajo en las obras de colonización interior destinadas a aumentar en breve plazo nuestra producción agrícola» - Eugenio XAMMAR – El Día (Palma de Majorca, España), sábado 30 de julio de 1926, página 1, de la primera a la cuarta columna















