PSILOCYBE SEMPERVIVA
Las babosas y las ratas devoraban con fruición
los hongos, de la variedad antes señalada, pero
solo las mejores partes, las mas dulces y vivaces
y quedaban luego largo rato enroscadas e inertes
y podías hacer con ellas lo que fuera.
Nosotros comíamos el resto de estos misterios
y creíamos, de buena fé, ver el rostro mismo
de la divinidad. Y quizá así era, así fue.
Pero el indio Wiricota al contemplar sereno
toda esa situación, devoró frente a nosotros
con fruición infinita a los animalitos
también antes señalados
y ascendió radiante a los radiantes cielos
ante nuestras propias atónitas narices.
Autor: Juan Carvajal














