chominnie:
“No soy un bebé.” Susurró, su voz entrecortada por el brote de llanto anterior. Lágrimas aún escapaban de sus ojos, pero había logrado calmar los sollozos que invadían su cuerpo. Incluso tenerlo allí era poco, sentía como si su poder no fuera lo suficiente para retenerlo en caso de querer volver a desaparecer como la última vez. Se dio cuenta en ese momento la clara debilidad en su propia persona, de cómo se había permitido crear aquel vínculo tan fuerte que la sola idea de perderlo pudo alterar su control en su poder. Eso no era bueno, no si se trataba de la vida de alguien más, no podía ponerlo en peligro de aquella manera. Intentó traer de nuevo su magia a su cuerpo, que abandonara al contrario para poder restaurarse así mismo, pero le fue extremadamente difícil, alma clavando sus garras en la contraria sin intención de dejarla ir. Caelestis tenía razón, esa clase de actitudes no serían buenas para él, ni para los demás. No podía volver a desconectarse así, pero volvería a pasar, de eso estaba seguro. Terminó por cortar aquel vínculo, atando su propia alma para no permitirle volver a rodear al contrario en su afán de mantenerlo cerca. Físicamente, se alejó con suavidad, frotando sus manos por sus ojos para limpiar las lágrimas derramadas. Lo miró a los ojos y le dedicó una sonrisa algo melancólica, posando su mano sobre la mejilla ajena. “Lo importante es que estás bien.” Susurró, acercando su rostro para poder depositar un beso en el cachete libre, suave y delicado, todo lo contrario a la verdadera naturaleza de Sungmin. “Y si vuelves a desaparecer así, sabré que estás a salvo.”
Claro que no, eres mi bebé. Peleó por dentro, pero dejó ir la posibilidad, considerando en vano corregir lo ya profesado por el contrario. Cada uno tenía sus propias batallas como para incluso agregar una más al baraje. Permitió ese distanciamiento, porque lo creyó temporal. Y así fue, de cierta forma, porque aquella mano en su mejilla lo consideraba como un nuevo puente de conexión. “Por supuesto que estoy bien, no me concedería estar de otra forma”. Colocó su mano contra la ajena, sintiendo la presión en su pómulo mientras sus dedos buscaban recovecos entre los contrarios y estacionarse allí, diez dedos amontonados los unos juntos a los otros. “De todas formas sigo creyendo que --” batió sus pestañas, tomándose un momento para volver a mirarle a los ojos. Fue como si quisiera decirle algo primero de esa forma antes de seguir con lo verbal. Como si fuera algo que él orquestrara sintió con certeza que sus ojos se oscurecían al cabo de segundos, como si quisieran absorber todo del cristalino mirar contrario. “Debemos encontrar una forma de cruzar esa barrera. No sólo porque que puedas conocer mi locación puede considerarse de utilidad, sino porque quien sabe si en un futuro --”. Una vez más tuvo que dejar lo dicho a la mitad. ¿Si en un futuro qué? ¿Estaba a punto de realmente referirse a un posible peligro? ¿Estaba realmente arriesgando la posibilidad de que sus palabras sirvieran como presagio de mal augurio? “Si en un futuro quiera traerte conmigo, hacerte conocer ese otro lado... Lo cual presiento será difícil, pero no imposible, ¿no?” Recobró recién entonces su sonrisa, privado de hacer uso de esta con anterioridad y peligrando por perder aquella característica que le seguía dando cierta seguridad ya que la consideraba como un atributo propio inamovible. “Así que si quieres podemos dejar el tema hasta aquí, por ahora, pero volveré a insistirte en cuanto no me aguante más”.









