F a n t a s m a g o r i a
No habían, ni siquiera, transcurrido dos minutos desde que estaba en aquel lugar y ya estaba enloqueciendo en su interior. Kouki no fue capaz de siquiera ver un alma cerca de él (NO LITERALMENTE) y con mucha anterioridad había recibido un mensaje de texto de Fukuda diciendo que probablemente vería a Kuroko, Kiyoshi-senpai, incluso hasta la coach iba a asistir al evento, pero si era de esa manera, ¿donde diablos estaban todos?, se encontraba solo y en compañía de una neblina fría e iluminado por los decorados que sólo hacían más lúgubre el sitio. Inclusive pensar en la palabra ‘cementerio’ le hacía temblar las rodillas. Vamos, al menos tenía que ver el lado positivo, al final no se trataba de una broma, nadie le tomaría fotos y todo saldría bien… O eso quería pensar.
Furihata era un cobarde y uno grande.
Y como si de esa manera se escondiera de lo que pudiera sucederle, el novato de Seirin acomodó su bufanda color aceituna y la estiró ligeramente hacia arriba hasta cubrir su boca (ojalá pudiera cubrirse el rostro como cuando era pequeño). Decidió entonces que esperaría un minuto más cuando sus oídos captaron un sonido extraño, un leve crujido, como si se tratara de una rama de árbol rota y todo el mundo sabe que es así como comienzan todas las películas de terror, o al menos es como el asesino, o monstruo, o lo que sea que fuese el antagonista, aparece y mata a sus víctimas.
'K-Kuso' maldijo y pensó el de primer año sintiendo sus huesos helarse y tragando saliva. Ni siquiera poseía el control de sus piernas, ¡Ni para eso servía, maldita sea! ojalá pudiera correr y desaparecer pero su cerebro estaba trabajando en exceso a tal punto que no ponía atención a sus extremidades y éstas se quedaron estúpidamente inmóviles.
Furihata moriría sin siquiera haber dado su primer beso. ¿Cuán patético sería eso? Demasiado.
A los pocos segundos, sintió pasos. Pasos. Oh Dios, eso no era su imaginación, se escuchaban fuertes y claros. Su muerte estaba cerca, ya venía por él, ¿por qué no se le confesó a la chica que le gustaba? se lamentaría en el más allá por culpa de su gran cobardía.
Estuvo a punto de desmayarse cuando un peso extra en su hombro provocó que su cuerpo por fin reaccionara y diera un salto en su lugar a causa del susto. Su corazón latía a toda velocidad y Furi lo podía sentir en su garganta, queriendo escaparse de allí. ¡Iba a morir!.
¡Cuánta tortura!, tomando valor, miró sobre su hombro y vio que se trataba de un humano, sin embargo, cuando su mirada ascendió se encontró con el rostro de una persona sonriendo ampliamente. lo que provocó, por supuesto, que emitiera un grito. Corto pero en un tono bastante alto. El asesino sabía su nombre. —¡UWAH! —Esperen. ¿Sabía su nombre? Oh, no. Eso no estaba bien. Esos ojos, ese cabello, la altura, la sonrisa, las pestañas.
De Rakuzan.
Mibuchi. Mibuchi Reo.
Furihata jamás se sintió tan estúpido.
—¡L-Lo siento, lo siento! —Ofreció sus disculpas levantando ambas manos al aire y, seguido, inclinó su cabeza hacia adelante con los ojos cerrados —S-Sí, Furihata Kouki, de Seirin. No fue intención reaccionar así, pensé que no vendría nadie y yo… bueno.. e-eh… —Con un tartamudeo en medio, trató de explicar su situación al recién llegado pero sus esfuerzos se suicidaban y lo dejaban como idiota mientras más hablaba, así que, dejó de intentarlo. —¿Mi-Mibuchi-senpai, verdad? —Volvió a levantar su cabeza y sus labios formaron una tenue sonrisa, en ofrenda a su malentendido, aún así no podía dejar de sentirse como un gallina y sus ojos, de vez en cuando, esquivaban a los contrarios. Un leve rubor tiñó sus blanquecinas mejillas.
Sus cejas se arquearon hacia arriba ante el pequeño saltito que el menor había dado en su sitio, provocando en él una ligera sorpresa y una divertida sonrisa que se ensanchaba en sus facciones.
El viento seguía soplando de manera fría y mecía sus mechones largos de manera suave y los del castaño quien había sido su compañero de prueba esta noche. Aunque la reacción ajena hizo que su rostro se ablandara un tanto y es que se le hacia tan divertido y adorable como vanamente el otro chico intentaba aclarar la situación y disculparse.
-Si Mibuchi...- miro atentamente al joven delante suyo como si estuviera evaluándolo, era de Seirin, y en ese momento recordó su cara, aunque solamente lo había visto una vez en la cancha en un partido anteriormente.
-Pero si gustas puedes llamarme Reo Furihata-kun? - respondió de manera afable y con tranquilidad, el otro no parecía mala persona asi que no había porque enfadarse ni nada, además había llegado antes que el, y eso aunque no muchos lo creyeran para Reo era un punto bastante favorable a destacar.
-Más bien me disculpo por haberte asustado así, te pusiste tan pálido en cuestión de segundos que me preocupe - aclaro inclinándose ligeramente a modo de disculpa, ya para luego girarse y mirar hacia la puerta enrejada del cementerio - Estas listo Furihata-kun? ....Solo hay que a travesar el cementerio, pero me preocupa algo - agrego pensativo a tiempo que miraba de pies a cabeza al menor. El otro parecía una persona bastante nerviosa y susceptible, y que tendía evidentemente al miedo. Aunque el miedo no era malo del todo, ayudaba en muchas ocasiones a fortalecer el sentido de auto preservación.
Así andaba cavilando a tiempo que se tomaba el mentón en un gesto más concentrado que antes, caminando algunos pasos hacia la entrada, como si sopesara las posibilidades de éxito en esta pequeña pero divertida actividad, aunque sus verdaderos motivos estaban fijados en el premio que recibirían los valientes.

















