Keith miró con una suave sonrisa a Lance mientras hablaba de su hermana. Ahora tenía algo de ganas de ver como era el contrario de niño.
Y ese pequeño sonrojo en sus mejillas, no pudo pasarlo por alto. No había mucho en Lance que Keith pasara por alto, desde hace un tiempo, no sabe cuanto, su vista siempre iba a él y cada pequeño detalle que descubría del moreno, movía algo en sus entrañas, a lo que tardó en ponerle nombre.
― Sí, son bastantes. Debe ser bueno tener tanta familia ―
Keith miró sus guantes, que eran de su padre. con ahora una sonrisa nostálgica. Él no tenía mucha gente y a veces envidiaba a Lance por crecer en una familia tan numerosa, que seguro lo amaba y extrañaba.
Seguramente nadie en la tierra lo estaba esperando. No había nadie que lo extrañase allá.
― Bueno, fuimos solo mi padre y yo durante una parte de mi infancia. Como tenía toda su atención, nunca sentí la necesidad de causar problemas. ―
Hasta bueno, cuando él murió y entró al sistema. Ahí causaba problemas, no solo para llamar la atención, sino porque nunca supo bien como lidiar con la pena y la frustración.
― Bueno, cuando conocí a Shiro, le robé el auto. Y lo conducí hasta que me paró la policía y me arrestó. ―