MIS NUEVAS PERSONALIDADES.
PARTE 1.
Toda mi vida estuve acompañado por mis mejores amigos: Ethan, el chico guapo; John, el deportista y capitán del equipo; Taylor, el popular… y luego estaba yo, un chico normal.
Éramos inseparables desde el jardĂn de niños, pero cuando comenzamos la secundaria, las cosas empezaron a cambiar. O mejor dicho, ellos comenzaron a alejarse de mĂ.
DescubrĂ por accidente que se burlaban de mĂ por no ser como ellos: guapo, popular o con un fĂsico atlĂ©tico. La verdad, me sentĂ herido al saberlo, pero fingĂ no haber escuchado nada.
Empecé a evitarlos. Inventaba excusas para no verlos, y asà pasó un mes desde que dejé de juntarme con esos idiotas.
Un domingo, estaba solo en casa haciendo palomitas de maĂz para ver una pelĂcula de mi actor favorito, Henry Cavill, cuando alguien tocĂł el timbre. No esperaba visitas. Se suponĂa que esos idiotas se iban de viaje a California durante toda una semana.
Al abrir la puerta, mi peor pesadilla se hizo realidad.
—¿QuĂ© haces ahĂ parado, Damian? ÂżDĂłnde están tus maletas? Nuestro vuelo sale en dos horas —dijo uno de ellos, con una camisa tipo hawaiana desabrochada para presumir sus abdominales perfectamente marcados. Los otros idiotas tambiĂ©n vestĂan igual.
—No voy a ir con ustedes —respondĂ.
Pude ver cómo sus caras cambiaban drásticamente.
—¿Cómo que no vas a ir? —preguntó John, frunciendo el ceño—. ¡Lo planeamos juntos desde hace meses!
—¡¿Meses?! —reĂ, sarcástico—. ¡¿Desde cuándo ustedes planean algo conmigo?! ¡Solo me usan como el bufĂłn del grupo! Como el "chico normal" que les hace sentir mejor consigo mismos.
Taylor dio un paso al frente, molesto.
—Estás exagerando, Damian. Siempre has sido parte del grupo.
—¿Parte del grupo? ¡Mentira! —gritĂ©, sintiendo cĂłmo la rabia me subĂa por el pecho—. EscuchĂ© todo. Las burlas, las risas a mis espaldas. Que si no soy guapo, que si parezco un bicho raro. ¡Ustedes no son mis amigos!
Ethan intentó acercarse, pero yo retrocedà de golpe. Mi brazo golpeó la repisa del pasillo, donde descansaba una pequeña estatua antigua, un recuerdo de mi abuelo: una figura extraña con forma humana y tentáculos en lugar de piernas.
—¡Damian, cuidado! —gritó John, pero ya era tarde.
La estatua cayó al suelo y se rompió en varios pedazos con un sonido seco, como si algo más que cerámica se hubiese fracturado en el aire.
En ese instante, una brisa frĂa atravesĂł la casa. Todos nos miramos en silencio.
—¿Qué fue eso...? —susurró Taylor, tocándose la frente—. Me siento... raro.
Yo tambiĂ©n lo sentĂ. Un mareo sĂşbito, como si todo a mi alrededor girara en espiral. Ethan se apoyĂł en la pared, y John se tambaleĂł hacia el sofá.
—¿Qué hiciste, Damian...? —preguntó Ethan con la voz temblorosa, mientras la luz de la sala parpadeaba por un segundo—. Esa estatua... eso no era normal...
Mi visiĂłn se volviĂł borrosa. SentĂa como si algo invisible nos estuviera envolviendo. Como si un extraño poder hubiese sido liberado.
Y entonces... todo se volviĂł negro.
Poco a poco empecĂ© a despertar. AĂşn me sentĂa mareado, como si el suelo se moviera bajo mis pies. Todo estaba borroso, y mi cabeza latĂa con fuerza, como si algo dentro de mĂ no encajara del todo.
Mi cuerpo se sentĂa… extraño. Diferente. Como si no fuera mĂo.
Con dificultad me levanté y caminé hacia el baño para intentar recuperar el sentido. Abrà la llave del lavamanos y me eché agua en la cara, pero al hacerlo noté algo raro: mis manos. Eran más grandes, con los dedos largos y fuertes. No eran mis manos.
Me quedé congelado por un segundo, temiendo lo que iba a ver. Levanté la mirada lentamente hacia el espejo.
Y entonces lo vi.
No era mi reflejo.
Era el rostro de John.
RetrocedĂ de golpe, tropezando con la alfombra del baño y cayendo al suelo. El corazĂłn me latĂa con fuerza. IntentĂ© hablar, pero incluso mi voz sonaba distinta. Más grave. Más… como la de Ă©l.
—¿Qué demonios está pasando...? —murmuré, aterrado, escuchando la voz de John salir de mi boca.
CorrĂ de regreso a la sala.
AllĂ estaban todos, tirados en el suelo, todavĂa inconscientes. Ethan, Taylor… y yo. Mi cuerpo, mi verdadero cuerpo, estaba allĂ, acostado como si solo estuviera dormido.
Me acerquĂ© temblando, sin saber si gritar o llorar. Esto no podĂa ser real. Era imposible.
Pero lo era.
De alguna forma, estaba en el cuerpo de John.
Y no tenĂa ni idea de cĂłmo arreglarlo.
La verdad, no sabĂa quĂ© hacer. Mi mente seguĂa girando, intentando encontrarle lĂłgica a lo imposible. RegresĂ© al baño como por instinto, buscando respuestas, o al menos un momento de calma.
AllĂ estaba de nuevo frente al espejo.
No era mi reflejo… pero lo era. Era yo, dentro del cuerpo de John, el capitán del equipo de fĂştbol americano. Alto, fornido, con esos hombros anchos y ese rostro de revista que siempre parecĂa perfecto sin esfuerzo.
Me acerqué más al espejo. Levanté una mano—la de él—y la pasé lentamente por mi rostro, luego por el cuello, hasta detenerla sobre el pecho. El peso, la fuerza… todo era distinto.
No pude evitar bajar la mirada a los abdominales que tanto envidié durante años. Los toqué con curiosidad, con cuidado, como si estuviera tocando algo prohibido.
Era extraño. Excitante. Confuso.
Una mezcla de emociones se apoderĂł de mĂ: asombro, deseo, un poco de vergĂĽenza... y algo más que no supe nombrar. Me dejĂ© llevar por la sensaciĂłn de estar en un cuerpo nuevo, poderoso, atractivo. Por primera vez, sentĂ lo que era ser deseado... incluso por mĂ mismo.
No sĂ© cuánto tiempo estuve allĂ, explorando en silencio, dejando que la sensaciĂłn me envolviera. Era como vivir un secreto, uno que solo yo conocĂa.
Pero en el fondo, sabĂa que esto no podĂa durar. Que algo habĂa cambiado de forma irreversible. Y que cuando los demás despertaran... todo serĂa aĂşn más complicado.














