La noche
Cae la noche. Me despido de mi novio, está cansado y se va a dormir. Me cuelga, y yo me quedo en silencio.
Se escucha el ruido de la calle, mañana es fiesta y los adolescentes han salido a celebrar un día sin clase, sin responsabilidades ni madrugones. Las luces naranjas de las farolas chocan con el blanco hospital de mis lámparas. Apago todo y me voy a mi cuarto.
De camino miro a mi alrededor; los pasillos, los cuartos, las fotos, las flores, los muebles, el polvo acumulado, la culpa, la soledad... Otra vez aquí. Siempre aquí.
Me lavo los dientes con un sentimiento de culpabilidad. No puedo dejar de pensar en lo lejos que tengo todo. Esta casa no es mía, ni la cama en la que duermo, ni el agua ni la luz me pertenecen. El futuro es incierto y yo sigo aquí, nada en esta casa a cambado. Ya la vez todo es distinto, aquí ya no se celebra nada, nadie quiere a nadie, nada significa nada. Solo queda el recuerdo. Atrapado.
Termino y me voy a dormir. Me pongo un vídeo de fondo, llevo haciéndolo años. Sola no me puedo permitir el silencio, y menos cuando cae la noche. Pienso, pienso, sigo pensando, dándole vueltas a todo. Futuro, pasando y presente. Hecho y dejado de hacer. Los síes y los noes.
Vaya, no está sirviendo de nada el video. Me pongo otro, y mientras lloro por la condena que es ser y estar, me duermo.









