No te voy a decir que no te extraño, porque lo hago.
Recostada en mi cama, perdida en la nada, me pongo a pensar que extraño tús besos más que otra cosa, extraño tús manos agarrando mi cara y acercándome a la tuya para sentir nuestros labios unirse, lenguas enredadas, pecho con pecho, corazones agitados y ganas desbordadas.
También pienso en las veces que te abrías conmigo, y desparramabas todo lo que pasaba por tú cabeza, como si tuvieras la urgencia de contarme todo rápido antes de que se te fuera a olvidar, desbordabas tús demonios hasta que se convertían de mi propiedad, aunque no lo fueran, aunque nunca lo iban a ser, pero me espantaban por las noches y atormentaban mi calma sabiendo que tú dormías y despertabas con ellos desde hace mucho tiempo atrás, supongo que desde ahí sabía que todo iba a terminar más pronto de lo que quería aceptar.
Recuerdo tús comentarios espontaneos sobre lo bonita que te parecía, también me gustaban tús preguntas incómodas que a ti se te hacían normal, me gustaba tú curiosidad por saber todo lo que pasaba por mi cabeza, querías entrar en mi mente y conocerme a fondo, supongo que lo lograste, te estacionaste en mi cabeza y decidiste que era un buen lugar para tomar un descanso de la vida, y ahora no hay manera de sacarte de ella.
Me aferro a esas cosas bonitas que repito una y otra vez en mi cabeza como si fuera una película que está trabada en el reproductor, y no hay manera de poderla parar. Me aferro a los recuerdos y a las cosas bonitas que me hiciste sentir, porque fue de lo más intenso que he vivido, algo atesorado que tengo y no quiero dejar ir.
Y después, con el corazón encogido, y mi estómago hecho un nudo, recuerdo por qué no estamos juntos..
Quisiera aferrarme a los sentimientos bonitos, pero si me pongo honesta, no fueron demasiados, y no fueron suficientes para hacer que me quedara, porque tus demonios me atormentaban y tus indecisiones me cansaban. Contigo era despertar con la duda de saber si me seguías queriendo, porque era común que lo hicieras a ratos, de vez en cuando y no seguido, y yo siempre esperando las migajas del amor que prometías era honesto.
Era no saber cuándo volverías a llamar, y sentir un dolor constante por saber que no te importaba que ya había pasado una semana y no te habías preguntado en dónde me encontraba. Es el recuerdo de mi misma, llorando en la terraza porque habías dejado que tus demonios te conquistaran y preferías fallarme a mi, antes que a ellos.
Era sentirme sola, era saber que según teníamos algo, pero te tenía por partes y el amor fragmentado siempre termina clavándose y haciendo daño.
Tengo muchos recuerdos, o quizá no son tantos, pero la mayoría de ellos son grises, la mayoría de ellos me dejan un sabor amargo que quisiera llenarlos con el sabor de tús besos, pero mejor los dejo ahí, estancados, prefiero dejar esa laguna de recuerdos encerrados en algún parte de mi cerebro.
Y decido abondonarlos, así como decidí abandonarte a ti también, porque si te quería, te quiero, te extraño, lo hago, a veces siento que el sentimiento nunca va a pasar, pero de pronto me veo en el espejo y me gusta ver que la persona que me regresa la mirada me ama más que nunca. Y me gusta saberme fuerte y contenta de no aceptar y conformarse con migajas.
Me gusta escuchar mi risa cuando estoy sola y algo me parece gracioso y me conozco más feliz sin ti, aunque duelas, aunque hayas marcado, me gusta haber reemplazado un amor muy pobre con uno muy grande que no tuve que buscar en otros, porque ya existía dentro de mi.
Y me trago tu recuerdo, y me fumo un cigarro, y cuando pienso en el amor que te di y que no supiste valorar, recuerdo que tengo más amor para dar, y entonces extrañarte ya no parece tan malo.