Encarnación (8/06/2020)
Yo era solo una niña pequeña, y tú eras solo un niño un poco más grande que yo.
Te vi por primera vez jugando en patio, o tal vez era en el salón. No recuerdo haberte hablado, solo recuerdo haberte visto y mi inmensa timidez al estar junto a otras a tu alrededor.
Te vi nuevamente muchos años después, yo seguía siendo niña pero tú ya no tanto. Te vi mucho más seguido pero no lograba acostumbrarme a esta sensación que me producías. La timidez ya no era solo timidez, era una vergüenza aterradora, era la primera vez que me daba cuenta que alguien me gustaba. No se si la primera…. Pero si la primera en contarlo a alguien. No a ti, por supuesto, eso jamás lo conseguiría. No con esta versión por lo menos.
Cuando te encontré por tercera vez te hallabas a demasiados kilómetros de mi. Ya no te podía ver; y tal vez eso mismo me permitió no sentir tanta vergüenza y conversar contigo, discutir contigo, filosofar contigo… entregarte mi confianza, mis sueños, mis ideas, mis emociones, y mi verdad… y amé contigo, y sufrí contigo, y lloré contigo. Pero nunca te vi.
Te volví a ver no tanto tiempo después. Yo creía que ya no era tan tímida y que podía enfrentarme al mundo con dureza y determinación. Nunca imaginé que destruirias todo eso en un momento.
Tus ojos risueños y tú personalidad amable me hacían caer nuevamente en esta personalidad que odio, te vi nuevamente pero ya no podía hablarte. Tanta vergüenza, sentirme tan pequeña a tu lado.
Jamás te lo diría, aunque oportunidades no faltaron…
Dejé de verte, supe de ti de vez en cuando, pero ya no tenía espacio en mi cabeza para ti. En mi corazón no lo sé, no sé cuando dejé de usarlo. Cuando me volví supuestamente fuerte.
Fueron muchos años, muchos años donde creí que habías desaparecido del todo.
Pero apareciste otra vez, como una nueva encarnación.
Me obsesioné un poco sin notarlo, me hiciste sentir nuevamente tan pequeña, tan avergonzada, tan temerosa. Yo había dejado de ser así. Y sentí nuevamente como mi corazón latía, cómo soñaba, cómo imaginaba.
Me desesperó no saber qué hacer, ahora quería lograrlo, quería decirlo, quería que me escucharas, quería recibir algo de ti; pero nada resultaba por mucho que me esforzara en superar mis propias murallas.
Entonces un día lo noté
Te he mirado
Te he observado
Te he leído
Te he escuchado
Te he admirado
Te he idealizado.
Pero tú nunca me miraste, nunca me observaste, nunca me prestaste atención, nunca me admiraste, nunca te interesaste.
¿Debías hacerlo? Solo quería que lo hicieras.
Quería sentirme observada, escuchada, admirada y amada por ti. Pero a qué costo.
Ya no quiero sentir timidez, vergüenza, ni ser pequeña o invisible.
Quiero ser fuerte, osada, valiosa y destacada.
Conozco a alguien que me hace sentir así y ese alguien no eres tú, nunca fuiste tú y nunca serás tú.
Yo me observo, yo me entrego tiempo y dedicación, yo me admiro, yo me amo.

















