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— ¿Eso es posible? … bueno, por una parte no me sorprende, mientras sea diversión sana, no hay porque prohibirse de cosas ¿no?— comento la rubia pensando que los Slytherin, su única prioridad era el status de sangre y divertirse — Son esplendidos, a mi también me fascinan mucho… ¿tienes alguno favorito?
—En la Sala Común de Slytherin muchas cosas son posibles… —Dijo con una sonrisa, aún su atención plasmada en el pequeño animal que tenía en brazos. —Te sorprenderías de la cantidad de cosas que pasan ahí… —Su mirada encontró la de la rubia al darse cuenta de que le hablaba, y sonrió asintiendo con la cabeza levemente. —Amo a los gatos, podría decirse que son mi animal favorito. Oh, además de los hipogrifos. Aunque ésos cuenten como criaturas mágicas. ¿Qué me dices tú, tienes algún favorito?
Notó que la había incomodado bastante. Dorcas rodó los ojos y se detuvo. — Tranquila, era una broma —habló para calmarla—. Sólo… Baja un poco el tono de voz, al menos que quieras que todo el mundo se entere —le aconsejó—. Aunque… Aquí se enteran de todo aunque no lo desees —admitió, apretando los labios.
—Está bien… —Dijo sinceramente ahora que se había enterado de que la chica sólo bromeaba, inclusive su respiración ahora parecía ser mucho más regular que antes. —Lo sé, lo sé. Tuve que haber bajado la voz, conozco perfectamente cómo son todos en Hogwarts, los chismes corren rápidamente y los detesto.
pink clouds and baby blue — closed with daisy hookum
Tomó la seña de la castaña como un indicio para comenzar a caminar y así lo hizo, emocionada, esperando que Natasha le siguiera. —¡Claro, vamos! No deberías mantener tu estómago vacío, cosas malas ocurren cuando lo haces. O al menos, a mí, me pongo de muy mal humor cuando no como, pero supongo que eso es normal. —Explicó la pelirroja, rodando los ojos con diversión. Entonces se detuvo y le dedicó una breve mirada a la castaña—. ¿Quieres que te ayude a cargarlo? No parece muy pesado, pero ya debes estar cansada; además, con lo dormido que está, no creo que siquiera vaya a darse cuenta. —Sugirió, afable. Se sentía un poco culpable por haberle dejado todo el trabajo antes, pero pronto sería su turno para cuidarle—. Por cierto, ¿te molestaría que te preguntara algunas cosas sobre ti? Creo que deberíamos conocernos mejor, uh. —Se encogió de hombros con una sonrisa casi adorable—. Estaremos juntas haciendo ésto así que creo que es una buena oportunidad para que seamos amigas.
—Oh, entiendo lo que dices, mi hermano se pone mal cuando no come por las mañanas. Generalmente yo no me pongo de mal humor, pero sí comienzo a sentirme cansada después del medio día, y no quisiera dejar el trabajo a medias, sobretodo cuando se supone que somos un equipo. No me gusta dejarle todo a mis compañeros. —Le sonrió a la pelirroja, antes de entrar al gran comedor, el pequeño caballo alado aún reposaba en sus brazos, y agradeció mentalmente cuando la Hufflepuff se ofreció a cargarlo, así que en lugar de contestar, la miró y con cuidado le pasó al pegaso que simplemente se movió para ponerse más cómodo, y entonces lo pasó a manos de Daisy. —No pesa casi nada, pero necesito ambas manos para comer, muchas gracias.
Su sonrisa se ensanchó una vez que estuvo frente a las mesas del Gran Comedor, y tomó un muffin de vainilla y un té caliente de calabaza, éso la animaba mucho por las mañanas. —No me molesta que me preguntes cosas sobre mí, soy un libro abierto. —Dijo mientras le ponía un poco de azúcar a su té, le gustaban las cosas bien dulces. Y aunque lo que decía era verdad, esperaba que la chica no preguntara sobre su familia o la relación que llevaban con ella, se notaría inmediatamente lo infeliz que Natasha era, y mucho peor, toda la farsa que llevaba sobre sus hombros. Su corazón dio un vuelco ante sus pensamientos, sintiéndose ansiosa de repente, pero tomó respiraciones hondas, diciéndose a sí misma que las cosas saldrían bien, y que no tenía que preocuparse. Seguramente las preguntas eran inocentes. —Tienes mi apoyo en eso, creo que deberíamos conocernos un poco mejor. Pregunta, entonces.
pink clouds and baby blue — closed with daisy hookum
Volvió a sonreír ampliamente ante la respuesta de la muchacha, aliviada de que ésta no se enfadase; normalmente cualquier Slytherin le habría reprochado su falta de puntualidad, pero se alegraba de que Natasha fuese la diferencia. Después de todo, se recordó que nunca debía generalizar. —En realidad estaba tratando de sacarme a un chico de tercero de encima, estaba pidiéndome que le ayudase con algo y bueno…terminé diciéndole que tenía que correr a la Torre de Astronomía por algo importante. —Repuso con una risita, y después volvió a fijar su vista en la pequeña criatura, por supuesto que estaba fascinada, nunca había visto a un pegaso de cerca (aunque se tratase de una ilusión) y mucho menos a uno bebé. Sonriendo nuevamente, se levantó hasta quedar frente a su compañera—. Vaya, lamento no haberte ayudado en ese entonces, me haré cargo. —Comentó, observando a la chica con curiosidad, no quería imaginarse qué tipo de noche habría sufrido junto a la criatura alada—. ¡Ah! No te preocupes, creo que podremos revisarle después, no será un problema…Uh, ¿en los jardines, está bien? —Preguntó, con una pequeña sonrisa, imaginando el lugar; no creía que el pegaso pudiese salir volando muy lejos o algo así, por lo que los jardines le parecían un buen lugar, tranquilo y con más privacidad. Tal vez incluso así podría conocer más a Natasha.
La sonrisa que la pelirroja le ofreció fue rápidamente contagiada, e hizo lo mismo mientras que la chica veía al pequeño caballo alado en sus brazos. Éste seguía profundamente dormido, aleteando sus alas rosas entre sueños y moviendo sus patas como si estuviese corriendo, Natasha en verdad se preguntaba qué tanto empeño le habían puesto a dichas ilusiones para hacerlas ver tan reales. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Daisy le habló nuevamente, y al escuchar la sugerencia del lugar, la castaña asintió con entusiasmo, los jardines eran preciosos en Hogwarts, y le fascinaba pasar tiempo en ellos, además de que a esa hora no había mucha gente, de tal manera las dos chicas podrían cuidar bien a su pequeño pegaso.
—Me parece que los jardines es una buena idea. —Confesó mientras se enderezaba y se aseguraba de que su falda estuviese completamente en su lugar, al darse cuenta que así era, se volvió hacia Daisy con una sonrisa encantadora y meneó la cabeza, señalando la salida. —Vamos entonces. ¿Quieres que compremos algo de comer antes de ir para allá? A decir verdad no he desayunado y quisiera comer mientras que él, o ella… —Dijo, pues todavía no se sabía si su criatura mágica era un niño o una niña, tendría que checar en determinado momento para asegurarse de usar los pronombres correctos. —Se despierte. ¿Qué dices, me acompañas a comprar un té de calabaza y un muffin?

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Había quedado de verse fuera de su sala común con Natasha Selwyn, su compañera en el proyecto que el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas había dejado recientemente. La idea del proyecto en sí, le parecía increíble, ¡las criaturas mágicas eran asombrosas! Y cuidar de ellas podría ser mucho más divertido que cuidar un bebé, como el año anterior. Aún podía recordar cómo Severus Snape le había dejado todo el trabajo, desapareciendo por ahí. Era por eso que se alegraba de que su compañera fuera Natasha, pues aunque no la conocía demasiado, sabía que al menos sí pondría de su parte. Con estos pensamientos en su cabeza la pelirroja se disponía a dejar su sala común, antes de ser interrumpida por uno de sus compañeros menores. Después de escuchar por cinco minutos adulaciones y halagos de parte del menor, la pelirroja logró huir con la excusa de haber olvidado algo importante en la Torre de Astronomía.
Cuando Daisy por fin se encontró fuera, y se cruzó con la mirada de su expectante compañera, sonrió ampliamente, para después acercarse a ella. —¡Lamento la tardanza, espero no haberte tenido aquí mucho tiempo! —Se disculpó alegremente, y después se agachó hasta quedar a la altura de la criatura que la muchacha tenía en brazos, la cual había visto de reojo al simple llegar. Se entusiasmaba de poder examinarla de cerca—. Vaya, sí que está dormido…Veo que lo has cuidado bien, ¿eh? Deberíamos ir a buscar un lugar dónde seguir cuidando de él…ella, lo que sea.
El pequeño pegaso en sus manos movía sus patas de cuando en cuando mientras dormía, y Natasha se preguntaba qué era lo que una cosa tan pequeña podía estar soñando, inclusive cuando ésta fuese una ilusión. Se recargó en la pared contraria a la sala común de Hufflepuff, tratando de no desesperarse ni pensar que su compañera la había dejado plantada, el pensar las cosas de más nunca le había ayudado, y si quería mantener la calma, debía liberarse de todo el estrés que ella misma se acumulaba, por lo que, cerró los ojos momentáneamente y respiró hondo, seguramente la chica Hookum no tardaría mucho en aparecer. Y justo como si su mente lo hubiese ordenado, escuchó una voz junto a ella, e inmediatamente abrió los ojos para encontrarse con una pelirroja, demasiado atractiva para su gusto. Hizo una mueca ante su propio pensamiento. Siempre se podía apreciar la belleza de alguien, no había nada de malo en ello. Sonrió.
—Hola, no te preocupes, estoy aquí hace unos diez minutos, pero estoy segura de que tenías otras cosas que hacer. —Dijo quitándole la importancia al retraso que la chica había tenido. Miró detenidamente cómo se acercaba a ver al pequeño caballo alado y rezó porque no lo despertase en ése preciso instante, y para su suerte, no ocurrió. —Estuvo toda la noche molestándome, además de parte de la mañana, a decir verdad estoy feliz de que por fin se haya dormido. No sé si es chico o chica… —Admitió con vergüenza. —Me da miedo revisarle. ¿A dónde te gustaría ir a cuidarlo, entonces?
[ Gods and Monsters ] — Narcissa & Natasha.
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Natasha caminaba con cuidado por los pasillos, sosteniendo al pequeño pegaso en brazos, después de haber pasado toda la mañana volando y tirándole del cabello, por fin se había dormido, acurrucándose en uno de sus suéteres favoritos para entrar en calor. La Slytherin salió de su sala común en busca de su compañera, una Hufflepuff llamada Daisy, con quien había quedado de verse a las afueras de la casa de ésta. Pudo ver cómo todo Hogwarts estaba infestado de gente cuidando criaturas mágicas, y sonrió para sus adentros al ver con qué delicadeza todos trataban a los bebés.
Cuando por fin llegó a su destino, se detuvo fuera de la sala, viendo cómo los Hufflepuffs caminaban animadamente, riendo y saludándose entre ellos, Natasha se preguntaba por qué los Slytherins no eran así, ni siquiera entre ellos, si algo no les parecía de la otra persona, simplemente lo decían, había muchas peleas no sólo con chicos de otras casas, a veces de las mismas habitaciones habían conflictos. Suspiró, recargándose contra la pared, observando al pequeño caballo alado, era de un color azul cielo, con las alas simulando ser tan suaves como un algodón, color rosa pálido, para contrastar con su piel azulada. Tenía los ojos negros más grandes que hubiese visto, pero ahora se alegraba de que estuvieran cerrados. Miró a su alrededor, esperando que su compañera llegase pronto.
Se giró rápidamente al escuchar a la chica hablarle, ¿de qué estaba hablándole?—¿Q-qué? ¿Yo?—Se apuntó, parpadeando velozmente.—Oh, no, no--Negó con la cabeza varias veces.—Seguramente me estás confundiendo, estuve con mis amigas toda la noche—Aseguró, pues era cierto.
Al notar que la chica con la que hablaba no era de su casa, sino una Gryffindor, sus mejillas se colorearon de rojo debido a la vergüenza, ¿acaso seguía teniendo sueño? Seguramente la respuesta era sí. —Oh, lo siento. ¡Lo siento mucho! Sí, te confundí, soy una torpe, creo que sigo un tanto ebria, seguramente es eso. Lo siento mucho. —Dijo disculpándose poco a poco, con una sonrisa.
Ah entiendo, creí que en verdad si lo hacías, por ello es que no entendí, pues no se de que fiesta hablabas… — comento al a chica un poco mas tranquila — uhm… si claro, Frei es tranquilo, no muerde, puedes tomarlo… — aparto sus manos del hurón para que la slytherin pudiera tomarlo
—No, no. Hablaba de la fiesta que organizaron en la sala común de Slytherin hace unos días. —Dijo quitándole toda importancia a sus palabras cuando la rubia le dio el permiso de tomar al hurón entre sus brazos. Con una sonrisa, y sumo cuidado, comenzó a cargarlo y a acariciarle la cabeza. —Me encantan los animales. —Confesó un tanto ausente.

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Miró despectivamente a ambas compañeras y se encogió de hombros. sin interés en mantener una charla con ninguna de ellas—. Buenas ¿Disfrutando de su patética vida amorosa, verdad?
No sabía qué estaba esperando cuando la castaña comentó con sarcasmo y con una mirada de superioridad. Natasha mordió su labio inferior, le molestaba bastante que estudiantes de su misma casa, o estudiantes de todo Hogwarts se sintiesen mejor que ella, tenía suficiente en su casa para soportarlos a todos, por lo que, simplemente se volteó hacia su amiga y asintió, sin mirar a Lucinda. —Claro, disfrutando nuestra patética vida amorosa.
[ Gods and Monsters ] — Narcissa & Natasha.
Suspiró pesadamente. Las súplicas de la chica hacían cada vez más débil su severidad y determinación, a punto de querer romperlas por completo. Estaba segura que si no se tratara de Natasha, probablemente ya estarían en la oficina de Dumbledore, pero… no podía evitar verse reflejada en su compañera. Tan sólo ver como ella lo arriesgaba todo por su hermano, así fuera contra sus principios, la hacía recordar su relación con Bellatrix. Por un momento sintió pesar por ella, un sentimiento que ya había experimentado antes en otras situaciones que prefería no recordar. Sin embargo, por lo menos Narcissa tenía a Andrómeda, que la mantenía cuerda. ¿Con quién contaba Natasha? Era otra de esas preguntas que no debía hacer.
Le dio la espalda, llevando ambas manos a su cabello, desordenándolo un poco, luego se dio la vuelta y la miró con verdadera intriga. —¿Qué voy a hacer contigo? —comentó a medias, llevándose el índice a los labios entreabiertos, como si estuviera pensando en algo. —Deja el libro allí —le señaló con la cabeza el estante que se encontraba a su lado.
Observó detenidamente a Narcissa examinarla, y comenzó a sudar en frío, su ansiedad volviéndose a minutos más presente cuando vio que la rubia no hacía o decía nada. Seguramente estaba pensando en una manera de reprenderla, y eso no ayudaba en nada a que se calmase. Pasaron minutos, quizá horas, cuando fue que la joven decidió volver a hablar, y aunque Natasha sabía que la pregunta había sido al aire, y no debía de ser contestada, lo hizo de todos modos, mordiéndose el interior de su mejilla con nerviosismo. —¿Me podrías dejar ir y ambas fingimos que esto nunca pasó?
Claro, después de oír su segunda frase, decidió darse por vencida, y caminó con sopeso al librero donde la rubia le había indicado dejar el libro, y, así lo hizo. Quizá correría con más suerte la próxima vez, Alec no se enojaría si le decía lo que había pasado, pero, ¿qué tal si entonces su hermano decidía volverse loco en contra de la chica Black? Merlín, esperaba que no fuese así. Volvió rápidamente hacia la vista de Narcissa, jugueteando con sus propios dedos, esperando que le dijera qué era lo que iba a ocurrir, ¿la acusaría o simplemente la dejaría irse? Carraspeó. —Lo dejé donde me dijiste, ¿ya puedo marcharme?
¡Ay, Merlín, que tragedia! ¡Se ha besado con ese porque seguro nadie de su edad le da ni la hora, que desesperada y zorra! —soltó en un tono realmente exagerado y dramático tras oír a una compañera hablar con otra—.
Se mordió los labios al escuchar la voz burlona tras de ella, se trataba de Lucinda, sin duda alguna. La chica iba en su casa, y muchas veces la escuchaba quejarse o burlarse de los demás, con ella nunca se había metido, quizá porque sabía que su hermano era Alec y él no temía cortarle el dedo a alguien, pero se volvió a ver el rostro de la castaña, ignorando a su otra compañera que ahora estaba sonrojada a más no poder. —Hola, Lucinda.
Pandora estaba sentada en las afueras de los jardines de Hogwarts, llevaba consigo a Freiheit, llevaba tiempo sin sacarle y ese día era perfecto para hacerlo. Estaba tan concentrada susurrando al hurón cuando giro la vista al a chica
— ¿De… de que hablas? …. — comento confundida y enarcando una ceja
Su compañera de casa, obviamente estaba negando todo, ya fuese porque varias miradas estaban concentradas en ellas o porque temía que alguien de fuera las escuchase, a mitad de oración, pudo oír un murmullo tras su espalda, y Natasha volteó inmediatamente para ver de quién se trataba, el escudo de su casa era Ravenclaw, pero no reconocía a la chica. —¿Qué? Ah, no. No te hablaba a ti, descuida. Lamento si te asusté. —Se disculpó con una sonrisa, viendo cómo la otra muchacha se despedía para alejarse, fue entonces que la castaña vio a la criatura que la rubia sostenía en brazos. —¡Es un hurón! ¿Puedo verlo? Me encantan.
[ Gods and Monsters ] — Narcissa & Natasha.
Entrecerró los ojos, estaba molesta. Por un momento había creído que se encontraban en la misma situación, hasta consideró confesarle sus lecturas nocturnas, quizá en busca de compañía, supuso. Después de todo, Andrómeda no mostraba el menor interés en obedecer las lechuzas de Bellatrix. De alguna manera se sentía traicionada, tal vez debió escuchar su parte racional y hacer lo que era correcto.
—Si me hubieras dicho esto desde el principio, quizás lo habría considerado —comentó con un cierto tono de disgusto. Acto seguido se acercó más a su rostro y habló de manera severa—. Deja el libro aquí y vete a tu dormitorio —sentenció, le estaba dando la última oportunidad para irse de aquel lugar sin problemas.
Dio un paso hacia atrás cuando la rubia se acercó a ella, pero el estante que estaba atrás, la detuvo. Pudo observar claramente los ojos verdes que la fulminaban ahora y un sonrojo de vergüenza y miedo se asomó en sus mejillas, quizá lo mejor hubiese sido, después de todo, mentir. Ahora Narcissa seguramente la acusaría si se llevaba el libro, sin mencionar que Dumbledore la reprendería por estar en la sección prohibida, y que al final, no podría entregarle a Alec lo que le había pedido. Ahora sí estaba nerviosa, podía sentir las palmas de sus manos sudándole, al tiempo que el puente de su garganta se comenzaba a cerrar, seguramente si trataba de hablar de nuevo, balbucearía, y eso no ayudaría en su defensa en absoluto.
—Narcissa… —Murmuró mirando a la chica suplicante, lo que menos quería era meterse en problemas. —Lo siento, lo siento mucho, sé… Sé que debí haber dicho la verdad, es sólo que… Por favor, por favor. Sólo déjame llevárselo, haré lo que quieras, en serio. Si no se lo llevo se molestará conmigo. —Sabía que la rubia sabría de quién estaba hablando, y por la misma razón, imploraba a quien estuviese arriba de ellas, ya fuese el Universo o Merlín, que la ayudara. —Por favor.

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{ dÍGANLE A DANIELA QUE SE RELAJE MIL CHINGOS. }
[ Gods and Monsters ] — Narcissa & Natasha.
Por alguna razón decidió creerse la historia de Natasha, o por lo menos, fingió hacerlo. Parte de ella sabía que estaba mal, y que lo único que le quedaba por hacer era reprenderla, acusarla, y por ende esperar que Slytherin perdiera una buena cantidad de puntos. Sin embargo, por otro lado, Narcissa se sentía algo culpable de que a ella se le facilitara poder leer en calma ese tipo de cosas sin correr algún riesgo, mientras que Natasha, tuviera la razón que tuviera para buscar algo allí, lo tenía más difícil. Tal vez era porque sabía que estaba abusando de su libertad como prefecta al tampoco hacer lo correcto, lo cual la ponía en una situación entre la espada y la pared, entre lo que estaba bien y lo que no.
Al final terminó por llevarse su mano a la frente, cerrando los ojos y dejando escapar un suspiro de resignación, acababa de perder su batalla interna. —Si vas a leer algo, que sea aquí y ahora —determinó con severidad—. Te acompañaré hasta que hayas conseguido lo que te interesa, y luego dejarás el libro aquí —agregó, después de todo, no podía dejarla salir con un ejemplar de la Sección Prohibida, o habría problemas.
Natasha soltó un suspiro de alivio cuando la mirada de Narcissa se suavizó, y estaba a punto de irse con el libro en mano cuando escuchó la condición que le ponía. Oh no, ahora sí tenía problemas. ¿Cómo explicarle a la rubia que el libro no era para ella? Ella no tenía ni el mínimo interés en leer cosas acerca de las Artes Oscuras, tan sólo pensar en ellas le repugnaba, y todos en su casa sabían el corazón débil que tenía, no le creería que estaba leyendo algo así. Quizá si pedía permiso, podría llevarle el libro a Alec, pero entonces lo delataría de todos modos, y no sonaba nada bien, ése no era su plan en el principio. ¿Por qué debía encontrarse precisamente a la prefecta? ¿Por qué no mejor a su prima o a Malfoy? Eran más fáciles de sobornar.
Se mordió el labio, buscando una excusa en su mente, sintiendo cómo de pronto el cuarto comenzaba a cerrarse y su pecho se presionaba… Iba a tener un ataque de pánico si no hacía algo pronto. Tomó unas cuantas bocanadas de aire disimuladamente, y volvió a mirar a la chica más alta; por unos cuatro o tres centímetros, no más, aún sin tacones, Narcissa seguía siendo más alta que ella; y sonrió suavemente. No, definitivamente no podía mentir. —Bien, el libro no es para mí. Es para mi hermano, le estoy haciendo un favor porque a él lo mandan directo a la cama si lo ven fuera después del toque de queda. Por favor, déjame llevárselo, prometo que lo devolveré mañana en la noche a más tardar, por favor, por favor.