Querida Luna.
Gracias por acompañarme en cada calida, amable, familiar, inolvidable, caotica y solitaria noche
Aún recuerdo como te veías en aquel verano sobre ese precioso lago, te miraba con los ojos que mira un niño de 14 años que va con su padre a pescar y cuya única preocupación era coger el pez más grande
Y aquel día diciembre sobre el castillo que me vio crecer en aquel pequeño pueblo, estabas tan deslumbrante entre la niebla que solo de mirarte soñaba con cumplir todos mis sueños a pesar de mis propias nieblas, que con el tiempo aprendí a llamarlos miedos, pero que aún así la luz trataba de abrirse camino en la oscuridad.
Sin embargo, en esta oscura noche, te miro con otros ojos querida Luna, ahora ya no solo te observo, intento acercarme a ti, al recuerdo de cuando mirarte significaba ser feliz.
















