desde que había llegado a su habitación sin permiso alguno, la situación no había hecho más que emborronar su situación personal, llegando a producirle cierta ansiedad incompatible con el modelo de vida que estaba llevando sin Carter en su vida. ❛ sólo déjame en p- ❜ se debió cortar justo en el momento en el que vio su cuerpo oprimido por el contrario. por supuesto, su única acción fue tratar de sacárselo de encima de algún modo u otro, consiguiéndolo al fin y levantándose de la cama con una respiración que estaba intentando recuperar. ❛ ¿se puede saber qué demonios estás haciendo? no tienes ningún derecho a tocarme, el único privilegio que te voy a dar es el de que salgas por esa puerta pacíficamente ❜ el enfado era obvio, mucho menos para una mentalidad a la que le era incomprensible comprender el comportamiento masculino. ❛ todo estaba me yendo perfectamente hasta que has aparecido y me niego a volver a estar sometida a tu interés. no quiero que vuelvas a pisar esta habitación, Carter❜
La había visto molesta, y en las ultimas semanas, se había acostumbrado a aquel estado por parte de la chica. Estaba seguro que no conocía otra faceta de ella, y se sentía ridículo al continuar llamándola por teléfono, enviándole flores y visitándola cada vez que podía, a pesar de tener los brazos llenos de moretones causados por la susodicha. “¿realmente quieres que me vaya?” susurró, sin siquiera mover un músculo. No pudo evitar soltar una carcajada seca, que dejó un amargo sabor en su boca. Carter se caracterizaba por ser pacífico, amigable, incluso paciente, pero hasta el más santo tenía un punto de quiebre. “Imani, tenemos que hablar. Sin tus caprichos, sin mis idioteces. Tenemos que hablar” dijo lo último con cierta autoridad, sorprendiéndose hasta a si mismo. Si bien no había sido el hombre perfecto, ya se encontraba cansado de rondar por el mundo, siendo del agrado de la pelinegra un día si y un día no.
















