Si ganas menos de 1000€, si tienes que compartir un piso con 4 personas más para tener dĂłnde vivir, si no puedes permitirte comprar nada de primera mano, si tu Ăşnica tranquilidad econĂłmica te la da que siempre puedes volver a casa de tus padres… no es que seas joven, no es que seas “precario”: es que eres pobre. Y sin embargo, la “vida precaria” de los jĂłvenes (la pobreza), lejos de ser vista como un drama, está fantásticamente considerada para la mayorĂa, un paso necesario y normal - siempre que no seas de la DinastĂa BotĂn o Rockefeller - para llegar algĂşn dĂa a tener un trabajo decente. Como yo ya empiezo a ser viejo, recuerdo cuando hace unos años el mileurismo era un drama. Ahora, quien cobra más de 1000 euros es un privilegiado, pero las calles siguen vacĂas, no arden los bancos y polĂticos y empresarios pasean tranquilos por la calle. La victoria ideolĂłgica del capitalismo a dĂa de hoy es tal que convertimos en virtud cualquier miseria que nos traiga. Bajo el lema del “anti consumismo” llenamos nuestras habitaciones, siempre temporales, de muebles y adornos que recogemos de la basura, de soluciones “recicladas” que se convierten en signo de identidad y forma de vida y no en una necesidad. “No necesitamos tanto para vivir” es el lema. Es cierto, pero esta forma de vida reciclada sĂłlo es posible porque a unos pocos les sobran muchas cosas que nosotros reutilizamos. La ideologĂa dominante puede convencernos de que usamos bicicleta y no coche porque somos ecologistas y no porque no podamos ni soñar en estar pagando plazos con unos mĂseros salarios que sĂłlo están garantizados por seis meses. A dĂa de hoy, no hay nadie mejor considerado socialmente que una persona que se defina como “dinámica, flexible, abierta a nuevas experiencias, de todos sitios y ninguna parte, sin rumbo fijo por la vida”. Pero no somos nosotros los que lo hemos decidido que esto sea un valor, sino quienes han destruido los derechos laborales hasta que no nos queda otra que vagar de ciudad en ciudad, de paĂs en paĂs, agarrándonos a lo primero que salga intentando encajar en lugares de los que probablemente nos marchemos antes de que nos sintamos en casa. Y quien Ăşnico sobrevive en este mundo son los que tienen la habilidad de adaptarse constantemente a situaciones nuevas. La amistad, las relaciones amorosas… todo tiene fecha de caducidad cuando no tenemos nada sĂłlido a lo que agarrarnos, pero una vez más el capitalismo tardĂo, incapaz de ofrecer a un trabajador un puesto fijo, nos vende esta inestabilidad emocional como una serie de experiencias enriquecedoras que te hacen crecer en la vida. Las emociones y las personas que las producen se convierten en un objeto de consumo inmediato usar y tirar. Quien no vive en una montaña rusa emocional, no sĂłlo es un aburrido, es que no vive. Quien no se va a buscarse la vida fuera, es un fracasado. El que es introvertido y no es capaz de soportar tantos cambios, tiene una patologĂa que tratarse. Lo que antes era la dura experiencia de la emigraciĂłn ahora tiene un programa en TVE que lo convierte en la gran aventura de ganarse la vida fuera del paĂs. Y no hablemos de quienes no tienen estudios universitarios que les facilite esa gran aventura. Literalmente, no hablemos de ellos, porque para ellos no existen. Quien posee los medios de producciĂłn material - decĂa un señor muy viejo y obsoleto, o eso dicen - posee tambiĂ©n los medios de producciĂłn espiritual. O dicho de otro modo, los propietarios de las grandes empresas, grandes bancos y grandes medios de comunicaciĂłn tienen el poder de insertar en nuestras cabezas los valores personales, polĂticos y sociales que se adapten a su mercado laboral para que ellos siempre salgan ganando. Y, lo que es más, son capaces de que crean que esos valores son creaciĂłn individual nuestra. E incluso vistos como radicales y progresistas. Habrá que esperar, entonces, a ver quĂ© pasa cuando empecemos a encontrarnos con demasiada frecuencia la nevera vacĂa. Igual nos levantamos de una puta vez. O igual decimos que comer aire es la dieta más sana y natural que hay. La sensaciĂłn de vacĂo, sin embargo, está ahĂ aun teniendo el estĂłmago lleno.





















