UNA LUZ BLANCA EN LA OSCURIDAD
UNA LUZ BLANCA EN LAÂ OSCURIDAD
—¡Será hija de puta! Mátala ya, Sam —consiguiĂł decir Russell mientras sujetaba a la vampira que se revolvĂa como una maldita sanguijuela entre sus brazos. De nada servĂan sus más de ciento veinte kilos de peso, la fuerza de aquella asesina era sobrenatural.
HabrĂa sido fácil. La punta de esa flecha de madera bendecida ya se sabĂa el camino directo hacia el corazĂłn de Alana, con solo dejar de…
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