Mientras tus manos trataban de leer mis cicatrices como si fuera baille y tus labios recorrĂan lo más superficial sin siquiera enterarte y querer adentrarte a lo más profundo, me cuestionabas duramente.
Pero la realidad es que me tuve que llenar de ataduras y cometà los errores más banales para salvarme y salvar lo único que tengo.
Tuve que tocar fondo y perderme para encontrarme.
Me ahogué para volver a respirar.
Tuve que odiarme para poder amarme.
Tuve que romperme para reconstruirme.
Tuve que ser muy débil, para terminar siendo fuerte.
Me roguĂ© mucho para levantarme y evolucionar, para que este dolor que no desaparecĂa y aquejaba tanto mi pecho se transformara en fuerza y valentĂa.
Hoy puedo levantar mi voz, más que ayer.
Hoy puedo decir no, más que ayer.
Hoy puedo tener la fuerza para correr, más que ayer.
No cuestiones y te enfades con mi yo de ayer, porque ayer no podĂa, y hoy si.
Ayer no tenĂa coherencia ni cabeza para pensar y actuar adecuadamente, hoy si.
Ayer no tenĂa ninguna manera de salir, hoy si.
Ayer flaqueaba y no tenĂa forma de sostenerme, hoy si.
Y puedo limitarme a fechas, porque simple y sencillamente ayer no estaba bien, hoy si.
No pude hacer las cosas mejor antes porque no sabĂa cĂłmo hacerlas, hoy si.
Dejé de castigarme y culparme por ello, porque entendà que nunca fue mi culpa y sólo me martirizaba.
No es culpa mĂa no tener malicia. Nunca será mi culpa lo que traigo puesto, y mucho menos no tener la misma fuerza para empujar.
Yo ya no siento dolor por el pasado, se trata de saber afrontar y madurar. Me extraño antes cuando existĂa inocencia, sin conocer ese tipo de dolor, pero me amo más ahora, que soy más fuerte y no me dejĂł influenciar ni someter.
Si realmente amas: sé paciente, reflexiona, entiende y empatiza.
Que el odio, el coraje y la falta de entendimiento no te nuble.
Si no lo has vivido no quiere decir que no exista y sea solo una mentira muy turbia.
AprendĂ a no dejar las disculpas en el aire que me pedĂa mientras agonizaba en cada crisis, e hice lo mejor que pude: tomarlas, y junto con ese coraje las transformĂ© en perdĂłn. Fue la Ăşnica manera de ayudar a sanar mi corazĂłn.
Que no haya hablado en su momento, no quiere decir que no haya sido duramente sometida al infierno. Me dolió, me desgarró, me destruyó porque fue abuso en su máximo esplendor. Y sólo me lo tuve que tragar por miedo a las consecuencias. Pero lamentablemente las consecuencias tuvieron otras.
Y nadie entiende el golpe tan duro de ser frĂamente juzgada, rechazada y cuestionada mientras la otra parte queda libre, como si nada.
EntendĂ que hasta que lo vives, lo entiendes. Pero vivirlo no se le desea a nadie. Vivirlo sĂłlo permite que el patrĂłn continĂşe. Y en este momento tenemos que romper con patrones y no permitir que sigan existiendo.