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Soy basura y tal vez por eso no me quieres.
– I. M. Castro
Pido disculpa a mis amores próximos. Por el daño que hicieron mis amores pasados. 🥀

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a veces me apago,
pero todo bien,
ni mi familia
se entera
Chile, 1989
En Línea, parte 2: Jaime
Parte 1
Daniel se paralizó por completo. Pensó en gritar pero se dio cuenta que sería un error. De todas formas no le salía la voz. Comenzó a sollozar, pensando que su vida estaba a punto de terminar.
—No te voy a hacer nada si prometes no gritar —le dijo el desconocido a su espalda. Daniel solo asintió, dejando caer las primeras lágrimas por sus mejillas.
Se escuchó una botella de vidrio quebrándose en la calle, y Daniel sintió un leve mareo al ser volteado por el desconocido, sobre el eje de su silla con ruedas. Ahora estaba de frente a la ventana, y pudo ver que las cortinas estaban cerradas y el viento no entraba. Sintió que el desconocido mantenía la presión en su cuello, pero dejó de sostener su cuerpo por unos segundos, para apagar la lámpara de escritorio y cerrar su notebook, y luego volvió a cruzar el brazo por su pecho.
Escuchó unos leves sonidos a su espalda, que supuso eran porque el desconocido se estaba acomodando bajo el escritorio, ocultándose, pero sin aflojar la fuerza con que lo sujetaba.
—Puta la hueá —dijo una voz ronca desde la calle.
—¿Lo conociai? —preguntó una segunda voz, un poco más aguda.
—Si po, era el Jaime, del Blanco.
Se escuchaban los pasos de los hombres caminando en silencio por la calle.
—Oye, ¿no estaba abierta esta ventana cuando pasamos? —preguntó el segundo hombre.
—No cacho, ¿por?
—A lo mejor se metió acá po —las voces se escuchaban más fuertes, y Daniel pudo ver claramente las siluetas de los hombres dibujadas contra las cortinas de su ventana.
En ese momento Daniel entendió que el hombre que tenía detrás suyo era Jaime, que estaba arrancando de las personas en la calle, y de repente comenzó a sentir miedo de los hombres que se acercaban a su ventana, mismo miedo que sentía el intruso a su espalda, ya que notó como temblaba.
—No creo —respondió finalmente el hombre de voz ronca—. Vamos. Tengo que hablar con la Katia.
Daniel escuchó los pasos de los hombres alejarse por la calle, y luego, el hombre a su espalda lo soltó, y aprovechó el momento para alejarse lo mas posible del sujeto.
Se sentó debajo del marco de la ventana, y entornó los ojos intentando ver en la oscuridad al intruso. No vió movimiento, y buscó con la mirada a su alrededor por si encontraba su celular. Notó que a su lado había un pantalón de jeans que no era suyo y un par de zapatillas. Tomó el pantalón y del bolsillo cayó un teléfono celular.
—Por favor no llames a nadie —dijo en voz baja Jaime. Daba la impresión que era una persona completamente distinta de quien le había hablado al oído unos minutos atrás. Su voz era mas suave, juvenil, a diferencia de la voz ronca que había impostado antes.
Daniel presionó el botón de encendido y usó el brillo de la pantalla como linterna. Iluminó hacia el escritorio y vió que la persona que había entrado a su habitación era un muchacho de quizás su misma edad, solo vestía ropa interior y una polera mal puesta, y la planta de los pies las tenía negras y con heridas. Estaba completamente sudado, y con los ojos cerrados.
—¿Estás bien? —preguntó Daniel después de un rato, intentando no provocar que el joven frente a él reaccionara de forma violenta.
El muchacho suspiró profundamente y asintió con la cabeza.
Daniel ya había recobrado la compostura, y el miedo que sintió hace un par de minutos, ahora daba paso a la curiosidad.
—¿Por qué estabas arrancando de ellos? —Daniel se acercó poco a poco.
—Porque me metí con la polola del Jimmy —respondió el desconocido. Daniel asintió, entendiendo el entuerto—. Ella me dijo que estaba soltera —aclaró—. Yo no me ando metiendo entre parejas.
—No te estoy acusando de nada —sonrió Daniel. Levantó la mano buscando sobre el escritorio el interruptor de la lámpara.
Bajo la escasa luz del aparato, puro ver mejor al muchacho que lo acompañaba. De piel clara, nariz recta y pelo rizado, el joven le devolvió una mirada marrón y se quedaron en silencio un momento.
—Gracias por no gritar —dijo, avergonzado.
—Agradécele a mis nulos reflejos de supervivencia —respondió Daniel—. Pudiste haberme matado y no habría opuesto resistencia —el desconocido sonrió—. Sigo con taquicardia —dijo tocando su pecho con su mano derecha.
Jaime estiró su mano y con sus dedos índice y medio palpó la arteria carótida, comprobando las palabras de Daniel. Lentamente acercó el pulgar al cuello de Daniel y lo deslizó por la zona que a la luz de la lámpara de escritorio, aparecía enrojecida.
—Perdón por eso —dijo mirando la zona irritada.
—¿Qué tengo? —preguntó preocupado Daniel.
—Rojo. Por la presión —explicó, levantando las llaves que tenía en la mano.
Daniel se ruborizó por haber sentido miedo, pensando que tenía un arma blanca en su cuello, cuando en realidad era solo una llave de puerta simulando un objeto cortopunzante.
—Te llamas Jaime, ¿cierto? —preguntó Daniel, esperando una presentación formal.
—Si —respondió el muchacho, con una sonrisa torpe—, pero te juro que no ando metiéndome en casas ajenas por la vida. Solo esta noche —ambos rieron, aunque en voz baja para no despertar a nadie.
—Yo soy Daniel —se presentó y se dieron la mano. Nuevamente quedaron en silencio mirándose a los ojos—. Voy a buscar algo para limpiarte las heridas —dijo después de un rato, se puso de pie y salió de la habitación.
Al rato después volvió con un botiquín con apósitos y alcohol. Jaime estaba sentado en la silla de escritorio con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda, mirándose la planta del pie.
—No se ve tan mal —dijo sin darle importancia.
—Igual tienes que limpiarte. Se te puede infectar o algo —advirtió Daniel.
Jaime aceptó a regañadientes, y se dispuso a limpiar las heridas. Daniel se recostó en su cama, con el celular en la mano, mientras miraba disimuladamente a Jaime. Veía sus piernas desnudas y le llamaba mucho la atención el tono dorado que adquirían bajo la luz incandescente de la lámpara.
—Tu no eres de acá, ¿o si? —preguntó de repente Jaime.
—No, ¿por?, ¿Cómo sabes?
—No te había visto nunca —respondió sin levantar la mirada.
Daniel asintió indicando que entendía su punto. Al ser una comuna pequeña, era probable que una persona tuviera una buena noción de quienes vivían ahí.
—Soy de Santiago, pero vine por el verano con mi mamá. Ella es de acá, y se devolvió cuando se separó de mi viejo —explicó Daniel—. Esta es la casa de mi abuela.
—¿Y tu viejo? —Jaime parecía genuinamente interesado.
Daniel levantó los hombros y frunció los labios, como si no le interesara, y Jaime prefirió no seguir preguntando.
—¿Me vas a decir como terminaste así? —Daniel hizo un gesto con su cabeza, señalando a las piernas desnudas de Jaime.
—Ah, si —se sonrojó—. La Katia es una amiga de cuando era chico. Y bueno, hoy había un carrete en su casa, y yo fui super ilusionado porque me había dicho que estaba soltera po. Últimamente me empezó a gustar mucho ella, desde que volvimos a coincidir con nuestros grupos de amigos. Al final, en el carrete ella se me acercó y me dio un beso, y luego me llevó a su pieza, y cuando estábamos a punto de —se detuvo por un segundo, y miró a Daniel, quien de repente recordó qué estaba haciendo cuando Jaime lo interrumpió, y se puso un poco nervioso—. Bueno, justo llegó el Jimmy y entró a la pieza. Yo me levanté altiro, pesqué mis cosas, la Katia me dijo que arrancara nomas, y me quedé helado po. El Jimmy se me tiró encima, me empujó y me caí por la ventana. Ahí salí arrancando con los otros hueones siguiéndome. Los perdí y justo pisé unos vidrios aquí afuera, y como vi tu ventana abierta, me metí —Daniel sintió que el corazón le latía con fuerza—. Ahí vi que estabai tu acá, un poco ocupado —ambos se sonrojaron—, así que me puse la polera y esperé, mirando para otro lado.
Se quedaron en silencio, aunque Daniel ya no se atrevía a mirarlo a los ojos.
—¿Y que viste? —preguntó con un nudo en la garganta.
—Nada —respondió demasiado rápido—. O sea, te vi la espalda y un poco el poto, pero nada mas, lo juro —explicó Jaime.
—¿No viste nada en el notebook? —quiso asegurarse Daniel. Le daba miedo pensar que alguien más supiera que estaba masturbándose viendo porno homosexual.
—No, nada. Lo juro —respondió Jaime, intentando darle seguridad con su mirada.
Con eso Daniel se pudo relajar un poco, y siguieron conversando, mientras Jaime terminaba de bendarse el pie. A pesar del susto que había sentido en un principio, sentía alegría por poder conocer a alguien de su edad ahí en la pequeña localidad costera, lugar que si bien podría considerarse una bonita ciudad para pasar un verano agradable, no servía de mucho si tenía a sus amigos lejos.
—¿Y tu?, ¿estas estudiando? —preguntó Daniel, intentando seguir conociendo a Jaime.
—No. Recién este año me matriculé en Serena. El año pasado me dediqué a trabajar para juntar un poco de plata.
—¿Y que vas a estudiar?
—Traducción —respondió Jaime, y sus ojos se iluminaron de orgullo.
—¿Y ya sabes ingles o vas a aprender ahí?
—Sé mas o menos.
—¿Cómo se dice ahueonado en ingles? —quiso hacerse el chistoso.
Jaime se rió antes de responder.
—No sé. No tiene traducción creo.
—¿Y chúpalo? —Daniel no reparó en lo que le había dicho.
—Suck my dick —respondió de inmediato Jaime, con un tono provocador.
Se produjo un silencio tenso entre ambos, que se miraron fijamente a los ojos.
—Ya po —dijo finalmente Daniel, e hizo un amague de levantarse de la cama—. ¡Ah! —volvió a apoyar su espalda en las almohadas y ambos rieron intentando no hacer ruido.
Jaime miró hacia la ventana, y las cortinas dejaban ver levemente el cielo de afuera tornándose azul de a poco.
—Creo que ya es seguro que me vaya —dijo Jaime, tomando el pantalón que tenía a su lado, y comenzó a ponérselo.
—¿Vives muy lejos? —preguntó preocupado Daniel.
—No tanto. Como media hora a pie —respondió sin darle importancia.
—Pero, ¿no te pasará algo?
—No. Aquí no pasa nada.
—¿Y el Jimmy?
—Debe estar con la Katia ahora —dijo con un dejo de pena.
—¿Esta bien ella?
—Si. Ella era la que mandaba ahí. O manda. Ya no sé.
Se quedaron en silencio mientras Jaime terminaba de vestirse y se ponía las zapatillas. Cuando estuvo listo, se acercó a Daniel y le dio un abrazo.
—Gracias por no gritar —insistió, ahora con una sonrisa de alegría—. Nos volveremos a ver —dijo guiñándole el ojo.
—Ojalá —respondió Daniel, intentando ocultar su emoción por esa afirmación de Jaime.
Jaime se dio la media vuelta, abrió la ventana y salió por ella. Daniel se asomó por el marco y lo vió alejarse caminando calle abajo. Cuando se volvió después de cerrar la puerta, se dio cuenta que bajo el escritorio había un manojo de llaves. Las tomó, se acostó en su cama y se quedó dormido con una sonrisa en la cara.
En línea
Daniel estaba sentado frente al escritorio con la espalda apoyada en la silla. Llevaba horas trabajando en el último informe que tendría que entregar para poder cerrar el semestre y saber si aprobaba o no el ramo de estadística. La fría brisa de la noche entraba por la ventana, dándole vida al visillo y enfriando las gotas de sudor que corrían por la frente de Daniel. Los audífonos en sus oídos le permitían escuchar sus canciones de reggaetón favoritas. Si fuera por él las tendría a todo volumen, pero no quería despertar a toda su familia a esas horas de la noche.
Cuando por fin terminó de revisar su informe, inició sesión en su cuenta de correo electrónico para enviarlo al profesor. Estuvo cerca de diez minutos intentando cranear qué mensaje sería el apropiado para enviar junto al informe, sin pensar que al profesor poco le importaba las palabras extras que escribiría.
Finalmente presionó el botón de “enviar” y revisó la hora en la parte inferior derecha de la pantalla de su notebook. Respiró aliviado y se volvió a apoyar en el respaldo de la silla. Se secó el sudor de la frente con el dorso de su mano, y se volteó a mirar la ventana que tenía a sus espaldas. El visillo apenas se movía, pero era eso o nada.
Dejó fluir el alivio de haber terminado con sus obligaciones académicas, y bajó la mirada a sus piernas. Le gustaba la tonicidad muscular que había logrado en el último tiempo desde que comenzó a asistir al gimnasio de la universidad. Se frotó las manos en sus muslos, y luego las deslizó lentamente hacia su short. Masajeó con vigor su paquete con la mano izquierda, mientras con la derecha manejaba el mouse, con la intención de buscar porno en internet.
Al encontrar el primer video de su gusto, se bajó el short junto al bóxer, y se quitó la polera. Dos chicas disfrutaban del alcohol en compañía de un grupo de chicos en una fiesta en un departamento universitario pobremente decorado. Los chicos las hacían besarse y hacer todo tipos de cosas que ellos consideraban candentes.
Los muchachos del video, al igual que Daniel, presentaban sin pudor su excitación frente a sus compañeros, mostrando sus erecciones bajo la tela del pantalón, o derechamente bajándose las prendas para provocar aún más a las chicas.
El video continuó así por unos diez minutos, con las féminas usando sus encantos para elevar la libido de los hombres. Daniel sentía gran excitación con el material audiovisual, moviendo ambas manos hacia arriba y abajo alrededor de su miembro.
De repente las chicas del video dejaron de besarse, y con una sonrisa coqueta en el rostro le dijeron a los muchachos: “It’s your turn now”. “Our turn for what?”, preguntan ellos casi al unísono, con una confusión muy poco creíble. “Your turn to make out”, respondieron ellas entre risas. La conversación siguió por unos segundos, pero Daniel no entendía nada porque nunca fue muy ducho con los idiomas extranjeros.
Daniel continuó mirando, aunque acercó su mano al mouse para cerrar la ventana por la falta de acción, y así continuar con el siguiente video. Cuando iba a minimizar la ventana, dos de los chicos del video, un rubio muy pálido y un moreno de apariencia inocente, se besan mientras las chicas incitan el encuentro. Daniel al ver la situación exhaló una risita, y comenzó a mover involuntariamente su mano izquierda lentamente, de arriba abajo. Continuó así un par de segundos hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
Con una sensación de arrepentimiento cerró la ventana y continuó con su búsqueda. Navegó por muchas páginas, y vió decenas de videos, mientras estimulaba sus genitales para brindarse el máximo placer, aunque estuvo todo el tiempo pensando en la situación presentada en el primer video.
Después de un rato miró la hora que indicaba su notebook, y vió que ya iban a ser las 4 am. Cerró las últimas ventanas que le faltaban, y buscó en el historial del navegador el primer video que había encontrado, con un cosquilleo de emoción en su interior, como si estuviera a punto de hacer algo prohibido.
Volvió a ver los primeros minutos del video, con la misma sensación de placer visual que la primera vez. Al llegar al momento en que los dos chicos se besaban, miró con atención, como si esperase la aparición de un fantasma en la imagen, o algo así.
Daniel quería ver si su cuerpo seguía manteniendo el mismo nivel de excitación viendo a dos hombres, como lo hacía viendo a dos mujeres. Después de unos segundos de beso entre los dos muchachos, comenzaron a sacarse la ropa y a masturbarse mutuamente, ante la cara de orgullo de las chicas, y la sorpresa y asco mal fingido de sus amigos. Daniel sintió un cosquilleo en sus genitales, lo que le dio la señal de continuar con sus movimientos estimulantes.
Si bien le excitaba estar viendo el video, se sentía extraño haciéndolo. Nunca había sentido curiosidad de ver algo así, y si bien sabía que en ese momento estaba solo, y que nadie se enteraría, muy en el fondo de su mente, sentía un atisbo de culpa. De todas formas, se volteó brevemente para asegurarse que no hubiera nadie detrás de él mirando.
El video continuaba con los muchachos haciéndose sexo oral mutuamente, y luego el chico de piel morena penetraba al rubio en distintas posiciones, ante la mirada atenta de sus amigos, quienes pasaron del rechazo a la excitación, y se masturbaban mirándolos, mientras las chicas del inicio ya no figuraban en la escena. Los exagerados gemidos del muchacho rubio resonaban en los audífonos de Daniel, que ya estaba cerca de concluir su noche de autosatisfacción.
Tras acabar en su abdomen, Daniel se apoyó en el respaldo de la silla, recuperando el aliento después de la revolución hormonal normal de una masturbación nocturna, sumada al disparo de adrenalina que le produjo descubrir el placer que le daba el ver algo nuevo y, según él, prohibido.
Sacó un pañuelo de la caja que guardaba en el cajón del escritorio, se limpió y se volvió a poner el bóxer. Se sentó nuevamente en la silla, dispuesto a cerrar todas las ventanas del navegador y a apagar el notebook, cuando una mano le tapó la boca y sintió que le ponían un instrumento metálico y afilado en el cuello.
—No digai nada—dijo, en un susurro, una voz masculina en su oreja.

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Esto me supera hahahah …La cago ….
TIRAME AGUA WEON HAHAH
Arianda Sodi - Ay Tulon
Pico.
1. Me importa un pico
2. Pal pico
3. Pico con la wea’
4. Valí pico
5. Pico para todos?
6. Igual te gusta el pico
7. Eri como el pico
8. Teni chiquitito el pico
9. Esta pal pico
10. Pico pal que lee

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Y si nos fumamos un cañito en pelota? en buena, relajaos c: