2/27/15
Este dÃa embarcamos por los rÃos de Valdivia. Recorrimos unos 20 minutos de agua pasando por los puentes que espero algún dÃa veas con tus propios ojos.
La primera parada la hemos hecho en la casa de la familia Manns. Ahora solo quedan las ruinas de lo que en algún momento fue una gran mansión. Interesante la historia, trataré de reservarme los detalles pues no pretendo echar a perder la belleza de llegar y la emoción de conocer cada uno de esto lugares. Lo que sà puedo decirte es que en este viaje comprendà lo mucho que afectó el terremoto a la geografÃa de este paÃs. También comprendà que estaba disfrutando de un clima excepcional en la región dada la sequÃa que experimentaban. Según contaban deberÃa de haber llovido desde enero y yo deberÃa estar empapado por completo sin embargo casi es Marzo y los campos se secan poco a poco… sabes lo raro que es pisar pasto seco cuando a unos metros está un rÃo que se extiende hasta el horizonte?
La naturaleza se defiende como puede, el verde de los montes se niega a morir… Mientras el aire frÃo me roza la cara me pongo a fantasear. Te imagino ahà frente a esa espesura verde brillando como el sol mismo. Puedo escuchar a los árboles crujir de coraje intentando alcanzarte...
Finalmente comimos algo y salimos en búsqueda del puerto de Punucapa. Tardamos 10 minutos más de lo normal en lograr acceder a él pues los lugares por acá son tan pequeños que dos embarcaciones a la vez en el muelle parecen amenazar con su integridad.
Ha sido una camita larga hasta una de las iglesias más viejas del paÃs.
A la salida de este templo hay un árbol que no es endémico de la zona. Alguien lo trajo hace mucho tiempo y éste encontró la forma de sobrevivir… dicen que si lo abrazas descargas las malas vibras pero antes debes pedirle permiso a el mismo árbol para hacerlo. Suena lógico sabes? No sé cómo reaccionarÃa si de la nada un montón de gente me abrazara.
En fin, la cosa es que lo abracé y lo hice con muchas ganas pues en verdad me sentÃa con la necesidad de abrazar algo. Mientras lo hacÃa pensé en ti y le pedà a la Pacha Mama que no permitiera que mi raÃz se quedara en este lado del mundo. Entonces comprendà que este era un árbol solitario, único en su clase y compartà con empatÃa su soledad.
Aquà fue que te compré los "xxxxxxxx". Inmediatamente los vi recordé las muchas veces que te he contado sobre su historia, recordé aquellos que me regalaste… recordé muchas cosas y francamente me aguanté las ganas de llorar mientras caminábamos hacia la embarcación. E frÃo no ayudó nada. Creà que me iba a enfermar. :(










