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r1d33r:
Dejó el móvil de lado para observar a la muchacha. “Eso apesta.” Soltó, haciendo una pequeña mueca en sus labios. “Yo recuerdo que también me perdí, pero estuve perdido como una semanas cosas de logística.” Comentó, tampoco dándole mucha importancia a ese terrible hecho. “Oh, en realidad no, solo estoy perdiendo tiempo, no quiero entrar a una clase.” Contestó, con una clara sinceridad. “Es aburrido y quiero terminar mi juego.” Volvió a tomar su móvil para moverlo.
“Logística... wow. No me llevo muy bien con los números...” comentó mientras su mirada estudiaba al chico. ‘Tiene cara de inteligente’ pensó. Con aquella cara y aquel comentario sacó la rápida conclusión de que estaría estudiando algo relacionado con las matemáticas, física, o todas esas cosas que Gabriella detestaba. “¿No te preocupa que te marquen la inasistencia? Cuando sea mayor, quiero ser como tú” dijo mientras se reía levemente, observando brevemente la pantalla aquel teléfono. “Iré a la cafetería, muero de hambre...” casi susurró en un tono bajo pero audible mientras recogía todo su papelerío y cuadernos del banco con mucha más calma que cuando había llegado. No quería seguir estorbando al muchacho, ya que después de todo, ella había llegado a interrumpir la calma y concentración en medio de un juego, y ella que era una aficionada a ellos, lo entendía perfectamente. “Por cierto, soy Gabriella. ¿Te veo luego, o quieres venir?”
sevngr:
“No tendrás una sartén metida entre esas cosas ¿no?” cuestionó con un actuado semblante de preocupación, en lo que ponía una de sus manos sobre su cabeza, como si esperara que de alguna forma sacara una sartén y le golpeara. “Seungri,” se presentó él después de ella con una sonrisa. Con lo cursi y todo lo que podía parecerle a otros, a Seungri le gustaba el momento en que dos personas intercambiaban nombres. “Ah, no digas eso que me da penita. ¿Qué crees que lo haría mejorar?” inquirió, dedicándole una mirada pacífica. “Seguro el profesor te perdona la primera falta, a menos que sea uno de esos profesores,” achicó los ojos, y miró a la nada, como si con sus palabras, que cargaban una pizca de resentimiento recordado a último momento, se le viniera a la cabeza un personaje en particular. “Cuando yo sea profesor, perdonaré la primera falta si es por una razón diferente a pura flojera,” meta personal. Se apoyó contra el respaldo de la banca.
Cuando llegó la pregunta de cómo podría mejorar su día se encogió de hombros, pero antes deque pudiera responder algo parecido a “nada va a cambiar este día, ya comencé con el pie izquierdo” recibió un comentario algo esperanzador, seguido de otro bastante interesante, aunque no pudo evitar sacarle una sonrisa. “¿Eres un futuro profesor?” inquirió con interés, sobre todo en aquella expresión ajena de algún tipo de resentimiento. “Entiendo a lo que te refieres. Cuando estaba en Estados Unidos, había un profesor que me odiaba, y si llegaba una vez tarde por alguna razón por más importante que fuese, ya no me dejaba entrar al salón y me ponía nota baja oral además de la inasistencia. ¡Lo sé, no tiene sentido! Creo que es por eso de que tengo un trauma con llegar tarde...” explicó, gestualizando un semblante de desagrado al recordar la cara de aquel sujeto que le hacía la vida imposible en la secundaria. “Pero bueno, espero que aquí me la dejen pasar... Ya no me siento tan pesimista” comentó, mientras notaba como el muchacho bebía una especie de...¿batido? De repente, recordó que no le había dado tiempo de desayunar. “Por cierto, Seungri... ¿dónde es la cafetería? Muero de hambre”.
flcwersea:
“Oh… Vale, entonces cambiaré lo que dije: Debiste haber dicho algo de la manera correcta” Yoohwa tiene las mejillas infladas y los brazos en forma de jarra sobre su cintura. No le hacía ni una pizca de feliz que la gente quedara impune de ese modo pero de momento algo se le antojaba todavía más importante: Enseñarle a esa chica cómo defenderse de los demás. Cuando esta se presenta casi de inmediato la expresión consternada de la rubia flaquea. “Bueno, Gabrella… Yo soy Yoohwa, ¡y a partir de hoy seré tu profesora! No volveremos a permitir que te hablen así nunca jamás, ¿bien? Eres demasiado preciosa para pasar desapercibida” con un movimiento exagerado da un giro y se deja caer junto al espacio que había al lado de la extraña. O mejor dicho, Gabriella. “Primero que todo, ¡lo importante es saber cómo proyectar la voz! No sólo se trata de alzarla, sino de notarte firme. ¿Bien?”
Cada segundo que transcurría observando a la joven su sonrisa se ampliaba progresivamente. Sentía que era un mismísimo ángel que la vida le envió para sacarla de aquel mal humor. Después de todo una mala mañana no era un mal día.
La confianza que mostraba no sólo con sus gestos faciales, sino con todo su cuerpo, le hicieron querer seguirle el juego. Después de todo, seguro aprendería algo de aquella jovencita tan determinada. Al encontrarse con todos aquellos movimientos inesperados y palabras demandantes, decidió abandonar su expresión sorpresiva y se paró de aquel banco para intentar imitar aquella seguridad en su papel, sin embargo, no pudo evitar mantener su amplia sonrisa. Tenía que admitirlo; Yoohwa le parecía adorable con aquella actitud. No obstante, sí la tomaba en serio.
“¡De acuerdo, profesora! Seré una buena aprendiz” dijo con una voz más determinante, aplicando en seguida aquel consejo que recibió por parte de la castaña. “Probablemente sea la profesora más linda que haya tenido alguna vez”, agregó al final.
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namsooh:
Por su mente pasó la idea de que todo aquello simplemente siguiera un curso distinto al que pretendía con su insistencia, pero aquellas dudas cayeron tan pronto la chica expresó su condición. Entonces, la mirada de Soohyun se posó en el rostro de la de menor estatura, e incluso encontró sus ojos por un segundo a la vez que dibujaba una sonrisa grata en sus labios. Rascó con sus dedos el área de su nuca y respondió “De acuerdo, informal será.”
Su mirada no demoró mucho en volver al frente, pues no era alguien capaz de mantener contacto visual por más de un segundo. “Eso nos da algo de tiempo para mostrarte el lugar— o, bueno, parte de. Es enorme” se quejó con una mueca, sacudiendo la cabeza antes de concluir “Y yo soy Soohyun, Nam Soohyun.”
“Tranquila, la verdad me conformo con saber dónde están mis salones de clase y cómo llegar a ellos, pero eso puede esperar” comentó tras un suspiro al tiempo que buscaba con su mirada un cartel que diga “cafetería” o algún lugar que se le parezca a una. Estaba casi segura de que había uno muy cerca, ya que antes de ingresar al ‘laberinto’ desayunó en alguno.
Estuvo a punto de preguntarle a la más alta de estatura dónde se podía encontrar una cafetería cercana tras enlentecer sus pasos unos momentos, pero para su suerte consiguió divisar el lugar buscado, procediendo a seguir con su camino decidido.
“Necesitaba salir un momento de ahí... ¿Tu no tienes clases?, ¿qué carrera estudias?” cuestionó, esta vez con toda su atención puesta en Soohyun. Aprovechó la clara luz del sol para observar con detalle aquel largo y bien cuidado cabello moviéndose ligeramente a causa de la brisa, así como su rostro perfilado en general, mientras escuchaba su respuesta.
namsooh:
Gracias al porte dubitativo detrás de la incertidumbre de si arruinaría el humor de la extraña aún más o no, tan pronto SooHyun tocó el hombro adverso y vio que la chica detuvo su caminar retrajo su mano de regreso a su pecho. Esperó un par de segundos, creyendo que le vería a la cara una vez más, pero descubriendo al poco tiempo que la conversación continuaría mientras veía nada más que la espalda contraria.
Escuchó a la chica extranjera hablar, frunciendo el ceño con ligereza mientras tomaba en consideración cada palabra. Cuándo la extraña terminó de hablar, SooHyun asintió con simpleza y se preparó a contestar. No obstante, se encontró con que la chica había comenzado a caminar de nuevo. Cerró los labios que ya se habían abierto con esperanza de articular palabra, pero no las exteriorizó hasta que le hubo alcanzado de nuevo.
A paso parejo y manteniéndose ahora al costado de la otra mientras caminaba, siguió con la conversación “¿En qué aula es su próxima clase?” inquirió la futura lingüista, dedicando una ligera sonrisa mientras intentaba capturar al menos un vistazo de la expresión ajena “Yo le acompaño, así no se pierde de nuevo y le ayudo a orientarse un poco por aquí.”
Definitivamente esta vez se volteó para mirar la chica a su lado aunque sea unos segundos. El interés y amabilidad que seguía demostrando le desconcertó de buena manera a la más baja. Pese a ello, no estaba tranquila con un sólo detalle. “Tengo una condición; tratémonos informalmente desde ahora, ¿te parece?” inquirió con una pequeña sonrisa sincera, dejando la idea de que la relación entre ambas era ‘irremediable’. Tal vez aquella sonrisa de la adversa hacía unos segundos influyó en aquello.
“No tengo prisa ahora, mi próxima clase es en dos horas...” contestó a destiempo sin detener el andar, hasta haber llegado a la puerta de salida hacia el campus. “Por cierto, soy Gabriella. ¿Tú?”
flcwersea:
Yoohwa está dispuesta a soltarle su buen grito al policía que empujó a la chica cuando, dicha chica, ya ha desaparecido. Está confundida, por supuesto, así que tiene que preguntar si han visto una joven así y asá que ha caído al piso apenas un minuto atrás y que llevaba muchos libros encima.
Por supuesto, parece que nadie la ha visto.
“¡Aish! ¡Cómo es posible que estos policías siempre se salgan con la suya!” un suspiro de frustración se escucha al finalizar las palabras. Con los brazos cruzados y andando un poco más, meramente dirigida por su instinto de ayuda, llega hasta el pasillo en que encuentra a la castaña. “¡Oye! ¡Tú! ¡Te me perdiste antes de que pudiera regañar a ese cretino!” se lleva las manos a la cintura y acerca. Tiene un ceño pronunciado cuando se deja caer a su lado. “¡Debiste haberle dicho algo!”
Una de las habilidades por excelencia de Gabriella era ser invisible al resto, por ello, le sorprendió que alguien haya notado su presencia en medio del revuelo. Pudo haber sido cualquier otra chica, pero parecía que a alguien se le había quedado grabada esa escena con bastante enojo, aquel enojo que la joven que se iba acercando a la banca en la que se había sentado, se lo estaba haciendo saber. Mientras tanto, mantenía sus ojos bien abiertos y con atención sobre la desconocida. “La verdad no valía la pena. Estaba casi gritándoles para que me dejen pasar, y honestamente, con que hayan hecho eso fue suficiente para mi” le contestó a la inquieta muchacha a su lado. Era divertido, ya que la inquieta era ella misma hace segundos atrás. “Soy Gabriella, ¿y tú?” inquirió con una sonrisa. Se sentía feliz de ser defendida de alguna forma.
r1d33r:
Ryder tenía en la mente que todo esto iba parte de un plan secreto, aunque también agradecía a la persona que realizo todo, debía ser toda una mente maestra para esto. Sentado en un banco observando su móvil, y algunas actualizaciones de sus redes sociales y especialmente escapando de algunas clases, el joven deseaba estar en otro lugar que estar escuchando a su maestra. Su tranquilidad no duro mucho, cuando una muchacha llegó a su lado, y el castaño no dudo en mirarla de reojo. “¿Teniendo un día duro?” Preguntó, con una clara sonrisa en su rostro.
Aquella pregunta que recibió logró hacerla sonreír un poco. Seguramente, se le notaba (además de su cara) una notoria aura de “tengo un pésimo día”. Pese a ello, le sorprendía que el chico mostrara una sonrisa. ¿A caso no le tenía miedo a una mujer con mal humor? Porque generalmente, ellos mismos lo admitían y estaba acostumbrada a escuchar eso, pero no parecía ser el caso del joven. “La verdad... Sí. Acabo de perder mi primer curso y es mi primer día aquí” le comentó al muchacho. Quizá, debido a aquel semblante que le inspiraba confianza. “¿Y tú? ¿Estás en tu rato libre?”

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thecngs:
“Porque son incompetentes y tienen que trabajar en masa para resolver un simple caso de hackeo.” ¿Qué sabía él de hackear? ¿De computadoras? Tanto como lo haría un gato, pero eso no le impidió mirar con desdén a la fuerza. De hecho, se expresó con tal desinterés y a sabiendas de que rondaban por ahí, casi parecia que no le importase que le escucharan. Un poco contradictorio considerando que no ‘quería problemas’. “Ten en cuenta que todos estamos lidiando con esta estupidez. En unos días se te olvidará tu primer día fatídico. O no.” Sacudió una mano en el aire en movimientos flojos.
Aquel comentario subestimando a los oficiales de policía le hizo al menos sacar una leve sonrisa. Le había causado gracia porque tenía razón. Al pensar bien en la situación, ¿no sabían a caso trabajar discretamente sin molestar a los estudiantes? ‘Deplorable trabajo para ser profesionales de la seguridad’, pensó.
“Probablemente a fin de año lo recuerde como algo de lo que me reiría... Por cierto, ¿qué carrera estudias?” inquirió, de pronto sintiendo como la frustración se le iba rápidamente. Era cierto, todos estaban metidos en la misma jaula y pasando incomodidades en mayor o menor medida. Además, ya estaba haciendo sociales con alguien y esa era una buena razón para no sentarse sola en el almuerzo, ¿no? Mientras haya buena plática, claro. “Si es que se puede saber”.
namsooh:
Si había algo que detestaba era que las personas fueran egoístas o malagradecidas. Para la joven se trataba de algo tan sencillo de ejercer, gratitud y cortesía, ¿por qué habría de resultar un problema tan grande para otros? ¿A qué tanto debían renunciar para poder practicarla? Sin embargo, hubo quizá en el momento de ignorar factores detrás del comportamiento de la extraña. De ésto se dio cuenta tan pronto notó el reflejo de la luz de día en la humedad en los bordes de sus pequeños ojos.
Algo dentro de SooHyun se hizo pequeño. Tanto como detestaba el egoísmo y descortesía detestaba también el herir a los demás, por lo que le fue imposible no sentir algo de culpa al ver la respuesta de su contraria. Dudó, no obstante, el hacer algo más mientras le veía alejarse. Las probabilidades de arreglar algo parecían ser las mismas de meter la pata como ya lo había hecho.
Un segundo después, mandó al demonio dichas probabilidades.
Caminó detrás de la chica, acelerando el paso y tocándole el hombro tan pronto le hubo alcanzado. “Oiga, espere” no pretendía pasar las líneas y ser intrusa en sus asuntos, por lo que se aseguró de mantener la distancia cuando la detuvo “¿se encuentra bien? No… N-No era mi intención sonar… grosera, ¿fui grosera?” pregunta estúpida, quizá, puesto que era posible deducir la respuesta.
Se detuvo en seco ante el llamado de atención, sin embargo, no se dio la vuelta. No podía permitir que la viera en aquel estado. ¿A caso esa muchacha se estaba preocupando por quedar mal?
No... Rayos, tenía que dejar a un lado su enojo con el mundo. Por el momento no había alguna forma de canalizarlo, no obstante, se dejó llevar por el sentimiento llamado angustia para poder ‘abrirse’ de alguna forma, sintiendo que aquel nudo en su garganta ya no le presionaba tanto.
“No, no fuiste grosera” contestó con un deje de debilidad en su notablemente apacible tono de voz. “Sólo que hoy no es mi día. Ya me perdí en este enorme laberinto, tengo un pésimo sentido de la orientación”, ‘rió’ entre dientes de sí misma. “Jamás me había ido tan mal en un primer día de curso... Y ahora le caigo pésimo a una persona. Comienzo a preguntarme qué estoy haciendo aquí, ¿sabes?”.
A medida que Gabriella hablaba, afianzaba con fuerza el agarre en los libros y hojas que se negaba a apartar de su propio pecho. ¿Qué estaba haciendo? ¿Desahogándose? ¿Qué tanto podría interesarle a la otra? Además, si había algo que detestaba, era que la gente sintiera pena por ella. ¿Por qué continuaba hablando con esa mujer? Aquella a quien le había causado, según Gabriella, una irreversible mala impresión.
Soltó un par de leves sonrisas sarcásticas que podrían confundirse con llanto para sí misma, mientras que con la manga de su chaqueta, limpiaba un par de débiles lágrimas que escaparon de sus ojos. “Lamento la mala impresión que te causé” agregó por último, dando por finalizada la charla en aquel momento y posteriormente disponerse a caminar, esta vez, sin prisa.
thecngs:
Theo, que estaba ahí sentado con la nariz metida en su teléfono, dio un respingo cuando otra persona llegó de intrusa a sentarse en el banco. ¿Quién osaba irrumpir en su momento de calma así como así? Un bufido discreto se le escapó, mirándola a ella y a su desorden de cosas por el rabillo del ojo; una hoja llegó a sus pies. Tenía la elección de ignorarla, pisarla por accidente y hacerse el desentendido, o… “Toma.” Se la tendió luego de recogerla, su voz monótona y su mirada aún estancada en el suelo. “¿Y tú qué? ¿Huyendo de la policía que te apareces así?”
Un simple “gracias” salió de entre sus labios mientras recibía la hoja por parte del desconocido a quien parecía haber interrumpido con su presencia y aura de mal humor. ¿No podía sólo por un día ser invisible, o que la tierra la tragase? Seguramente se evitaría preguntas que no tenía ganas de responder, justamente como la que acababa de recibir. Así mismo, sabía que los demás no tenían por qué lidiar con su mal humor a causa de un mal día. Su cabeza se volteó hacia el muchacho para detenerse a mirarlo unos pocos segundos antes de hablar. “¿Por qué están en todos lados?”, cuestionó. “No sabía que en esta institución todo me iba a salir tan mal el primer día de clases...” comentó con frustración.
jeangrngrr:
Constantemente se cuestionaba así misma ¿Por qué seguía estudiando esa bendita carrera? Ni si quiera sabía si la Jean de antes la había escogido por gusto o fue forzada a estudiarla como ahora era forzada a continuarla. Siempre, siempre obligada a lidiar con decisiones tomadas por aquella desconocida que le devolvía la mirada en el espejo. Desanimada y con el cerebro apunto de estallar, la jovencita se dejo caer dramáticamente en la banca de modo en que su cuerpo quedo recostado y su cabeza a escasos centímetros de la desconocida ❛ hola chica de la banquita. Te haré una pregunta ¿nunca has sentido la necesidad de abandonar la universidad y volverte vagabundo o granjero? ❜
“Créeme, en este momento desearía nunca haber ingresado a esta Universidad...”, inquirió con un notable enfado por el reciente acontecimiento que sufrió. Ni siquiera se había tomado la molestia de razonar si aquella pregunta que recibió era de su inconsciente o de alquien más. ¿A quién le estaba contestando? Se había percatado de la repentina presencia femenina hasta que volteó hacia un lado observándola sobre sus propios hombros; Una joven de cabello obscuro, al parecer, bastante desanimada con su vida universitaria. “¿Tienes idea por qué hay tantos policías al rededor? Por cierto... ¿Qué estudias?” cuestionó. La curiosidad por saber la razón del desánimo de la chica reemplazó su momentáneo enojo.
namsooh:
En un segundo la serenidad y arrepentimiento en su expresión perecieron. Un cambio drástico se presentó, llevándose la sencilla sonrisa cortés que antes había adornado las comisuras de sus pequeños labios. La reacción por parte de la joven a la que pretendía (o quería) ayudar desapareció con la gravedad de su respuesta. SooHyun estaba consciente del daño que había hecho, pero del mismo modo reconocía que éste no había sido intencional. De haberlo sido, ¿por qué estaría de pie frente a la otra devolviendo lo que dejó atrás? Hubo de suponer que quizá la extraña no tenía cabeza para hacerse esa clase de preguntas, e instintivamente tomaba el camino prejudicial.
No articuló palabra alguna, tan solo se limitó a estudiar las facciones ajenas. Podía notar el límite de su persona en cada pequeño movimiento, en las gotas de sudor sobre su piel; tan solo el aura misma le daba entender a la futura lingüista que la extraña estaba en un mal humor. Sin embargo, SooHyun no era quien para cobrar consecuencias de ello.
“Puedo darle mi viejo mapa si lo necesita,” comenzó con voz calma, pero firme “pero aconsejaría que tomara un respiro antes de explotar de ese modo con alguien que tan solo ha buscado ayudar.”
Las firmes palabras que entraron por sus oídos le golpearon fuerte el pecho, más que nunca en aquel momento, el famoso “nudo en la garganta” se había instalado en ella sin intenciones de irse al menos por un buen rato. Observó la fría mirada (según Gabriella) que tenían aquellas oscuras orbes en completo silencio. Algo le inquietaba.
De pronto reconoció lo molesto que encontraba en aquel tono de voz, “aconsejándola tomar un respiro”. ‘Que bien por ella’, pensó, ‘seguro lleva su vida con bastante calma siempre’. Recordó el por qué de su molestia al instante; en su casa y durante toda su vida le hablaron igual, aquella formalidad, aquella expresión desagradable, aquel tono en sus palabras... Y Gabriella, sintiéndose una idiota como siempre. Una idiota con un gran orgullo.
Mientras comenzaba a creer que tenía un serio problema temperamental, la angustia en su pecho crecía a pasos agigantados. “¿Puedes...?” Oh-oh. Al abrir su boca y hacer el intento de pedir indicaciones, bajó su cabeza para evitar a toda costa que la chica que tenía en frente notara sus ojos húmedos, alertando la presencia de lágrimas pronto.
Comenzó a juntar sus cosas nuevamente en total silencio. Su único deseo en el momento era huir de allí, huir de las palabras firmes, huir de los oficiales, huir de las miradas frías, de los accidentes, simplemente huir y estar tranquila. Y mientras comenzaba a caminar buscando una salida en dirección opuesta a la estudiante que seguramente se le habría quedado mirando con extrañeza, no pudo evitar irse con su mente puesta en lo extraña, odiosa e incómoda que habría sido para aquella chica.

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sevngr:
“Hey, hey, hey,” amistoso, soltó Seungri, que recogió un par de hojas que salieron volando cuando la otra dejó caer sus cosas contra el suelo. “Siento la necesidad de ofrecerme como saco de boxeo, pero no se me da tan bien recibir golpes hoy en día,” bromeó y le enseñó una sonrisa cargada de humor, en lo que le dejaba las hojas a su lado, sentándose un par de centímetros más allá, con un batido en la mano. El infaltable batido de Seungri. “No es que me incumba ni nada, pero… pareciera que te falta romper algunos platos. ¿Sabes de lo que hablo?” sorbió de la pajita de su batido, y se la quedó mirando por algunos segundos antes de tomar un plato imaginario y azotarlo contra lo que parecía una pared imaginaria. “¿No? No. Okay, okay. Me callo.”
Pese a la tormenta que ocurría en su cabeza, la chispeante voz masculina logró captar su atención y desviar un poco su preocupación. El aura divertido que rodeaba a este chico era totalmente contagioso, por lo que no pudo evitar sonreírle de la forma más sincera, también porque en parte era cierto; no le vendría nada mal romper unos cuantos platos. “Una de mis fantasías es pegarle con una sartén en la cabeza a alguien cuando esté furiosa” dijo, intentando sonar lo más seria posible al respecto. Si algo caracterizaba a Gabriella era su sinceridad. La franqueza corría por sus venas. “Me llamo Gabriella y hoy es uno de los peores días de mi vida. No sé ubicarme aquí dentro y ya perdí la primer hora del curso” inquirió junto con un suspiro, tomando una postura un poco más relajada.
namsooh:
Un día más transcurría dentro de aquél lugar, aunque todo apuntaba a que lejos de desaparecer el estrés seguiría acumulándose dentro de la joven estudiante de lingüística. Como resultado del ciber-ataque que la escuela completa había sufrido, dedicaba cada momento libre a estudiar todo aquello que hacía tiempo había pasado a segundo plano. Y fue así que, mientras seguía esa rutina en la que se había visto obligada a caer, se encontró a sí misma caminando por el pasillo de aquel edificio, en dirección a la biblioteca.
No obstante, en algún punto de su trayectoria hubo una escena que captó su atención. Un estruendo efímero, hojas de papel cayendo dóciles al suelo y una chica de estatura más pequeña a la suya apresurándose a recogerlos. El instinto de SooHyun le llevó a dar un paso al frente, buscando ayudar a la extraña a recoger sus pertenencias, pero ésta hubo de moverse con la prisa necesaria para impedir su cortesía.
De éste modo, le vio partir en dirección opuesta a la que ella seguía. Pero no fue sino hasta que se disponía a continuar su camino que notó como un par de hojas habían quedado debajo de la suela de su zapato izquierdo. Con dicho descubrimiento, SooHyun apuró a tomarlas y seguir a la extraña hasta su pausa en aquel banco. “Me parece que ésto es suyo” dijo la joven de hebras obscuras mientras intentaba limpiar la huella de su zapato de las hojas arrugadas “Yo… lamento el estado en el que están, no me dí cuenta de que las pisaba.”
Con sus dedos y manos procuraba insistir en que la humedad de sus sienes y frente se fueran, aquella que probablemente existía gracias a los nervios intensos que estuvo sufriendo los últimos minutos. Definitivamente nunca le había ido tan pésimo un primer día de clases. ¿Qué pensarían los profesores de ella ahora? No podía entrar a un salón en esas condiciones, menos si no sabía siquiera dónde se encontraba ahora. No se podía permitir perder la beca que tanto trabajo le había costado.
Cada segundo que pasaba le carcomía más el remordimiento de que no iba a llegar a tiempo. Por cuantos suspiros diera la calma no parecía llegar para Gabriella, pero algo la sacó de su abrumadora mente, una voz que provenía de una persona que se encontraba parada al menos a un metro de ella. Su intención fue desviar su mirada de su propio regazo para intentar saber de quién se trataba, pero inevitablemente pasó por el suelo antes de llegar al rostro de la persona desconocida. “¡Ten cuidado! Agh, ¿tu también? ¡Vas a arruinar mi mapa!” Exclamó precipitada al mismo tiempo que se lanzaba al suelo para recoger la ya manchada hoja de papel, aquella que era imprescindible para poder ubicarse al menos los primeros días, aunque lamentablemente ya estaba arruinada en suciedad. “Great...” Agregó con sarcasmo al notar el maltrato, uno que posiblemente haya sido también debido al incidente con los molestos oficiales y recién lo estaba notando, sin embargo, no era necesario aún más estropeo para una débil hoja con unas cuantas líneas y garabatos inentendibles dibujados con lápiz. “¿Todo lo que ves lo pisas?” Inquirió molesta y abrumada por la situación. ‘Esto no puede estar pasándome’ pensó. “Gracias, creo.” Comentó cabizbaja al tomar las hojas dañadas que tenía la otra joven aún en sus manos, incorporándolas nuevamente al resto de su papelerío que yacía desprolijo sobre la banca.
Reincorporándose por fin, se detuvo a mirar a quien tenía en frente. Un sentimiento desagradable y opresor se extendía sobre su pecho y garganta; Supo darse cuenta de el mal vocabulario y comportamiento que había tenido con la muchacha apenas pudo ver la expresión desagradable que llevaba, después de todo, ella no tenía la culpa de su mal humor y lo que acontecía al rededor. Pero, ¿qué podía hacer ahora? Ya había causado una pésima impresión y dudaba arreglarlo fácilmente. “Disculpa”, fueron las débiles palabras que lograron salir de entre sus labios.