( The final countdown )
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Gudjón no tenía intención de pujar por nada (lo cierto es que nunca antes había asistido a una subasta, ni benéfica ni de ningún tipo), lo que lo había atraído de aquel evento era precisamente a la persona que iba dedicada. Por supuesto que extrañaba a Carlos y a Thien, además de Chandra que seguía ausente sin un paradero confirmado al que ir a buscarla… Pero Jane, Jane no solo había sido su compañera de clan sino la madre de todos ellos. Aquella gala no le haría justicia, no demostraría lo mucho que se la extrañaba, pero era un paso para mantener de algún modo su recuerdo entre ellos. -La echo de menos. Dijo a modo de recibida de la persona, ya fuera física o bien hubiera iniciado una conexión debido a la melancolía.
-No solo hoy, ni solo ahora, ni solo en esta gala… Quizás no eran muy dados a hablar de ella o a sacar el tema, pero estaba seguro de que todos la llevaban en su corazón así como sentían la ausencia de su voz, una voz que había estado fuertemente unida (y no solo a ellos, sino a los clanes que había despertado). Suspiró y movió la cabeza, desviando la mirada de la nada a la persona que tenía a su lado. -¿Qué crees que podrá ser lo que nos quiera decir su padre? Era John Bates los que los había atraído hasta esa gala… Y no precisamente con la intención de rememorar a Jane, sino a contar algo que de momento no sabían lo que era.
Fin de año.
Siempre había visto ese evento como algo falso y cínico. Se celebra cómo si de un día para otro, las vidas fuesen a cambiar, como si ponerte un pronóstico para el uno de enero funcionaría mejor que proponertelo el diecinueve de mayo o cualquier otro día del año.
Las miserias no acababan por ser un año distinto.
Quizás nunca había deseado tanto que eso fuese verdad, quizás porque la desesperación porque aquella tortura acabase le hacía sentir a Asier, ¿Esperanza? Eso que el amargado del español parecía no sentir nunca.
Iluso —se decía a si mismo segundos después— como si con la llegada del 2020 todo se fuese a acabar.
— El recuerdo de aquellos que nos dejan nunca nos abandona. Se queda ahí latente durante toda la vida, como un dolor que nunca cesa. — Aprender a vivir con ese dolor no es lo mismo que superarlo, pero Asier no creía posible superar la marcha y fin de vida de alguien cuyo momento había llegado antes de lo merecido. Se encogió de hombros. — No lo sé, pero es lo suficientemente importante como para volver a juntarnos. — Y después de la última información que les llegó a través de él, confiaba en sus palabras. — Y por estúpido que suene, espero que sea algo que mejore nuestro 2020. —

















