frunce la nariz ante la afirmación, todo lo relacionado a la clave y su experiencia allí sintiéndose distante, como si hubiese sucedido hace mucho tiempo atrás. ' ya veo ' paradero del can lo hace asentir con ligereza, asumiendo que aquella era la mejor opción cuando el tiempo y las atenciones ya no podían ser las mismas. ' y lo extrañas, imagino' porque había visto lo estrecha que era la relación entre ambos. ' a castor tienen que cuidarlo mis managers a veces, así que entiendo un poco la situación' y si el tono de voz es más bajo de lo normal, es porque lamenta no tener a nadie más cercano para confiarle su cuidado. apoyado sobre el colchón, las manos juegan nerviosamente una con la otra, la pesadez del espacio compartido cerniéndose sobre sí y haciendo que se vuelva aun más consciente del frenético ritmo de su pulso. la proximidad eventual y el toque entre dermis no ayuda a sosegar esa inquietud que siente, y cuando le tiene tan cerca y (para variar) burlándose de él, no puede hacer más que rodar los ojos mientras se aferra a los últimos remanentes de compostura que le quedan. ' ¿es mi culpa, dices? si tú eres el demonio besucón' lo acusa sin más, ' ¿nunca te avergüenzas nada?' cuestiona, y la pregunta no es recriminatoria, sino genuina. realmente sentía curiosidad, sobretodo cuando él mismo se hundía en la vergüenza ahora mismo, sintiéndose como un idiota por todas las cosas que había verbalizado y medio arrepintiéndose de abrir ese rincón de sus pensamientos. la mezcla de emociones encontradas hace que un jadeo (parecido a un quejido) huya de sus labios cuando el otro presiona más sobre su labio, y su corazón se desboca más cuando el mayor presiona sobre sí, de pronto viéndose arrinconado. en esa pequeña habitación, con cajas a medio desembalar y unos pocos muebles adornando el piso, donde no había nadie más que ellos dos, de pronto se sentía enormemente acechado. ' ¿yo estaba emocionado? si empezaste tú' le devuelve la burla con torpeza, y saber que el tono que emplea no podría ni de lejos igualar la sorna opuesta hace que se irrite de una forma inexplicable, como si quisiese robarle esa tranquilidad que le mostraba y él mismo era incapaz de sentir. cuando el beso llega de nuevo, medio se estremece, y cierra los ojos de pura inercia. sus manos se posan en los hombros ajenos y su boca intenta seguir el ritmo de la otra, preguntándose si lo está haciendo bien, si es correcto, si moverse así no hará que sus dientes choquen hasta romperse y sus labios se hinchen y duelan. la cabeza se le llena de cuestionamientos sin sentido mientras su cuerpo presiona contra el colchón, la suave superficie cerniéndose sobre su espalda mientras el cuerpo del mayor se cierne sobre sí. cuando el beso se detiene, su boca permanece húmeda y entreabierta para poder respirar de vuelta. poco a poco, parpadea una vez que abre los ojos, y encontrarse directamente con la mirada del mayor sobre sí hace que los nervios se enreden aun más en su estómago. los aleteos de sus pestañas son suaves cuando le observa mirarlo, sintiendo que el silencio se prolonga demasiado, preguntándose que es lo que mingyu piensa tanto. quizás por eso es que le sorprende escuchar la confesión, recibiendo la respuesta a esa pregunta que pensó que se había quedado atrás, junto con la isla. sus párpados vuelven a entrecerrarse apenas el suave contacto se da sobre su rostro, y está seguro de que puede sentir como los latidos resuenan en su propia cabeza, silenciando los pensamientos de antes. en su lugar, solo puede escuchar la ronca voz opuesta y sus propios suspiros, y eso le estremece, debilitando la fuerza que podría tener para levantarse a irse. pf, ¿desde cuando actúa como una señorita enamorada? que vergonzoso. cada nuevo beso ejerce un cosquilleo involuntario, y sus manos aprietan la tela de la camisa opuesta mientras le deja hacer libremente, sin el afán de detenerlo. ' ya te oí' medio susurra, y sus manos finalmente liberan su agarre para ahora cubrir sus ojos, como si pudiese esconder así todo el bochorno que siente ahora mismo.
' no lo repitas más—' sus labios se tuercen en un gesto complicado mientras el carmín le cubre toda la cara y se va hasta sus orejas, dejando en evidencia el efecto que han tenido sus palabras sobre sí. como si pudiese encontrar confort allí, sus dedos juegan con un mechón de su flequillo. ' no debí haber preguntado otra vez. ahora me estoy muriendo de la vergüenza' exagera, y luego, cuando le vuelve a mirar, solo puede contemplarle con un rostro igual de rojo. ' no sé— qué decir en situaciones como estas ' admite, todavía bajo los efectos de todas aquellas sensaciones que dejó el beso anterior. ' pero supongo que' ahí, alza sus manos, y vuelve a atraer al otro por los hombros, ' — no me molesta hacer... esto' y eso lo admite con un susurro aun más bajito, como si quisiese hablar más consigo mismo aun sabiendo que será escuchado de todas formas. a las palabras las sigue sus propios labios presionando contra la boca ajena de nuevo, con esa timidez y torpeza extraña, clamando por un nuevo encuentro. @rsiecrr