Sentado a los pies de la cama de mi viejo
contemplo su cuerpo desnudo y dormido.
Está bien, papá, ya han pasado muchos años
y es bueno que duermas un poco.
A través de la ventana se escucha el ladrido de un
perro.
Me cruzo de brazos en la penumbra de la habitaciĂłn
y detengo mis ojos en la figura del campeĂłn del
mundo:
De pie, señores, un poco de respeto para los hombres
como mi viejo
que doblegaron sus vidas en trabajos miserables.
No todos podemos zafar de la agonĂa de la Ă©poca.
Y asĂ
en este momento
a los pies de la cama de mi viejo
yo también prefiero morir antes que envejecer.
FC










