Palabras que construyen lugares.
Mis pasos eran normales, escalón por escalón, escalera en caracol.
La mirada siempre baja, no existen miradas que no tambaleen mi camino.
Se asomaba el puente y el frÃo también, era invierno y el sol era de una estación intermediaria.
Los perfiles anaranjados, un ojo más claro que el otro, hasta las tristezas parecÃan querer florecer de libertad.
Algo paro, algo se freno y mire hacia un costado. Como quisiera que ese balcón de flores esté siempre abierto, serÃa mi lugar en el mundo.
Vuelvo a la mirada, y estabas ahÃ. Sentado en un banco, el sol acariciaba la forma de tu pelo y la sonrisa se pronunciaba más, eras feliz y yo no era parte de eso.
Me acerque, mi dÃa ya no era el mismo. Te sonreÃ, me sente. Tome tu cuaderno y mientras me hablabas de las estrellas, lo único que podÃa pensar era en el suave flameo de las flores, el libre deseo de dejarse llevar, ser parte del viento, ser el viento. Y aunque el sol estaba a mi favor, me sentÃa a años luz de vos.
"Instante" dijo y volvà al mundo, a este mundo. SonreÃ, siempre me agrado esa palabra. Tome su cuaderno y dibuje lo primero que se me vino. Respetaba esos ataques de dibujos, era mi mente hablando.
- ¿Qué vas a dibujar? - Dijo él.
- Sólo un mundo en tu hoja - Dije - ¿Puedo dibujar un mundo en tu hoja?