LleguĂ© a un lugar desconocido que tenĂa un aire familiar. AhĂ se encontraba una persona que solĂa conocer años atrás, ahora desamparada y con la mirada desgastada, esperando un alma a quien abrazar.
Me recibió con los brazos abiertos y pude ver sus heridas en el pecho y la espalda, los nudos en la garganta, el corazón ensangrentado y la espina rota por las cargas que no pudo más.
En ese instante, nuestros cuerpos se transformaban, y mis extremidades se fundĂan contra sus heridas. Ahora compartĂamos en la agonĂa.
Pude ver en mĂ tu historia, y vimos ambas repetirse el ciclo de nuestra progenitora. SentĂ como te destruĂas y te aprisionabas en dogmas que prometĂan liberarte.
IntentĂ© ayudarte, de mĂ a ti, el puño haciĂ©ndose paso a travĂ©s de las vĂsceras y mi corazĂłn, extendiendo mi mano sin haber respuesta y sintiendo el dolor de la impotencia.
Por la mañana, vi nuestro reflejo en el agua, el rostro amorfo. Tu boca, como un parásito, perforando mi cráneo e infectando mi juicio.
Lágrimas acariciaban mi rostro, suavemente resbalando por las mejillas. SentĂ un calor en mi pecho y una pequeña alegrĂa. Supe que habĂa algo en mĂ que todavĂa respira. Estaba atrapada pero habĂa esperanza.
Entonces, tus ojos notaron un cambio y con mis propias manos pretendĂ darte paso. Un momento a solas para mĂ era tortura, pero te veĂa y tĂş sonreĂas. Cada vez que hablabas, era un corte en el alma pero yo resistĂa porque mi vida dependĂa.
Solo cuento los dĂas en que pueda recuperar mi vida.
















