Se contemplaba unida a un hombre cuyo amor y fidelidad le eran bien conocidos y a quien amaba con toda su alma; a un hombre que por su carácter, tan entero como apacible, parecía formado para asegurar la felicidad de una mujer honrada. Comprendía lo que este hombre era y debía ser siempre para ella y para su familia. Por otra parte, le había sido tan simpático Werther desde el momento en que se conocieron, y llegó a serle tan querido, era tan espontáneo el afecto que los unía, y había engendrado tal intimidad el largo trato que medió entre ambos, que el corazón de Carlota conservaba de ello impresiones indelebles. Se había acostumbrado a contarle todo lo que pensaba, todo lo que sentía. Su marcha, por tanto, iba a producir en la vida de Carlota un vacío que nada podía llenar.
“Las penas del joven Werther” - Johann Wolfgang von Goethe. (via viejaculturafrita)












