Durante mucho tiempo escribí con la esperanza de que alguien se reconociera en mis palabras. Escribí esperando que alguien entendiera lo que nunca supe explicar en voz alta. Escribí para despedirme, para quedarme, para hacer preguntas que nunca tuvieron respuesta.
Y sin darme cuenta, casi siempre había un "vos" del otro lado. Hoy quiero intentar algo distinto. Quiero escribirle a la única persona que estuvo en todas mis historias. A la que lloró cada pérdida, celebró cada logro en silencio, se rompió más veces de las que admite y, aun así, encontró la forma de seguir.
Quiero escribirme a mí.
No porque ya tenga todas las respuestas. Al contrario. Porque por primera vez siento que las preguntas correctas no son sobre quién se fue, quién volvió o quién no supo quererme.
Las preguntas son otras. ¿Cómo estás, de verdad? ¿Hace cuánto no te escuchás sin juzgarte? ¿Cuándo fue la última vez que te abrazaste con la misma paciencia con la que abrazás a los demás?
Quizás pasé demasiado tiempo esperando palabras que nunca llegaron, cuando las únicas que realmente necesitaba eran las mías. Así que hoy empiezo de nuevo. No para convertirme en alguien distinto, sino para volver a encontrarme con la mujer que fui dejando en pedacitos mientras intentaba sostener a todo el mundo.
Quiero aprender a hablarme con respeto cuando me equivoque. A tenerme paciencia cuando no pueda. A elegirme incluso los días en que no me sienta suficiente. Porque el amor propio no siempre se parece a una frase linda frente al espejo. A veces se parece más a dejar de abandonarte para perseguir a quien no hace el esfuerzo de encontrarte.
No sé cuánto me va a costar este camino. Pero sí sé una cosa. Si voy a escribir el resto de mi vida, quiero que mis palabras también sean un lugar seguro para mí.
Esta vez no escribo para que alguien vuelva. Escribo para no volver a irme de mí.
Fer













