Se encontraba lista para ir a la playa: bikini, pareo, anteojos de sol. No tenía idea de dónde quedaba, pero supuso que no le costaría averiguarlo. Lo único que le faltaba era colocarse protector solar, mas no podía encontrar el suyo por ningún lado. Irritada ante esto, se dirigió a la primera persona que cruzó en su camino—. Disculpa, ¿puedes prestarme algo de protector solar? No quiero perder mi tono ahora que conseguí el adecuado —colocó una minúscula sonrisa en sus labios, intentando sonar lo más amable posible.
Observó a la rubia por unos segundos mientras intentaba recordar en dónde había puesto su protector. Y la verdad era que ni siquiera tenía uno que colocarse a sí mismo. Rascó su mandíbula, para luego negar con la cabeza—. La verdad es que no tengo. Pero en el baño alguien siempre deja el suyo.















