No es tu culpa querer tanto
Amar nunca será malo
Para que te acuerdes que nos conocimos cansadas
Con la espalda contracturada
Y tú ya habías aprendido a bajar las armas
Por venir de una ternura infinita
Y yo tenía la guerra incrustada
Por venir de una herida abismal
No es tu culpa quererme tanto
Amar nunca será malo
Todas las cosas tienen su ritmo
Y nosotras estábamos aceleradas
Cuando me conociste ya tenía taquicardia
Y cuando te conocí
Tú ya te sentías absolutamente sola
No es nuestra culpa querernos tanto
Amar nunca será malo
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality
Anya is LIVE right now
FREE
Free to watch • No registration required • HD streaming
Creo que lo más difícil de entender es la verdad. No porque sea compleja, sino porque a veces duele. La mayoría no está dispuesta a escucharla y mucho menos a aceptarla. Ahí comienza la diferencia entre crecer o permanecer igual. Puedes intentar huir de ella durante un tiempo, ignorarla o disfrazarla si quieres. Pero tarde o temprano volverá a encontrarte. O puedes quedarte, escuchar lo que tiene que decirte y descubrir todo aquello que aún puedes mejorar. La verdad incomoda y no siempre es amable, pero también libera.
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality
Anya is LIVE right now
FREE
Free to watch • No registration required • HD streaming
Me pregunto si realmente entienden lo que provocan en mí. No solo tristeza. No solo dolor. Sino esta sensación de estar completamente sola incluso cuando la casa está llena.
Cada vez que se ríen siento cómo algo dentro de mí se rompe. Como si volviera a convertirme en alguien pequeña, torpe, fácil de señalar.
Y entonces dicen mi nombre de esa forma… esa forma que hace que mis emociones parezcan exageraciones, caprichos, un espectáculo.
Me convierten en una versión de mí que ya no quiero mirar. Traen de vuelta errores de los que ya me arrepentí suficientes veces en silencio. Los ponen sobre la mesa como si todavía me pertenecieran.
Y yo me callo. Porque aquí el silencio se volvió una forma de sobrevivir.
Confunden mi distancia con orgullo, cuando en realidad es miedo. Miedo de hablar y sentir que cualquier palabra puede ser usada después contra mí.
Los domingos pesan distinto. Mi cuerpo lo sabe desde que despierto. Hay una tensión rara en el aire, como si tuviera que prepararme emocionalmente antes de salir de mi cuarto. Prepararme para los comentarios disfrazados de bromas, para las miradas incómodas, para el agotamiento de fingir que nada me afecta.
Entonces hago lo de siempre: bajar la mirada y tragarme el llanto antes de que alguien lo note. Porque hay algo humillante en romperse frente a personas que nunca intentan entender por qué estás rota.
No es arrogancia. Nunca lo fue.
Es cansancio. Es sentirme alguien ajena en mi propia casa. Es haber escondido la tristeza durante tanto tiempo que ahora nadie imagina cuánto sigue doliendo.
Nunca aprendí a mirar de frente a mis miedos. O quizá sí, pero siempre con los ojos entrecerrados.
Cada problema llega a mi de manera silenciosa. Primero me nubla los ojos, luego me oprime el pecho, y después se trepa por las costillas como raíces desesperadas buscando dónde aferrarse. Me duele, pero finjo demencia para no ser descubierta en mi debilidad. Entonces respiro. Respiro como quien intenta apagar un incendio que jamás existió.
Y mientras afuera el mundo espera respuestas, yo prefiero esconderme en mi cabeza.
Construyo mundos imposibles, películas donde todo tiene sentido y donde yo soy la protagonista de algo hermoso, algo casi divino que no duele tanto. Ahí las palabras salen perfectas, la gente me entiende y los finales son felices. Ahí no tiemblo. Ahí soy quien quiero ser.
Pero la realidad siempre regresa, incrustándose en mis ojos como si fuera vidrio.
Y cuando algo sale mal, convierto mi mente en un tribunal. Me culpo por no haber pensado mejor, por no haber previsto el desastre, por no haber sido más inteligente o más fuerte. Como si mi cabeza fuera una máquina defectuosa y yo intentara repararla golpeándola contra sí misma.
A veces siento que vivo huyendo de incendios imaginarios. Corro aunque nadie me persiga. Me preparo para caídas que todavía no existen.
Y quizá el verdadero miedo nunca fue el problema en sí, sino descubrir que debajo de todos esos pensamientos hay una persona cansada, intentando aprender cómo sostenerse sin derrumbarse.
A veces, lo único que me queda es permanecer en silencio. En la ausencia de emociones que no sé nombrar. Sentir el frío abrazo del viento rozando mi piel, mientras el mundo sigue girando.
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality
Anya is LIVE right now
FREE
Free to watch • No registration required • HD streaming
En realidad, nadie me lo ha preguntado nunca, pero tengo miedo. Aunque ya no me tiemblan las piernas. Ya no corro, porque no sé hacia dónde ir. Y tampoco grito, porque mi voz se ha secado hace demasiado tiempo.
Es un miedo silencioso. Se esconde detrás de mis palabras falsas para que nadie me cuestione demasiado. Se filtra por las fisuras de mi piel como si siempre hubiera vivido ahí, sosteniendo lo que queda de mí… o quizá lo que ya no queda.
Tengo miedo de intentarlo de verdad. De poner todo de mí en algo y descubrir que no es suficiente. Que mis sueños no van a cumplirse. Que, después de todo el esfuerzo, todo permanezca igual o incluso peor.
Entonces me descubro suspendida entre lo que soy y lo que quisiera ser, imaginando todo lo que podría alcanzar si tuviera el valor suficiente para arrojarme de tal abismo.
Y creo que eso es lo que más miedo me da. No fracasar, sino confirmar. Confirmar que el mundo tenía razón sobre mí. Que todo eso que imaginé para mi vida nunca fue posible.
Supongo que por eso no lo intento. Porque mientras no lo haga, todavía existe la posibilidad de que algún día sí funcione.
Es una forma extraña de esperanza: quedarse quieta.
Permanecer en el mismo lugar mientras el tiempo sigue avanzando sin mirar atrás. Entonces me digo que mañana. Que mañana voy a poder. Que mañana voy a ser distinta, más valiente, más segura.
Pero el mañana se ha repetido tantas veces que terminó perdiendo sentido. Y, sin darme cuenta, los años empezaron a acumularse en silencio.
Han pasado cinco años así. Cinco años en los que, a veces, siento que no avancé en absoluto.
Solo aprendí a quedarme. Hace cinco años me miraba al espejo con odio. No era un odio ruidoso, era algo más constante, más íntimo. Como una voz baja que siempre encontraba algo que señalar.
También había tristeza. Y una sensación difícil de explicar, como si algo faltara dentro de mí, aunque nunca hubiera sabido exactamente qué era.
Volví a mirarme, y lo que más me dolió no fue encontrar defectos, sino reconocer la misma mirada.
Los mismos sentimientos intactos. Como si el tiempo jamás hubiera pasado por ellos.
A veces pienso que hay partes de mí que nunca abandonaron ese lugar. Desde los once años cargo una sensación difícil de nombrar. Como si mi vida nunca hubiera terminado de empezar. Como si no tuviera suficientes recuerdos que me sostengan. Como si jamás hubiera sido realmente importante en la historia de alguien.
No es que no exista. Es solo que, a veces, siento que paso desapercibida incluso para mí misma. Y hay días en los que todo pesa más. No ocurre nada en particular, pero todo se vuelve más difícil: levantarme, hablar, respirar.
Es extraño cómo algo tan automático puede sentirse tan consciente y a la vez, también doloroso. Son el recuerdo de que sigo con vida. Y que ya no la quiero.
A veces me pregunto si alguien más nota lo difíciles que pueden ser los días. Si alguien más vive con este vacío en el pecho y también aprende a esconderlo en silencio. Porque llorar no siempre es una opción. A veces el dolor se vuelve tan viejo que ni siquiera sabe salir.
Hubo un tiempo en el que pensé que desaparecer sería la única solución. No porque quisiera dejar de existir, sino porque quería descansar de mí.
Quería silencio. Quería dejar de sentir todo esto aunque fuera por un instante eterno.
Ahora solo me queda guardar todo dentro, apretar violentamente con fuerza el nudo en la garganta, y seguir.
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality
Anya is LIVE right now
FREE
Free to watch • No registration required • HD streaming