Era mi primera vez dando un regalo así, no eras mi primera relación ni tampoco mi primera persona especial, pero si eras el chico con el cual rezaba a esos dioses en los que no creía para no cerrar los ojos cada noche que compartíamos una cama.
Lo primero entre nosotros fue una coincidencia, lo segundo fue casualidad, lo tercero fue diversión y después de ello solo pudo seguir el amor. Aún ahora me pregunto como caí como estoy cayendo, porque todos los días me levanto amándote más que el día anterior solo que no te lo digo, y pese a meditarlo día con día no encuentro otra razón mas que tu constante existencia en mi vida.
El día anterior a éste (hace apenas unas pocas horas) nos encontramos, nos besamos como siempre y nos amamos sin medida. Te veía recostado, apenas vestido, con tu mirada estudiándome y sin prestar atención al reloj que sin tenernos en cuenta avanzaba molesto en la habitación.
– Quiero darte algo… –Murmuré, apartándome un poco de ti pero sin olvidarme de darte un beso sobre los labios, y de mi mochila que siempre traía saqué una caja muy parecida a caja de bento grande. Dentro de dicha caja había diferentes postres todos decorados para ti, todos tenían chocolate y diferentes frutas deliciosas que con el paso del tiempo me había dado cuenta que eran de tu gusto.
Tomé un muffin (pues sabía que era de los mejores que me había salido) y lo acerqué a tu rostro para que le dieras una mordida.– Feliz cumpleaños, Michael… no sabes lo feliz que me hace poder pasar este día a tu lado. –Sonriente me acerqué a ti desde el lado contrario de panque y di una mordida muy corta a dicho lugar, sonriente.– …quisiera pasar tus siguientes cumpleaños… junto a ti también ¿sabes? –Quité el muffin de entre nosotros y te di un corto beso seguido de otro y de otro más, insaciable hambre de tus besos fue la que me inundó y terminé dejando el postre en tus manos puesto que con semejante belleza frente a mi no podía concentrarme en otra cosa mas que en amarte.
Pero al final de todo me contuve y aparté un poco mi rostro del tuyo para dejarte disfrutar de tu regalo por completo.
– Eso y… espero me perdones pero te voy a secuestrar cuando salga el sol. –Susurré, rozando nuestras narices.– Iremos al acuario… juntos. No te dejaré tener planes con nadie más… quiero que seas todo mío hoy. –Sonriendo de oreja a oreja susurré, mis mejillas se mostraban cada vez más vivas conforme esas palabras salían de mi boca.