Nunca mĂĄs, ahora sĂ, LO JURO!
Un  Viernes normal, como cualquiera, me puse de acuerdo con un amigo para salir a tomar âTerremotosâ, aquel brebaje tan tĂpico de nuestro paĂs que se puede beber en cualquier antro tirao a âpicĂĄ shĂșperâ o, en reales antros âchichasâ. El asunto, es que nos juntamos y fuimos a La Piojera, clĂĄsico. En total, Ă©ramos 3 pelagatos en ese bar tirao a âshĂșper-chichaâ, repleto de extranjeros y hueones de todo tipo y clase. Tuvimos que quedarnos en un rincĂłn, parados, porque honestamente, el asunto estaba atestado de lagis. Mucho español, harto gringo, y una manga de mexicanos que cantaban âLas Mañanitasâ, siendo coreado por la gran cantidad de hueones ebrios que estaban ahĂ.
No sĂ© quĂ© tienen realmente esos Terremotos, pero la verdad es que me dejan ebrĂsima. Me tomĂ© uno, y ya andaba puesta. Me tomĂ© otro, y en ese momento, -digĂĄmoslo-, estaba derechamente borracha. Lo increĂble de esto, es que me puedo tomar una botella de pisco y quedo ahĂ, bien. Pero es cosa de que me tome mĂĄs de un Terremoto en La Piojera, para que me embriague como el peor alcohĂłlico del mundo. La cuestiĂłn, es que era muy temprano y mi pobre organismo no tolerĂł mĂĄs el alcohol, asĂ que tuve que partir corriendo al baño para vomitar hasta el alma. En mi carrera desesperada, y la demora lĂłgica, al intentar avanzar entre toda esa manada de borrachos, ya iba con el fluido percolado a medio camino del esĂłfago.
âPor fin!â âPensĂ© cuando logrĂ© llegar al baño.-
Baños reculiaos. Todos llenos de meado, vómito, agua, copete y blå. Obvió, me saqué la conchetumare al ir como desesperå a botar el alma. ARGH!
Mi amigo Rafael, saliĂł a mi ayuda y, a pesar de ser el baño de minas, intentaba âsĂłlo intentaba- tratar de que mi impresentable espectĂĄculo, no fuera tan, tan, patĂ©tico.
âOye, sale! Este es el baño de mujeres!â âLe gritaban las histĂ©ricas minas con las que compartĂa el sucucho asqueroso.-
âEs mi âminaâ, Â hueĂłn oh!â âGritaba como enajenado, Rafael.-
Hasta que por obra divina, pude hacer lo que debĂa hacer y salir mĂĄs o menos digna de aquel cerderĂo.
âEs que no he comido nĂĄ, Ă©se es el problemaâ âExplicaba al resto que me miraba con cara de juguete, pero con asco a la vez.-
Como soy una mina con serias complicaciones mentales, entrĂ© en desesperaciĂłn, y empecĂ© a huevear para que nos fuĂ©ramos. Yo estaba comprometida para irme a otro lado despuĂ©s de La Piojera, y mis amigos no me dejaron ir, debido al lamentable estado en el que me encontraba, y claro, nos Ăbamos a ir al departamento de Rafael despuĂ©s de. Yo lo Ășnico que querĂa era morir, y despachar a todos los hueones, porque no me sentĂa nada de bien, pero bueno, no pude.
El camino al humilde hogar de Rafael, se transformĂł en un chiste, ya que para empezar, y contraria a cualquier ley de Murphy, se me pasĂł como por arte de magia, toda la curadera al salir al aire a âventearmeâ, y me sentĂa de lo mejor que podrĂa existir, excepto, que tenĂa un hambre endemoniado, y ganas de posar mi esqueleto en cualquier hueĂĄ que no fuera permitido quedar de forma vertical.
El horroroso espectĂĄculo callejero de fumar marihuana en la calle, escupir autos, gritar, cantar, y no sĂ© cuĂĄntas chucha hueĂĄs mĂĄs, idiotas y ridĂculas, hicimos en el viaje de 10 minutos, que se extendiĂł por casi 1 hora, no se los voy a mencionar, por puro amor al prĂłjimo.
Al llegar a la morada de Rafael, me hicieron un tecito, y devorĂ© como 10 panes con jamĂłn, lechuga, queso, y ACEITE. Yo querĂa ponerle aceite a mis pancitos,  y nuevamente, como por obra divina, me curĂ©, asĂ que peleando por ponerle aceite a mis sandwichs, dejĂ© la pura cagĂĄ. DerramĂ© como medio litro del viscoso y hediondo lĂquido en la hermosa mesa de madera con vidrio. Y  a esas alturas, me querĂan âpuro pitearmeâ.
De lo demĂĄs no me acuerdo mucho, pero creo que volvĂ a vomitar, me acostĂ©, hueveĂ© por la tele, y blĂĄ. Hasta que a las 4:30 de la madrugada, me dieron unas ganas compulsivas de irme, y cual alimaña desbocada, me fui dejando todo tirado y chao nomĂĄs. SalĂ con todas las ganas de tomar un taxi, sin mp4 âporque me habĂan cagado el anterior fin de semana con Ă©l en el metro culiao-, y me liberĂ© de toda presiĂłn por segunda vez, al aire libre.
Como andaba en el sector del metro Bellas Artes, estaba a pasos de mi nuevo palacio, asĂ que en breves minutos, estarĂa sana y salva en mi casucha. Al salir, le pregunto a un paco-guardia de no sĂ© quĂ© chucha, dĂłnde era mĂĄs fĂĄcil tomar un taxi, y me sentĂ tranquila. ComencĂ© a caminar por Miraflores, una cuadra mĂĄs, y me sale al camino un flaite de esos que te hacen cagar de miedo. Se me pasĂł la ebriedad al instante cuando el feo culiao me para y me habla con su tonito tan especial:
âSabe señorita cuĂĄl es la calle HuĂ©rfanos?â
âNo, no sĂ©â âFue mi escueta respuesta y acelerĂ© el tranco.-
âOiga, pero espere!â âMe agarra el brazo.-
âQuĂ© onda? QuĂ© querĂs!â âLe digo no de muy buen ĂĄnimo, al conchesumare.-
âOiga, ustĂ© tan relinda y anda sola a esta hora? No tiene hombre que la dejan salir sola? Usted va para La Florida, cierto?â
âBĂĄh! Loco, voy a tomar un taxi, y me estoy atrasando. Me estĂĄn esperando. Ok?â
âAh, pero no se preocupe, yo la voy a dejar. O me tiene miedo?â âMe dieron ganas de patearlo, porque SĂ, le tenĂa miedo, pero por la chucha, no tenĂa a quiĂ©n mierda acudir en esa calle vacĂa, asĂ que salvaguardando mi integridad fĂsica, me hice la simpĂĄtica con Ă©l y dejĂ© que me fuera a dejar.-
Al llegar a mi edificio, como es una construcciĂłn del pleistoceno, olvĂdense del conserje, la entrada rĂĄpida, botĂłn de pĂĄnico o hueĂĄs del estilo, asĂ que el mono culiao encontrĂł el mejor escenario para darme la lata, me abrazaba, no me dejaba abrir la puerta, me lateaba con su conversaciĂłn repulsiva, y me pedĂa que le âdiera un beso, porque dioC, en toda su misericordia, me traerĂa sĂłlo beneficios a mi vida.â JĂĄ!
TerminĂ© por apestarme, y lo mandĂ© a la chucha, a riesgo de que me tajeara, me violara o quĂ© sĂ© yo. EntrĂ© a mi edificio âPOR FIN!- y me acostĂ© en breve. Revisando mi pc, empiezan a tocar el timbre de mi departamento a los 20 minutos de haber entrado. Como hueona que soy la gran mayorĂa de las veces, contestĂ©:
âSoy el Alexis, ĂĄbreme!â
âEstĂĄ equivocadoâ
Era el flaite.
Me urgĂ. Me acostĂ©, pasaron 10 minutos y siento el âRINGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGâ directo de mi depto. Casi me caguĂ©. El flaite habĂa entrado al edificio, no sĂ© cĂłmo mierda, y estaba ahĂ, en mi puerta tocando el timbre. HueveĂł como media hora. Golpeaba, tocaba timbre y no decĂa nada.
IntentĂ© llamar a los pacos. Como siempre, estos rechuchetumares, con las lĂneas âocupadasâ. Pero, y quĂ© hubiese pasado si el flaite conseguĂa de alguna manera entrar a mi casa???
VIVO SOLA, Â POR LA GRAN MEGA CONCHESUMADRE!!!!!!!!!!!!!!
Me cagué de miedo, y prometà nunca mås prestarle oreja a un flaite, venirme de cualquier parte sola de madrugada, y aprender a aperrar como corresponde, en cualquier circunstancia donde esté segura.

















