“El orden público ya no está mantenido por la jerarquía, la represión y reglas estrictas, por eso ya no es subvertido por actos liberadores de transgresión. En vez de eso, tenemos relaciones sociales entre individuos libres e iguales, suplementadas por “vinculaciones pasionales”, una forma extrema de sumisión, que funciona como el secreto perverso, el origen transgresivo de la satisfacción libidinal. En una sociedad permisiva, la rígidamente codificada y autoritaria relación amo-esclavo se convierte en transgresora.
Esta paradoja o reverso es justo el tema del psicoanálisis: el psicoanálisis no trata del padre autoritario que prohíbe el goce, sino trata del padre obsceno que lo manda, y por eso produce impotencia y frigidez. El inconsciente no es secreta resistencia a la ley, sino la ley misma”.