¡Hola! Soy Braulio. Tengo 22 años y no me considero el tipo más atractivo que digamos. Me gustan los chicos y no soy de revista ni tampoco voy al GYM. Al contrario, yo camino mucho por las calles de mi ciudad. Dicen que tengo buena pierna, pero no sé si eso sea verdad. Honestamente ni siquiera me importa. No ando por la ciudad viendo si alguien tiene buena pierna o no, ni me fijo en quién esta mejor. Yo por alguna razón me fijo en el rostro de las personas, en la luz y pureza que transmiten.
Es muy fácil distinguir la sinceridad con sólo la manera en que sonríe una persona. ¿lo sabían?
Bueno, dejando de lado esto, yo soy un tipo delgado, de metro setenta, con tez morena y con un serio problema con mi rostro. Tengo el cabello oscuro y mis ojos son cafés. También creo que nadie se ha fijado en lo que dicen estos.
La razón: las manchas que me ha dejado el acné en el rostro.
Lo sé, estás desaparecen con el tiempo. Pero este asunto ha estado conmigo desde los 16 y siendo francos, es la relación más larga que he tenido con algo. Ya ni siquiera con mis teléfonos, que sólo me duran dos años.
Pero bueno, digamos que el acné baja tu seguridad y más si se trata de relacionarte con las demás. En está ciudad en la que vivo parece que aceptamos más a tipos guapos que los que a primera vista no lo son.
Decimos que el corazón importa más, cuando en lo primero en lo que nos fijamos es en si la persona nos agrada físicamente o no. Y yo también lo hago, para que mentir. Realmente el trato con los demás es lo segundo en lo que nos fijamos.
Aunque, debo decir, que, a diferencia de mí, sí que hay tipos que hasta con acné se ven apuestos. Como si les agregara un detalle único. Sin embargo, en mi caso, es todo lo contrario.
Cada vez que llego a cruzar mi mirada con alguien en la calle o cuando camino muy seguido, no duran ni cinco segundos cuando de inmediato la apartan. No soy del tipo afortunado al que le salen bien las relaciones personales.
Lo raro: es que mis conocidos me dicen que tengo gran corazón y que me doy a querer sin siquiera yo intentarlo. Pero, eso no es lo que ven mis ojos día con día cuando no hay manera de evitar que mis ojos se crucen con algún espejo.
Lamentablemente, soy muy minucioso y eso hace que me fije hasta en el más mínimo detalle de mi aspecto. No me salvo de ser mi propio juez.
De hecho, creo que eso lo hago para prevenirme del posible rechazo de los demás. Es mejor que tú mismo sepas cómo eres a que la mirada de los demás te lo haga saber sin ningún tipo de tacto.
Somos muy rápidos para saber a quién descartamos de inmediato.
Y sí, prejuicios. Esos los tenemos todos integrados.
De ahí determinamos si alguien se nos hace agradable, confiable o si se nos hace aberrante y repugnante. Por eso opino que somos muy obvios en está cuestión. Es como lo que alguna vez escuché:
“Es fácil desechar porque no conocemos, pero si conociéramos, valoraríamos antes de pasar la mirada a la siguiente persona”
¿¡cuántas historias de amor, amistad y diversión sana no nos hemos perdido por esto!?
Hasta yo mismo lo he hecho. Pero todo es irónico en esta vida.
¿Quién puede tener un gran corazón si aventamos la primera piedra aun siendo inconscientes de esto? Creo que en el fondo no somos como decimos serlo. Y supongo, que somos muy ignorantes de nuestras propias realidades.
En fin, que, a mis 22 años, ya casi 23, me encuentro envuelto en muchas contradicciones.
Vivo en una ciudad de bonitas apariencias, pero con una gran indiferencia en cuanto a las vidas de sus habitantes.
Ante ello, sólo me pregunto lo siguiente:
¿Habrá alguien allí leyendo todo esto, que se sienta igual? ¿algún chico que también haya o este pasando por lo mismo, que no se sienta atractivo ni mucho menos llamativo? ¿alguien a quien le hayan dicho que tiene gran corazón, pero que tristemente lo vean como a una presa y no para una relación larga, sincera y seria?
¿O soy yo el único al que le suceden estas cosas?
Por cierto, vivo en México, en la CDMX.