Navegar en Soledad
Algunas almas navegan en silencio a través del universo. Se apartan del ruido, de la vorágine, de todo aquello que hiere a los espíritus sensibles.
Avanzan despacio, pequeñas barcas perdidas en el inmenso océano del tiempo. Por única compañía llevan el murmullo interminable de la soledad.
Son mendigos del amor.
Lo buscan entre la multitud de las calles, entre los rostros anónimos de quienes miran sin ver.
Lo buscan en melodías que susurran promesas antiguas, en recuerdos de almas que tal vez existieron en otras vidas olvidadas.
Caminan con el corazón abierto, esperando la señal de un alma hermana.
Pero el tiempo pasa. Año tras año descubren lentamente que la vida es, en esencia, un viaje solitario.
Pocos están dispuestos a entregarse por completo.
Entonces esas almas cambian. Se vuelven ermitañas, místicas, dolientes. Caminantes de una tierra que ya no esperan conquistar.
Y en su largo peregrinar aprenden algo más profundo: en los ojos de los otros habita una inmensa soledad.
Comprenden entonces que la vida no trae significado alguno consigo.
El significado nace sólo cuando alguien decide ofrecer, sin reservas, su propio corazón.










