Título: Sueño Profundo Autor: Banana Yoshimoto Editorial: TusQuest Soporte: Físico Resumen: 3 historias.
Feria del Libro 2016 por recomendación in situ de Franny.
Las historias tienen un ritmo tranquilo y pastoso, pesado pero se avanza por las páginas en una velocidad crucero. Parace que uno estuvieran yendo fuerte pero bajito. Muy orienteloide del oriental-oriental, if that makes any sense. Y se nota más porque están escritos desde el corazon de una mujer. Por eso las historias son intensas con un dejo de revelación camuflado de la sumisión femenina que viene desde hace mil. Me gustaron las historias. Me cabe el misticismo (oriental) que tiñe las páginas mas no me gustaron tanto los finales porque son un poco apagados, como abandonados. Hago un parate para comentar que en el estado previo a quedarnos dormidos la menté consciente llega a un grado muy elevado de consciencia. Capaz todo ese místicismo oriental se deba a este estado constante de ensueño que puebla el libro. Hay un par de pedidos de auxilio durante el libro por parte de las protagonistas que no se hacen cargo y medio que me copa. Me copan ellas, me copa que sean ellas y me copa Banana. Capaz es un toque depre pero sigue siendo llevadero y hermosito.
Elegí 2 al azar porque estoy retomando esta reseña después de meses.
“En realidad, era día de descanso en la empresa y había acudido para corregir unos errores que había cometido el día anterior. Me encontraba sola en aquella enorme oficina silenciosa, introduciendo datos despacio, cuando, de repente, me asaltó una inseguridad absurda. Pensé que, tras hacerme la tonta durante dos meses, tal vez me había vuelto estúpida de verdad y sólo era capaz de trabajar a ese ritmo. Era una inseguridad sin base alguna, pero muy real. Y, conforme miraba la pantalla verde, esa inseguridad fue cobrando una intensidad creciente. Creía estar escondiendo mi talento, y, sin embargo, era muy posible que, en realidad, yo no sirviera en absoluto par un trabajo de oficina. ‘¡Imposible!’, recapacité, pero la tentación de ponerme a prueba empezaba a ser irresistible. ‘Al parecer, no hay nadie en la oficina. ¡Adelante!’, me dije. Si lo pienso bien, debo reconocer que yo era entonces muy joven. Y empecé a introducir datos con todo el vigor que mis dedos me permitían. Después de tanto tiempo, saboreé la sensación de ver cómo mis manos, si así lo quería, se movían de una manera rápida y precisa; rebosaba satisfacción. Enseguida tuve las correcciones hechas y, entonces, poseída por ese mismo ímpetu, decidí redactar unos documentos que tenía atrasados y empecé a aporrear el teclado mientras canturreaba. Era como si a una persona , despeñes de haberla obligado a usar la mano izquierda, le permitieran finalmente usar la derecha. En cierto sentido, debía de haberse ido acumulando en mí un sentimiento de frustración, y me sentí feliz al contemplar las hermosas páginas impresas...”.
Sobre la resaca. “¿Por qué me ocurría esto? Las noches se alargan como la goma y son infinitamente dulces. Y las mañanas son agudas y cortantes, inmisericordes. La luz del día parece apuntarme con algo. Algo duro, transparente, vigoroso. Lo detesto”.











