Uno es la gradual relegación del traje pantalón tanto en la ropa de día como en la de noche. Se ha convertido sustituido el atraje con falda”, recomendado como la indumentaria de llevar con pantis y tacones. Otro signo inquietante es el estrechamiento de la falda hasta el punto en que gestos normales, como sentarse en un sofá bajo o saltar un charco, resulten difíciles. Prudence Glynn, que trabajó como periodista especializada en modas en el Times londinense, fue de las primeras que señaló las contradicciones internas de gran parte de la moda posfeminista. Los zapatos de plataforma y los zuecos que se hicieron populares durante los años setenta, por ejemplo, se suelen fabricar con una horma ancha que no comprima el pie; sin embargo, producen una forma de andar torpe y desmañada y, además de ser difíciles de manejar, son peligrosos, provocando a menudo graves lesiones. Como dice Prudence Glynn, «por su altura pretenden satisfacer el instinto de las mujeres respecto a ser más altas y por tanto más importantes en comparación con los hombres. Por su estructura, que hace que caminar sea sumamente difícil, pretenden satisfacer el instinto de seguir siendo vulnerables».