thegraveyardclique
Su caminar es casi una danza cuando en su camino estaba planeada una visita a la librería. Necesitaba leer tanto como inflar sus pulmones de aire, así de sencilla es la vida del muchacho, aburrida sin lugar a dudas. Pocas fiestas, pocos espectáculos que lo hacen reír a carcajadas, sin embargo puede decir que se encuentra feliz en dicha zona de confort o bien se ha acostumbrado. Las definiciones no importar, jamás le ha interesado encontrarse dentro de una clasificación y si ser el ratón de biblioteca le funciona para tener a las personas apartadas de su órbita, se dará por bien servido.
Faris no era de los que suben una montaña y descienden en paracaídas, es del tipo de profesor que prefiere hundir la nariz entre los libros antes de tolerar los incesantes y superficiales cotilleos de sus compañeros a los cuales ya presiente llegar. Más de tres años transcurrieron para que dejara de ser la cara nueva en la universidad, el señalado como un don nadie sin experiencia, nada más allá de unos ojos amielados y ademanes caballerosos que impresionaban a las colegialas, ¡si tan sólo supieran que fue el a quien impresionaron! Más por aquella sencilla razón su día figuraba como especial. No todos los días la sociedad te quita una etiqueta de la maleta.
Miró su reloj una vez más, cinco minutos y la sala de profesores comenzaría a llenarse. Unos cuantos minutos extra de paz, otro sorbo a su despostillada taza de café y entonces bienvenida a la rutina. Qué si le fastidiaba, por supuesto. Estar rodeado de un puñado de personas que hablan de cambiar el mundo mientras que ponen un traspié a cuantos tienen oportunidad es tedioso, pero Faris no había tenido el suficiente valor para dejar aquellas aulas dónde la conoció. Aún no. El silencio entonces era bien recibido siempre que tuviera su compañía, podía escuchar su cuerpo respirar y se enamoraba en cada parpadear. Sí, el castaño había llegado a reconocer que se había dormido en aquellos labios de sabias palabras, estaba enamorado de sus letras. Yael había sido un libro difícil de leer pero sin duda el más regocijante.
"¿No te entusiasma?" comentó uno de sus colegas atizando su hombro "Dejarás de ser el novato". Lo venía esperando hacía mucho, compadecía al idiota que cruzara aquellas puertas pero con la misma intensidad le agradecía. Las rondas de café no se hicieron esperar así como la entrada del decano y su acostumbrado carraspeo para centrar la atención, la de Faris estaba a la distancia, no importaba mucho quién estuviera tras la puerta le restaría un mote de encima y por ese simple hecho bendecía su presencia.
Un viejo libro, una taza de café, los tulipanes en el techo y una copa de vino manchando el más pulcro mantel. Todo vino de golpe llevando su alma al suelo y de regreso. Cuando los polluelos vuelven al nido el ave se siente orgullosa y en el hombre de cabellos canos no cabía otra expresión más que altivez. Había regresado a pagar a su alma mater lo que había hecho por ella ¿quién en sus cabales lo hacía?
La boca se le llenaba de alabanzas en su nombre igual que Faris lo hubiera hecho de poder expresarlo en voz alta, apenas pudo mantener el equilibrio antes de poner sus ojos fijos en su silueta.
Fue víctima de una sonrisa nerviosa, aprisionando las tremendas ganas de soltar una carcajada, el universo no podía jugar otra vez con sus emociones, suficiente había sido pasar por un divorcio desquiciante en el que apenas le quedaron intactos los huesos. Pero si ella es el bálsamo, a la mierda el resto.













