PRIVADO O1 / Nunca antes en la vida se había sentado a pensar como eran las primeras veinticuatro horas de alguien en prisión. Sí, había visto películas, series, podcasts, pero nada de lo que sale allí es ni remotamente cercano a la realidad. Aturdido por todo lo que estaba pasando, Blake había entrado en una especie de estado de catatonia funcional desde el segundo en que bajó de la patrulla después de una hora de camino a la ciudad de Portland. Creyó que ahí lo estaría esperando alguien para rescatarlo, pero cuando menos se dio cuenta, estaba pensando en que ese alguien iba a ser Logan, y nada lo preparó para la decepción de darse cuenta que eso ya no iba a ser posible jamás. Entonces, en ese instante, simplemente se calló y se perdió en el espacio, desconectado, derramando lágrimas en silencio; o así fue hasta que un oficial le dijo 'Mira hijo, si lo que quieres es ganar la atención de todos acá adentro, sigue llorando. Pero si lo que quieres es pasar lo más desapercibido posible, te recomiendo que comiences a voltear hacia arriba.' Eso hizo. Levantó la barbilla, y mientras la cabeza le iba a mil por hora pensando en todo y nada a la vez, intentó parecer lo más entero posible, aunque fuera solo un performance. Si se iba a derrumbar de nuevo, tenía que resistir a que al menos fuera en la noche, donde sea que fuera a pasarla. El proceso fue tortura burocrática: le tomaron fotografías, las huellas digitales, el nombre y retiraron todas las pertenencias: la ropa, los zapatos, el reloj, la cartera. De alguna manera volvió a sentirse tan desamparado como la primera noche que pasó durmiendo en la playa de Cozumel, cuando su padre le había cancelado la tarjeta de crédito y lo echaron del hotel donde se había quedado las últimas dos semanas. Pasó horas y horas sentado en una sala de espera, castigándose a sí mismo con las memorias de su hermano en un supercut mental. Entre lo que comenzaban a ser delirios, se preguntó si su familia iba a darle la espalda después de esto: si lo hicieron cuando se fugó, ¿por qué no ahora que le quitaron al hijo favorito de los Faist? Y esa semilla se sembró y creció durante todo el transcurso a su celda, ya caída la tarde. No había pensado mucho sobre el espantoso uniforme que le hicieron portar hasta que vio a su compañero, quien, gracias a Dios, optó por solo decir 'Hola' y nomás hasta que se fueron a dormir. Entonces sí, Blake lloró. Quedito, pero con más libertad de que nadie lo veía en la oscuridad. Y al día siguiente cuando lo llevaron con quien sería su abogado tenía los ojos rojos e hinchados, pero que más daba.
Para su sorpresa, el abogado era un conocido de papá. Le confirmó que era precisamente él quien estaba pagando por su defensa, e inhaló profundo. Entonces también le reveló que quería representar a Terrence, y se quedó helado. ¿Él también? Si no iban a avanzar en nada hoy —tenían que esperar hasta setenta y dos horas para que dictaminaran si podía llevar su juicio en libertad— entonces al menos tenía que verlo a él. Esa era su demanda. Esperó en el cuarto, vacío, gris e impersonal, hasta que lo trajeran. El rechinido de la puerta lo hizo voltear con tal velocidad que pudo haberse contracturado el cuello. @terrvence










