Vivo desconfiando de que lo que interpreto sea real. No entraré en la discusión sobre qué es lo “real”, dejémoslo en que dudo de que las cosas que me rodean sean las cosas que pienso.
En particular, si se trata de interacciones sociales. Y aún peor si estas tienen un toque “romantique”. Aquí empieza el problema: ¿ese supuesto romanticismo es porque yo lo interpreto o es porque existe en la acción “per se”?
Por ejemplo, si me tomas de la mano, si me acaricias los dedos... ¿Lo haces porque te sientes a gusto conmigo? ¿O lo haces porque sientes la atracción que yo siento por ti?
Cuando dices que si encontraras a la persona correcta, disfrutarías su compañía, ¿lo dices porque yo puedo ser esa persona y lo estás intentando averiguar? ¿O lo dices solo porque compartes tu pensar con alguien que te escucha con atención?
Si sugieres que viajemos juntos, ¿es solo porque tenemos una buena relación en el marco de la amistad? ¿No será porque podamos pasar tiempo a solas y dejarnos llevar por el deseo inacabado?
Me angustia creer que mis segundas preguntas solo existen por mí y no porque tus “señales” son posibles de entender así. Bueno, imposible no es, pero qué tan cercano a lo “real” podrían decirme que son. No lo sé. Y como no me atrevo a preguntarte porque no tengo todo claro en mi mente, porque no sé qué haría si me dices que no son mis erradas interpretaciones sino tus explícitas intenciones, ¿qué haré? Entiendo que no me lo puedas decir, como entiendo que yo no lo pueda preguntar.
Me queda solo buscarte, aprovechar cuando puedo encontrarte y dejar que el tiempo acomode lo que nos sucede. Me queda no interpretar demasiado, disfrutar de los buenos momentos que tengamos. Me queda no forzar(me)(nos). Finalmente, me queda quererte como siempre, sin interpretaciones.