Sus dotes como detective se habÃan agudizado desde que el caso a resolver era la mocosa. Jessica apenas podÃa creer que se verÃa envuelta en la pesadilla de buscar a un miembro de su familia; a su hija. ¿En qué momento habÃan ido tan mal las cosas para verse en semejante encrucijada? Apenas habÃa tenido tiempo de asimilar su nueva realidad, lo único que podÃa hacer era buscar y buscar hasta la desesperación. Un halo de esperanza apareció con el último mensaje. Al principio no supo de qué demonios se trataba, pero tras darle un par de vueltas resultó obvio: una dirección. En la ciudad. Conforme salió del apartamento hizo dos llamadas: a sus hermanos y a Diego. Se las tenÃan que apañar para llegar allà en menos de quince minutos, o actuarÃa por su cuenta.Â
—La tiene ahà dentro. Kilgrave —explicó una vez estuvieron todos. Apenas podÃa mirar a Brandon a la cara—. No sé lo que vamos a encontrar, pero haceos ya a la idea, no os va a gustar. Tengo un plan, es una mierda, pero no hay tiempo. Tendrá gente que lo proteja, Diego, Scott, ahà entráis vosotros. Esas personas son inocentes, no saben lo que hacen, pero no podéis dejar que nos entorpezcan el camino. Brandon, tú debes ser quien se reúna con Tara. Eres su padre y el que más capacitado está de todos nosotros para...
—No quiero que hagas de cebo para Kilgrave —replicó rápidamente Brandon. —. Jessica, no podré protegerte. Sin embargo, la morena lo tenÃa claro y sin dar margen a discusiones, forzó la cerradura para dejar que el trÃo se adentrase escaleras arribas en el ático. Ella, para agilizar la tarea, saltó hasta alcanzar la terraza.Â
(...)
Kilgrave estaba sentado viendo el televisor, con la mocosa a su lado. Una mueca de frustración adornó su rostro y dejando a un lado lo que avecinaba con ser un ataque de pánico, se dispuso a romper el cristal para irrumpir en escena. Sin embargo, un ruido bastante estruendoso en el pasillo captó la atención del hombre de púrpura, quien rápidamente se levantó. Al llegar al pasillo, se encontró con Diego y Scott. Lo habrÃa hecho también con el telepático de no ser porque Scott reaccionó rápido y empujó a su hermano para esconderlo en una de las habitaciones.
—Vosotros dos, quietos —habló rápidamente Kilgrave— ¿Qué demonios es esto? ¿Por qué habéis irrumpido en mi casa? Responded. Â
Diego no se vio venir que aquel hombre apareciera tan rápido. El primer instinto de Diego fue acercarse a él para fundirlo a golpetazos. De hecho, sus manos ya se encontraban perfectamente preparadas para ello hasta que su cuerpo se detuvo por completo, llegando incluso a mirarse los pies y hacer algún gesto con la cara como si quisiera tirar de su cuerpo y no pudiera.
— Esto es una misión de rescate, estúpido. Devuélvenos a Tara y muérete después. Te voy a matar.
—Tú cállate —espetó a Scott al ver que despegaba los labios para hablar también—. Misión de rescate, ya veo. Eres un súper héroe bastante peculiar, tengo entendido de que vosotros no matáis, ¿no es asÃ? Ahora entiendo por qué mi Jesse cree que no merece ser una heroÃna. Bueno, lamento truncar tus planes. Lárgate de aquÃ, por la ventana. Y tú... Scott, ¿verdad? Ve y dile a tu hermanastro, el mayor, que me lo estoy pasando muy bien con su hija.Â
Las palabras de aquel hombre hicieron que Diego frunciera el ceño por completo sin llegar a entender lo que estaba pasando. Sin embargo, su orden directa hizo que sus pies comenzaran a dirigirse hacia una de las ventanas del salón.
— No soy un superhéroe.Â
Protestó Diego en camino a lo que sabÃa que podrÃa ser su final o una acción fatal. Por mucho que tratar de resistirse, le resultó imposible hacerlo. Lo único que logró fue ralentizar el ritmo de sus pasos, deseando que alguien acabara con todo aquello.
Justo cuando Scott se giró en dirección a la habitación, el ruido del cristal en la terraza llamó la atención de Kilgrave. Desde donde estaba, Jessica no podÃa ver qué estaba pasando y no estaba dispuesta a esperar a que alguno regresara al salón para comprobar su suerte, por lo que se coló en el interior, dando cara a cara con Tara. Por un segundo la miró en silencio, conteniendo la respiración más que consciente de que hasta ese gesto podÃa traicionarla y echarse a llorar. Hasta que finalmente no pudo controlar sus instintos y la abrazó con fuerza, sollozando de manera sorda.
—Lo siento —susurró, voz áspera—. Lo siento mucho, Tara. Voy a ponerte a salvo, lo prometo.Â
Al ver a Jessica no pudo evitar comenzar a llorar y lanzarse a sus brazos con fuerza, hundiendo la cabeza en su hombro aprovechando que por fin tenÃa a su familia frente a ella ni no a aquel monstruo. Probablemente solo ella podÃa imaginar la de atrocidades que Kilgrave la habÃa obligado a hacer, aunque al oÃr sus palabras negó sorbiendo por la nariz.
— No debà irme, ha sido mi culpa.Â
—Tara, no dejes que me atrape. Pero tampoco le hagas daño. — Dijo el hombre.
La voz tras su cabeza, una vez más por parte de Kilgrave, hizo que soltase a Jessica aún sin dejar de llorar. Su llanto se podÃa oÃr desde la planta baja, situándose frente a la detective con el gesto apenado.
— Lo siento, no quiero hacerlo.Â
Mientras tanto, Diego apareció caminando por la habitación y con la mirada puesta sobre la ventana, completamente sumido en sus pensamientos. En su mente tan solo resonaban las palabras del hombre, haciendo que de un ágil salto se subiera a la repisa de la ventana, dispuesto a saltar en cualquier momento.
— Tengo que salir por la ventana. — murmuró.
—No, escúchame. Nada de esto es tu culpa...Â
Apenas terminó la frase. No querÃa dejar sola a Tara en un momento asÃ, pero tampoco podÃa dejar escapar a Kilgrave, tenÃa demasiadas cuentas pendientes y confiaba en que Brandon acudirÃa rápidamente a colosarla. Sin embargo, varios factores intervinieron para que el hombre púrpura escapara con facilidad: Tara impidió a Jessica ir a por él y las palabras de Diego captaron la atención de la morena.
—¿Qué? ¡Diego para!Â
Diego parecÃa haber entrado en una especie de bucle del que no saldrÃa hasta que no cumpliera con la orden del destinatario. Al saltar sobre la cornisa, se tambaleó un poco haciendo que estirase los brazos para recuperar el equilibrio. Sus ojos castaños se posaron sobre la caÃda al vacÃo y los coches al otro lado, repitiéndose una vez más aquella frase como si se tratara de un mantra. No vio venir a Jessica y por los pelo no se vio precipitado por la fachada del edificio, haciéndolo por el contrario contra la terraza. Giró la cabeza hacia ella tratando de liberarse de su amarre, convencido y con la intención de volver a subirse a la repisa.
— Tengo que salir por la ventana, Jess.
—¡No! Escúchame, tú no quieres hacerlo. Es Kilgrave dentro de ti. Diego... ¡Diego! ¡Para!
Forcejeó con él tratando de no emplear toda su fuerza, consciente de que, en el mejor de los casos, podrÃa romperle algún hueso accidentalmente. Pero en vista de que Diego estaba decidido a cumplir con las órdenes de ese malnacido, no se vio con más opción que golpearle la cabeza y dejarlo inconsciente.
Mientras tanto, Brandon salió de su escondite y corrió desesperado hacia su hija hasta atraparla entre sus brazos, apretando los labios con fuerza aunque igualmente un torrente de lágrimas se hizo paso por su rostro. No podÃa creer que volviera a tenerla con él. Estaba tan agradecido de tenerla de vuelta que comenzó a besar su pelo una y otra vez.
—Está bien, no tenemos nada que perdonarte. Te queremos. Te quiero más que a nada, solo quiero que vuelvas a casa. Por favor, Tara. La familia Brooks sin ti no es una familia completa. Quédate con nosotros.Â
Sus brazos por fin la hicieron sentir en casa después de aquel infierno, y terminó derrumbándose frente a él fruto del cúmulo de todos aquellos dÃas.
— Lo siento. — Atinó a decir con dificultad, apretando las manos alrededor del cuerpo de su padre. — No querÃa irme de verdad. Soy idiota. perdóname, papá.
El telepático, al escucharla llorar de aquel modo, apretó a su hija con más fuerza, sintiendo que todo le temblaba por dentro. A pesar del reencuentro, la situación se le tornó más agria que dulce, culpabilizándose por no haber comprendido antes qué pasaba. Por no haberle hecho entender desde primer momento que todos y cada uno de los Brooks siempre la habÃan visto como una bendición, no como una amenaza.Â
—No es tu culpa, no es culpa tuya. Nadie pensarÃa algo asà jamás. —Se separó, agarrándola por los brazos mientras la miraba a los ojos—. Solo queremos que estés bien, eso es todo. Tú no eres responsable de nada de lo que ha pasado. No volveremos a dejarte sola, te lo prometo. Te ayudaremos entre todos a verlo. Te quiero. Te quiero muchÃsimo.Â
| Jessica, Kilgrave y Scott @heroesmarginados​
Brandon: @brookskala​
Diego: @saudadenlosdiasgrises​ |









