Cómo dejar de hacerse problemas por todo
Es fácil sentirse triste o miserable si pensamos todo el día en nosotros mismos. La ciudad con sus edificios, su publicidad, su velocidad, nos ahoga aún más en el ego. De hecho, lo desproporciona. Dándonos la ilusión de que nuestros problemas son más grandes de lo que verdaderamente son. Pero, ¿quién o qué nos puede devolver a nuestro justo lugar, a la sana medida, a librarnos de nuestras cargas? Adivinen: la naturaleza.
Un amigo me contaba que estando en el Valle del Elqui, de pronto sintió que todos los problemas con los que llegó se volvieron insignificantes, diminutos, mientras contemplaba la inmensidad de los cerros. He escuchado gente que al mirar las estrellas se asume pequeña dentro del cosmos y del tiempo. Y en consecuencia, tomándoselo de manera positiva, se relajan. Se dan cuenta que no es necesario sufrir tanto, que la mayoría de los problemas que nos agobian son completamente prescindibles.
La gracia de tener un país delgado, comprimido entre el mar y la cordillera, es la posibilidad de aliviar nuestra carga mediante la contemplación del paisaje. Estos días he salido a caminar para observar la cordillera nevada, y siempre vuelvo con una sonrisa y una paz inigualable. Todas las preocupaciones vuelven a su medida: pequeñas. Innecesarias. O, en el peor de los casos: solucionables.
Dejemos de hacernos problemas por todo. Dejemos de mirarnos el ombligo. Levantemos la vista a nuestro entorno, busquemos la belleza, caminando hacia una dirección de bienestar.
Escrito por: Fernando Osorio
redactor de Silvestre & Coqueta.