Higuchi’s Unrevealed Ability
my theory on what it could be…
i think that Higuchi’s ability will be called “Takekurabe” (Growing Up/Child’s Play) after her most famous work, and i believe it might have something to do with reincarnation. here’s why…
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Higuchi’s Unrevealed Ability
my theory on what it could be…
i think that Higuchi’s ability will be called “Takekurabe” (Growing Up/Child’s Play) after her most famous work, and i believe it might have something to do with reincarnation. here’s why…

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Tanbi to Heroine - Literary classics adapted into shoujo manga
I want to talk about the book of my dreams: Mangaka! Sekai Bungaku - Tanbi to Heroine (マンガ化! 世界文学 耽美とヒロイン). It's a compilation of shoujo manga from the 1970s and 1980s which are adaptations of classics from world literature. Each manga has a little introduction about its artist, and the work it was adapted from. Thank you, our Tosho no Ie overlords.
It came out in 2022, and I'm so happy to own this book. After watching Aoi Bungaku and falling in love with what they did with Kokoro there, I've always wanted to see more anime/manga adaptations of literature. Seeing how authors/directors give the works their own interpretations while still staying faithful to the original work, and not trying to do a 1:1 adaptation can be great, as long as they don't jump the shark. Speaking of which, I even liked Gankutsuou despite the bizarre 3D space mecha fights because Edmond Dantès was still there. I can't get mad at it when the director gets the core of the work right.
Anyway, I want to present this awesome book and the manga collected in this volume!
Anyway, I tried
“The day will come when I go walking with my pretty wife. I always like things to be pretty. If I had to marry someone like that pock-marked Ofuku at the cracker shop, or the girl at the firewood store with the bulging forehead—no thank you. I’d send her home. No pockmarks for me!”
“How good of you to come then,” the shop wife laughed. “Haven’t you noticed my spots?”
“Oh, but you’re old. I’m talking about brides. Once you’re old, it doesn’t matter.”
“I shouldn’t have said anything,” the woman sighed.
This exchange is so funny to me, but what’s even funnier is how she immediately turns it back on Shota and embarrasses the living daylights out of him:
“Well, let’s see now. There’s Oroku at the flower shop. She has a pretty face. And Kii at the fruit stand. And who else? Who else, I wonder? Why the prettiest one is sitting right next to you. Shota, who will it be? Oroku with those eyes of hers? Kii and her lovely voice? Tell us who.”
“What are you talking about? Oroku, Kii—what’s so good about them?” Shota’s face turned scarlet, and he backed away from the light, into a corner.
“Does that mean it’s Midori, then?”
“How do I know?” He looked away, tapping out a song against the wall. “The water wheel goes round and round.”
Midori and the rest had begun another game of marbles. Her face was not flushed in the slightest.
NHK Eテレ「先人たちの底力 知恵泉(ちえいず)」 「〜樋口一葉の青春 “どん底”から抜け出すには?〜」

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Hay un largo paseo hasta la entrada delantera del arrabal, donde las decaídas ramas de los sauces despiden a los juerguistas y las luces del burdel guiñan en el foso, negro como la laca que tiñe las sonrisas de las bellezas de Yoshiwara. Desde los cuartos del segundo piso de las altivas casas se derrama a los callejones la música y el jolgorio, casi tangibles. ¿Cómo prosperan tales negocios? El caso es que los calesines no paran de llegar día y noche.
Al vecindario detrás del arrabal lo llaman compás del templo Daion. Por muy pío que suene, sus vecinos le dirán que es un lugar muy descocado. Doblando la esquina del santuario de Mishima no se ven residencias señoriales, solo cuadras de diez o veinte casas con aleros vencidos hace mucho y postigos desvencijados que cierran a medias. Aquí no medra el comercio.
Ante las maltrechas casas todos se afanan recortando curiosas piezas de cartón, pintorreándolas de colores y espetándolas en unos extraños palitroques. Familias enteras por todo el barrio están entregadas a la confección de estas raras y abigarradas banderillas. Ponen a secar los recortes por la mañana y a la noche los montan. ¿Qué son estos cacharros en los que todos andan atareados? «¿No lo sabe usted? —exclamaría un comerciante atónito— ¡Rastrillos de la buena suerte! ¡Tendría que ver cómo se los llevan los señorones en el festival de Otori!»
Cada año sin falta, nada más bajar el ramo de pino de Año Nuevo del portal, todos los comerciantes que se precien se dedican al mismo negocio, y para el verano manos y pies están todos manchados de pintura. Cuentan con la ganancia para comprar ropa nueva para las fiestas. Si los dioses conceden la fortuna a los que compren estos amuletos, los que los confeccionan se imaginan que serán ellos quienes recojan el maná. Lo curioso es que por aquí nadie sabe de ningún vecino que se haya hecho rico.
Casi todos acá, de hecho, tienen algo que ver con el arrabal. Los hombres hacen chapuzas para las casas de menos categoría. Oigan a éste jugueteando con un manojo de tarjas de guardarropa antes de salir a la tarea, poniéndose el tabardo cuando los demás se lo quitan. Su mujer choca pedernales en la puerta para guardarlo de la mala fortuna. ¡Quién sabe si volverá mañana! Es un oficio peligroso. Inocentes circunstantes mueren en las reyertas de los burdeles. ¡Y cuídate mucho de frustrar el doble suicidio de una cortesana y su amante! Pero allá van los maridos cada noche a jugarse la vida, como si fueran colegiales que salen de merienda.
Las hijas de la casa también tienen quehacer con el barrio: aquí una es camarera en una de las grandes casas; allá, otra una trotona, trajinando como lanzadera entre el burdel y la casa de té. Van patullando linterna en ristre, anunciando a todos el nombre del establecimiento. Ahora su trabajo les parece de mucho rumbo y gala, como si actuaran sobre un noble tablado. Pero, a punto ya de acabar su aprendizaje, ¿qué les espera a todas estas chicas? Allá va una, cumplidos los treinta, muy peripuesta con su capa de algodón, vestido a juego y sus prudentes medias azul oscuro. No hace falta decir qué lleva en el atadillo bajo el brazo. Plon, plon, plon, hacen los tacones de sus zuecos —no tiene un minuto que perder— y la frágil pasarela se descuelga sobre el canal. «Aquí se lo dejo —dice poniendo en el suelo su fardo—, hay que dar una vuelta enorme hasta el frente.» Así que es costurera, al parecer.
Las costumbres aquí son muy particulares. No se encuentran muchas mujeres que se aten la faja pulcramente detrás. Una cosa es una mujer de cierta edad que se pirra por los estampados chabacanos o las fajas demasiado anchas, otra muy distinta ver a todas estas descaradas niñas de quince vistiendo las prendas más llamativas, chupando alquequenjes para evitar la preñez. Pero este barrio es así. Una furcia que ayer atendía bajo el nombre de no sé qué heroína del Romance de Genji en una casa de tercera junto al canal, se ha escapado con un hampón. Abren un figón, cuando ninguno tiene la menor idea de cómo llevar un negocio. Pronto se arruinan. La bella empieza a añorar su antiguo oficio. Sus activos fueron a la basura con los huesos del pollo servido anoche, pero la ninfa sí puede volver al nido. La gente por aquí encuentra atractivo el tipo, quién sabe por qué.
¿Cómo no va a influir tal atmósfera en los niños? Las mojigangas de otoño, por ejemplo. La madre de Mencio habría puesto el grito en el cielo si hubiera visto lo pronto que aprenden a imitar a los mimos famosos. ¡Vamos, que no hay uno que no sepa remedar a Rohachi o a Eiki! Oyen cómo los alaban y esa misma noche los despabilados golfillos andan tras sus pasos haciendo la ronda de las casas. Así empiezan con siete u ocho, ¡y para cuando tienen quince...! Miren a éste, que vuelve a la tarde de los baños con la toalla al hombro, graznando groseramente con la boca torcida la última coplilla. En la escuela la clase de música desemboca al primer descuido en las cadencias del barrio. Las tonadas de las geishas animan los encuentros deportivos, ¡sobran los hurras de la escuela! No se puede más que simpatizar con sus profesores de la Ikueisha aquí cerca. Será una escuelilla abarrotada —de hecho es particular—, pero hay hasta un millar de estudiantes y los profesores que triunfan aquí pronto son famosos. Aquí decir escuela es decir la Ikueisha.
Escúchenlos a la salida de clase: «Tu padre no pasa una en la casa de té junto al puente ¿no?», le gritan al hijo del bombero. La sabiduría de la calle; los niños están al tanto de lo que se cuece en el arrabal. Trepan por las cercas de los jardines, imitando a los bomberos: «¡Oye, que has quebrao los pinchos pa que no entren los ladrones!». El hijo de un tinterillo de poca monta inicia el hostigamiento: «Tu viejo es un mulo del burdel ése, ¿no? ¡Di!». El acusado se pone como un tomate. El pobrecillo moriría antes que reconocer que su padre cobra las facturas de cierto burdel. Y luego están los consentidos hijos de los peces gordos del arrabal, que crecen apartados del lugar, para poder pasar por bien nacidos. Lucen gorra de secundaria a la última con aire desenfadado y llevan la indumentaria europea con mucho caché. Divierte ver a los otros hacerles la pelota: «¡Señorito! ¡señorito!», llaman, cuando mejor dirían niñato malcriado.
Entre los muchos escolares de la Ikueisha está Nobuyuki del templo Ryūge. A su debido tiempo la tonsura segará su apretado pelo negro y endosará el hábito de sacerdote. Bien podría haberlo decidido él, pero también puede ser que se haya resignado a su suerte. Su padre era clérigo y, siguiendo sus pasos, Nobu es ya un erudito. Chico callado por naturaleza, sus compañeros lo consideran un muermo y se meten con él. «Mira, esto es lo tuyo: ¡un parroquiano! —gritan izando un gato muerto en un palo— ¡Adminístrale los últimos sacramentos!» Pero todo eso pasó, ya nadie se burla de él, ni por error. Tiene quince años, estatura media y el oscuro cabello cortado a cepillo al modo escolar; con todo tiene un aire que lo distingue de los demás. Aunque todavía lleva el ordinario nombre de Fujimoto Nobuyuki, ya hay algo en su porte que hace barruntar al eclesiástico.
Higuchi Ichiyō
Press photo for Growing Up Twice (Takekurabe, たけくらべ), 1955, directed by Heinosuke Gosho (五所平之助) and starring Hibari Misora (美空ひばり)